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MIS COMPAÑEROS y yo sí sabemos por qué salimos a protestar. Estamos en contra de la nueva ley de transferencias porque les va a quitar recursos a la educación, a la vivienda y a la salud, para dárselos a la guerra y a los 'paras' desmovilizados", le dijo a CAMBIO con voz firme un alumno del Colegio Santa Librada de Bogotá la semana pasada.
"Yo organicé a la gente para la marcha. Hace dos semanas fuimos nosotros quienes nos tomamos el colegio. Creemos que Uribe nos traicionó pues a pesar de haberse comprometido la semana pasada a revisar el proyecto de reforma a las transferencias, lo aprobó sin mirarlo. Vamos a seguir marchando hasta que el Gobierno nos escuche", sostuvo a su vez un alumno del Colegio Brasilia.
Y aunque el Congreso acabó aprobando la reforma constitucional que fue el motivo central de las marchas que tuvieron lugar en diversas ciudades del país, dos hechos centrales sorprendieron a los observadores. El primero, la masiva presencia en las calles de jóvenes de todos los estratos y las más diversas edades. El segundo, el discurso político de los manifestantes que sorprendió a quienes creían que la apatía es la norma entre las nuevas generaciones. Álvaro Camacho, profesor de la cátedra de Movimientos Sociales de la Universidad de Los Andes, fue claro en su diagnóstico. "No se puede subestimar a los jóvenes".
Desde siempre
Así como se ha vuelto lugar común decir que Colombia es una de las democracias más estables de América, se ha generalizado la creencia de que los movimientos sociales, y entre ellos el movimiento estudiantil, no han tenido desarrollos tan significativos como en otros países de América Latina.
No obstante, el país no ha sido ajeno a manifestaciones estudiantiles a lo largo de su historia. Si en las últimas semanas miles de alumnos de colegios y universidades públicas participaron activamente en marchas, ya en los primeros años del siglo XX, en 1909, los estudiantes salieron a protestar contra el presidente Rafael Reyes que se había proclamado dictador. Las manifestaciones derivaron en disturbios, fue declarado el estado de sitio y algunos dirigentes jóvenes terminaron en la cárcel.