Con la llegada esta semana de Paula Moreno al gabinete, Colombia disminuye la inmensa deuda que tiene con su minoría étnica más importante.
PAULA MARCELA MORENO ZAPATA, una ingeniera industrial bogotana de 28 años, supo a finales del mes de marzo que estaba candidatizada para ejercer un alto cargo en el gobierno del presidente Álvaro Uribe. Amigos cercanos la habían alertado sobre la posibilidad de que fuera nombrada en la Dirección del Ministerio de Cultura en reemplazo de Elvira Cuervo de Jaramillo, quien le había hecho saber al Presidente que, por cuenta del agotamiento y la falta de atención a su familia, iba a renunciar a la cartera: "Me comprometo con sacar adelante el IV Congreso de la Lengua y me voy", le dijo.
Desde hace rato Uribe venía madurando la idea de nombrar funcionarios de raza negra en cargos representativos y el anuncio de Cuervo le ofreció la oportunidad que esperaba. Tan determinado estaba que la ministra saliente se enteró, mucho antes de la presentación de su renuncia, de que el Presidente ya tenía el nombre de su reemplazo. Por su parte, semanas antes de que saliera el decreto, Paula Moreno comenzó a visitar a personas cercanas al mundo de la cultura para intercambiar ideas sobre el tema.
¿Por qué el presidente Uribe insistía en la pronta presencia de un afrodescendiente en su gobierno? Quienes saben del tema afirman que las razones fueron varias, pero que hubo un factor determinante. Según fuentes de Washington, el nombramiento de un ministro de color constituye un claro mensaje del Presidente colombiano al llamado "Black Caucus" del Congreso de Estados Unidos, compuesto por 42 parlamentarios que pueden tener un papel crucial en la suerte del Tratado de Libre Comercio (TLC) y del Plan Colombia. "Varias veces el representante demócrata Charles Rangel, le había insinuado no sólo a la embajadora Carolina Barco, sino a sus predecesores, Andrés Pastrana y Luis Alberto Moreno, la importancia de que en el alto gobierno colombiano hubiera personas de raza negra", dijo un conocedor del tema.
Tal idea sería reforzada con el anunciado nombramiento de Andrés Palacio, un destacado economista de la Universidad Externado, como Viceministro de la cartera de Protección Social. Pocos días después, en su visita a Washington en la primera semana de mayo para defender el TLC, Uribe ordenó a sus asesores de manera enfática: "Necesito que Palacio esté aquí en menos de 24 horas". La urgencia de su llamado resaltó la importancia y lo que significaba mostrar ante la bancada demócrata un equipo "pluriétnico, multicultural".
Realidad matizada
¿Significa todo eso que el nombramiento de Paula Marcela Moreno no tiene importancia debido a las circunstancias en que se produjo? En absoluto. Aunque personas como María Isabel Mena, directora de la Cátedra Afrocolombiana de la Universidad Distrital del Valle, sostiene que "el nombramiento de la ministra Moreno es otra exigencia demócrata para firmar el TLC", otros piensan diferente.
Madeleine Alingué, coordinadora del Centro de Estudios Africanos de la Universidad Externado, ve lo ocurrido de manera positiva. "Este es un gran avance", dice. Por su parte, Luz Adriana Maya, doctora en Historia y profesora de la Universidad de los Andes afirma que "el nombramiento de la nueva Ministra es un acontecimiento histórico para el país pluricultural. Es una gran oportunidad para que la comunidad afrodescendiente logre la reivindicación de sus procesos, haciéndose visible internacionalmente".
Ese es precisamente el tema de fondo. Según el Dane en el censo del año 2005 4.261.996 personas se reconocieron como afrocolombianos, cifra equivalente al 10,5 % de la población total, aunque hay quienes sostienen que el número de personas de raza negra es cercano a los 10 millones. El censo afirma además que 95% de los municipios tienen población negra, aunque está concentrada en siete departamentos del Caribe (28%) y cuatro del Pacífico (44%). Así mismo, 72% de los afrocolombianos están ubicados en cabeceras municipales, siendo la población más alta la de Cali (542.936), seguida por Cartagena (319.376) y Buenaventura (271.227).
Pero más allá del debate sobre la cifra exacta, pocos ponen en duda que, junto a la población indígena, la de origen africano está en la parte más baja de la pirámide de riqueza. Por ejemplo, según el Dane, mientras la esperanza de vida al nacer es de 70,3 años en el país, en el caso de las comunidades negras es de 64,6 años. La mortalidad infantil, que tiene un promedio nacional de 26,9 por cada 1.000 nacidos, es 48,1 entre los afrocolombianos. Y mientras 7% de los colombianos alcanzan un nivel de educación profesional, en la minoría este indicador llega apenas a 4%.
