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Dentro de este 70% están los innumerables padres de familia que han expresado su preocupación y que en los días de las protestas pidieron la intervención de las autoridades para sacar a sus hijos de las manifestaciones en las que gritaban arengas contra el Gobierno y portaban carteles de sus colegios y de organizaciones sindicales con consignas contra la privatización de la educación. "Es el colmo que los profesores obliguen a los niños a meterse en sus protestas y les exijan no decir nada en la casa", le dijo a CAMBIO una madre de de familia.
"Protestar cuando se es menor de edad y coaccionado por profesores o compañeros mayores es una práctica que ronda con lo ilegal -asegura Carlos Ballesteros, presidente de la Asociación Nacional de Padres de Familia-. Más del 50% de los niños que participaron en las marchas de mayo lo hicieron presionados por sus profesores y con amenazas como quedarse sin clases o sin notas, y por lo menos el 30% de los colegios públicos de Bogotá y otras ciudades recibieron la visita de grupos de activistas universitarios".
La Secretaría de Educación de Bogotá admite que muchos menores marcharon coaccionados por compañeros y maestros. "Hay estudiantes que no entendemos cómo terminaron participando en las marchas, son muy pequeños -dice Cajiao-. Suponemos que los maestros consideraron válido invitarlos a participar también a ellos".
¿Hasta dónde?
La agitación estudiantil que vive por estos días el país permite preguntar: ¿Qué tan lejos podría llegar este movimiento? "No es posible pronosticar nada -asegura el profesor Camacho-. Se necesita que los estudiantes, con toda la información, se sienten a analizar con juicio los problemas que los aquejan. No pueden moverse sólo con consignas".
Estudiantes como Jorge Jaime y Cristina Castro le ven un futuro más allá de la coyuntura. "Las protestas tienen un alto contenido propositivo -dice Castro-. Las manifestaciones en la calle han venido acompañadas de espacios de discusión sobre el Plan Nacional de Desarrollo y el recorte a las transferencias". Y Jaime agrega: "Como el sistema no permite el debate tenemos que protestar, pero sin duda estamos llegando más lejos que una simple marcha: los jóvenes estamos pensando y estamos haciendo".