Siempre abajo
¿Por qué esta situación? Para Madeleine Alingué, del Externado, "el país es una mezcla de varias culturas donde la mayoritaria, que no es afrodescendiente, es la que ocupa el mejor y mayor espacio en todos los campos. El gran número de afrocolombianos pobres en Colombia obedece al esquema racista que desde la colonización se vio reflejada en la pirámide de poder: blancos arriba, negros abajo. Esta distribución también se hizo en la economía dejando a los afrocolombianos en la franja más baja".
Es un hecho que para los estudiosos del tema, la situación de la minoría es sencillamente dramática. "El 30% de los desplazados en Colombia son afrocolombianos que han tenido que abandonar sus terrenos", le dijo a CAMBIO Rafael Díaz, Director de la Maestría en Historia de la Universidad Javeriana. Para María Isabel Mena García, de la Universidad Distrital del Valle, "muy a pesar de la igualdad por legislación, la continuidad histórica no ha permitido que las condiciones de vida y educación mejoren para los afrodescendientes. Pareciera que 350 años no hubieran transcurrido". El pastor Elias Murillo Martínez, en su ensayo Cuotas políticas para grupos étnicos en Colombia, escribió: "En lugar de adoptar medidas de reparación y compensación a favor de la población que por tantos siglos había sido esclavizada, la Ley se ocupó de indemnizar al esclavista, consolidando con ello las bases para perpetuar la inequidad".
Alexis Pinilla, docente de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica de Bogotá, analiza el tema bajo otro ángulo: "Tan bacano que bailan, pero aléjenlos que huelen feo. Es un problema de la estructura de la exclusión a lo diferente -explicó a CAMBIO-.
Aquí lo negro y lo indígena se folclorizó y se volvió pieza de museo. Tenemos que desmontar ese ideal paleolítico".
Normas avanzadas
Dicho lo anterior Colombia es un país atípico en términos de legislación para las comunidades afrodescendientes. No sólo la Constitución de 1991 le garantizó a las minorías derechos que no tenían sino que en 1993 el Congreso aprobó la Ley 70 que, en palabras de Jaime Arocha, director del departamento de Antropología y Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional, logró "darle visibilidad a una gente que era invisible, logró darle derechos y deberes ambientales, logró para ellos la autonomía política y logró que personas que no tenían derechos territoriales los adquirieran. Gracias a la Ley 70 hubo una revolución territorial, sin un sólo tiro, con la que se titularon más de cinco millones de hectáreas apelando a mecanismos legales legítimos. Es un hecho que debería conmover a cualquiera en cualquier parte del mundo".
Por otra parte, y aunque las cifras todavía están en proceso de afinación, el Gobierno afirma que la población afrocolombiana es hoy menos marginada que antes. "Tanto la pobreza como la pobreza extrema se redujeron de manera sensible en los últimos cinco años y eso benefició particularmente a las comunidades negras", sostiene Oswaldo Porras de Planeación Nacional. Por otra parte, el Plan de Desarrollo tiene un largo capítulo dedicado al tema y existen una serie de inversiones y programas concentrados en zonas como la Costa Pacífica.
Todo esto, por supuesto, no garantiza el éxito. Un tema que ha preocupado a los estudiosos es la persistencia del fenómeno de la corrupción en departamentos como el Chocó o en ciudades como Buenaventura, en donde abundan la pobreza y la desesperanza. Sin embargo, ni el robo de recursos públicos ni el atraso son patrimonio exclusivo de los afrocolombianos. Tal como dijo un parlamentario liberal hace unos días "en la corrupción influye más el color del dinero que el de la piel".
Un elemento nuevo ha llamado también la atención de los académicos. A raíz del desplazamiento que afectó a más de dos millones de colombianos en la última década, volúmenes importantes de población negra llegaron a las zonas urbanas, incluyendo las grandes capitales. Ciudades como Bogotá empezaron a contar entre sus habitantes a los afrocolombianos, muchos de los cuales accedieron a servicios de educación, salud y trabajo que no tenían en sus lugares de origen. Es precisamente el tema de la educación el que genera la mayor esperanza, pues casos como el de Paula Moreno demuestran que hay profesionales jóvenes, preparados y cosmopolitas que pueden abrirse campo en el mundo, con la dosis adecuada de ambición y suerte.
Y aunque la nueva Ministra de Cultura proviene de un hogar de clase media y recibió un empujón anónimo de los demócratas afroamericanos por cuenta de la discusión del TLC, son pocos quienes dudan que tenga la capacidad para desempeñarse bien en el gabinete. Pero Paula Moreno sabe que su desafío es todavía mayor. Tal como ella lo reconoce, representa "a un grupo poblacional que requiere verse en las diferentes instancias de decisión del país" (ver entrevista).
"Va a tener un efecto demostración muy importante. Muchos jóvenes negros saben ahora que se pueden destacar como músicos o futbolistas, pero también como académicos y funcionarios de alto nivel", anota Geiler Romaña, Director de la asociación Afrodes. "Y si la Ministra llegó al cargo por la presión de los gringos, eso dejará de ser importante dentro de muy poco. Lo importante, es que lo haga bien", concluye.
PAULA MARCELA MORENO
Ministra de Cultura
Con raíces en Santander de Quilichao, Cauca, Paula Marcela Moreno Zapata nació en Bogotá el 11 de noviembre de 1978. Llegó al servicio público como asesora de la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior, luego de desempeñarse como asistente de investigación en la Universidad de Cambridge. Antes de aceptar el cargo de Ministra se desempeñaba como docente de la Universidad Autónoma de Colombia. Es diplomada en Lengua y Cultura Italiana del Istituto Italiano di Cultura. Habla inglés, italiano y francés.
CAMBIO: ¿Qué significa la responsabilidad de representar una minoría?
Paula Marcela Moreno: Trabajar muy duro para saber que lo debo hacer muy bien y, ante todo, representar a un grupo poblacional que requiere verse en las diferentes instancias de decisión del país.
La comunidad afrocolombiana tiene el más alto índice de pobreza en Colombia. ¿A qué se debe esto?
Existen elementos muy complejos como la falta de autoestima, producto de del hecho de que la contribución de la población afrocolombiana no ha sido visible en el desarrollo del país. Por eso hay que generar una serie de medidas de acción afirmativa que permitan reducir la brecha que existe en relación con otros grupos poblacionales.
¿A que se debe que en Chocó existan los más altos índices de corrupción, con niveles ya históricos?
He escrito sobre el tema con una mirada académica. Una conclusión esencial es que allí no hay generación de empresa y la única fuente de trabajo es el Estado. Eso ha dado origen a ambiciones desmedidas que, aunque injustificables, explican el fenómeno. En esas condiciones, se diluyen los principios éticos. El problema, sin embargo, no es exclusivo de Chocó y se presenta en otras regiones donde no predominan los afrodescendientes.
¿Cómo calificaría usted, de uno a 10 la situación de las comunidades afrodescendientes?
Entre tres y cuatro, lo que significa que hay muchas tareas pendientes.
A futuro ¿qué debería haber cambiado en el panorama de la negritud?
Educación, cultura e integridad deberán ser las herramientas básicas para cerrar las brechas que hoy están abiertas. Dentro de 50 años tendremos que haber sido capaces de crear empresas en los municipios, como fuentes de generación de empleo y de ingresos formales y sostenibles.
¿Desde la Constitución de 1991, en qué se ha avanzado en el tema afrocolombiano?
Uno de los logros más importantes ha sido la aprobación de la Ley 70, convertida en modelo para muchos países porque otorga unos derechos territoriales a unas poblaciones y reconoce, además, todo su acervo cultural. Hay medidas de acción afirmativa como la creación del un fondo de becas en el Icetex. Antes de la Carta del 91 carecíamos de un marco legislativo que respaldara los derechos de las minorías étnicas, incluidos los grupos indígenas.
¿Persiste el racismo en Colombia?
Creo que sí. Aunque sin generalizar, considero que existen prejuicios sociales que impiden que la diversidad se haga evidente de manera natural.
¿Usted ha sentido discriminación en este país?
Yo he sido afortunada aquí y en otros países en los que he vivido: Italia, Inglaterra y Suiza. Mis papás me enseñaron que yo no debía preguntarle a la gente si me aceptaba o no y que si alguien me rechazaba ese alguien no valía la pena.
Sobre su nombramiento han corrido ríos de tinta. Hay quienes dicen que ha sido producto de la presión de los demócratas de Estados Unidos. ¿Usted qué piensa ?
Existe una tendencia global hacia la diversidad, que ha correspondido a la diáspora africana. Por supuesto esa tendencia no ha sido generada sólo por los afroamericanos, los afrocentroamericanos o los afroingleses. En Francia, por ejemplo, han emergido con fuerza movimientos sociales muy similares a los de género. Colombia no se ha sustraído a ello.
LOS MÁS INFLUYENTES
LUIS AMARANTO PEREA
Futbolista
En enero cumplió 28 años y ya pasaron 10 desde que se las rebuscaba como paletero en Medellín. Quién se iba imaginar que el moreno, figura en Italia y Cristal Caldas, los equipos de su natal Turbo, llegaría al Atlético de Madrid para cumplir el sueño de jugar en Europa. Debutó en el Medellín en 2000, allí fue campeón dos años después. Su excelente actuación en la Copa Libertadores lo llevó al Boca Juniors y de ahí saltó al Atlético de Madrid. Es pieza clave en la Selección Colombia.
LUIS ALBERTO MOORE
Policía
El 7 de diciembre de 2006, el presidente Álvaro Uribe le dio el visto bueno al grado de brigadier general y así se convirtió en el primer colombiano de raza negra en semejante cargo. Moore fue elegido en 1981 entre los primeros oficiales que hicieron parte del cuerpo de pilotos de helicópteros de la Institución. En los últimos años se desempeñó como subcomandante de la Policía en Cundinamarca, Antioquia y Bogotá y fue agregado de Policía en Londres. Como general asumió el comando de la Policía Metropolitana de Cali y en los últimos días fue nombrado como comandante de Policía de Carreteras, después de la salida de 12 generales de dicha institución.
JOE ARROYO
Músico
Es el músico tropical vivo más importante del país. Nació en Cartagena hace 52 años y, ya a los ocho, se convirtió en cantante del coro de su colegio. En su adolescencia anduvo cantando por Sincelejo y Barranquilla, hasta cuando a sus 18 años fue llamado a convertirse en la voz líder de la agrupación Fruko y sus tesos. Después de una década de éxitos formó su propia banda a la que denominó Joe Arroyo y la Verdad, orquesta con la que alcanzó la fama mundial. Sus canciones Tania, Tumbatecho, Mary, A mi Dios todo le debo, La noche, entre otras, son himnos de la música caribe. Pero fue con su canción Rebelión que alcanzó el rótulo de símbolo de las negritudes.
ALICIA LEDESMA
Abogada
Como dirían los cronistas deportivos, ella se encuentra "a préstamo" en la Fiscalía. Abogada de doctrina, códigos e incisos, esta mujer, natural de Guacarí, Valle del Cauca, salió transitoriamente de un Juzgado Penal Municipal de Cali para irse en comisión como Directora Nacional de Fiscalías. Sólo Mario Iguarán pudo convencerla de que saliera de Cali en busca de horizontes más amplios. Hoy es la jefe de todos los fiscales del país y dirige a los 4.000 funcionarios que integran lel organismo. Pone el alma en los detalles e invierte varias horas del día hablando con fiscales de las regiones más remotas a quienes pide cuentas y orienta en la toma de decisiones cuando los ve "atascados".
PIEDAD CÓRDOBA RUIZ
Congresista
Es una de las más férreas opositoras del presidente Álvaro Uribe. Se caracteriza por hablar de frente, incluso contra los directivos de su partido. Esta abogada, nacida en Medellín hace 52 años, fue secuestrada por Carlos Castaño cuando era el jefe máximo de las autodefensas, quien, según confesó luego el jefe paramilitar, echó atrás la orden de muerte porque lo impactó la forma vehemente como Córdoba le grito "criminal, asesino y genocida". Córdoba llegó en 1992 a la Cámara y en 1996 pasó al Senado, en donde ha sido defensora de los derechos de las minorías. Su particular estilo no permite términos medios: o la aman, o la odian.
REPRESENTANTE EN PROBLEMAS
En medio de las figuras que hoy representan a las comunidades negras en el Gobierno, existen otros personajes de esta etnia que llegan a altas responsabilidades públicas arrastrando el peso de problemas penales. Es el caso del representante a la Cámara por la circunscripción especial de negritudes, Silfredo Morales Altamar, quien como Alcalde del municipio de María la Baja, Bolívar, en el período 2000-2003, dejó una estela de irregularidades que son investigadas por la Justicia.
El 19 de mayo pasado, la Fiscalía seccional de Bolívar compulsó copias a la Corte Suprema de Justicia de la investigación radicada bajo el número 136810 por peculado por apropiación, porque al parecer Morales pagó una millonaria suma por la construcción de una cancha deportiva en María la Baja, que jamás fue terminada.
Morales enfrenta cuatro procesos más por contratación sin el lleno de requisitos, peculado por apropiación e interés indebido en la celebración de contratos.
En comunicación con CAMBIO el congresista aseguró no tener claridad sobre los procesos que el ente acusador lleva en su contra, y dijo que la Corte no tendrá argumentos para procesarlo, pues está seguro de que no cometió irregularidades en su gestión como alcalde. "Todo se trata de una persecución política ¿dijo Morales¿. Lo único que sé es que no soy ningún corrupto".
EN CIFRAS
Según el último censo hecho por el Dane, el número de afrocolombianos asciende a 4.261.996 y corresponde al 10,5% del total de habitantes.
El nivel de alfabetismo en la población afrodescendiente es de 86%. Sólo el 33% ha cursado cinco años o más de escuela y apenas el 4% alcanza el grado de profesional.
La mortalidad infantil es de 44,1 por cada 1.000 nacidos. Sólo en Chocó, el promedio es de 77,5%.
13,6% es el promedio de trabajadores afrocolombianos entre los 15 y los 17 años. El 2,6% de los menores de nueve años también trabajan, así como el 4,9% de los menores de 14 y el 3,3% de los menores de 11.