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A comienzos del mes de mayo, el senador cordobés Miguel Alfonso de la Espriella llamó a la Casa de Nariño y pidió entrevistarse con el presidente Álvaro Uribe con carácter urgente. En la cita, que tuvo lugar poco después, el político explicó que era portador de un mensaje de uno de los jefes paramilitares recluidos en la cárcel de Itagüí.
Palabras más, palabras menos, De la Espriella le dijo al Presidente que Salvatore Mancuso estaba muy molesto por lo que, según él, eran los continuos incumplimientos del Gobierno y por el abandono de quienes habían sido aliados de las autodefensas, que ahora no sólo los desconocían en público sino que los acusaban de haberlos obligado a firmar acuerdos a punta de pistola. Por estas y otras razones, continuó el político, Mancuso quería hacer saber que estaba preparado para contarle al país la verdad sobre las relaciones de empresarios, políticos, militares y multinacionales que apoyaron sus actividades. En medio de la conversación, el congresista dejó ver que las revelaciones podrían salpicar de alguna manera al propio Gobierno.
La insinuación del Senador fue interpretada como una velada forma de chantaje que fue contestada con un inusual comunicado expedido el miércoles pasado y que apareció de repente en la página web de la Presidencia de la República. En éste se revelaba que durante una reunión entre el entonces candidato Uribe y de la Espriella en el año 2001, el hoy Presidente había rechazado una propuesta que Mancuso le hiciera a través de un ganadero para reunirse con él. Pocos entendieron por qué la Casa de Nariño se refería a un episodio de hace seis años, pero CAMBIO pudo establecer que era un mensaje del Presidente a los paramilitares en el sentido de que no tenía nada qué ocultar.
Lo ocurrido es sólo uno de los episodios que han hecho evidente que la cárcel de Itagüí está convertida en una olla a presión. Tanto, que en la prisión de máxima seguridad hay un grupo decidido a contar la verdad, por dura que sea. Así, por lo menos, lo manifestó Salvatore Mancuso en dos entrevistas que tuvo con las columnistas de El Tiempo, Salud Hernández y Natalia Springer, algunos de cuyos apartes fueron conocidos la semana pasada. No obstante, el plato fuerte será servido este martes cuando el líder paramilitar vuelva a rendir versión libre ante la Fiscalía, en la cual ha prometido no dejar títere con cabeza.
Ese estado de ánimo quedó reflejado el lunes 7 de mayo durante una reunión de seis horas que Salud Hernández sostuvo con Mancuso, Jorge 40 y El Alemán en la oficina del director de la cárcel de Itagüí. En un artículo que publicó el viernes 11 en el diario El Mundo de Madrid, la corresponsal escribió que ellos "no ocultan su enfado con un Gobierno que 'incumplió los compromisos adquiridos' hasta el extremo de asegurar que prefieren que los extraditen a Estados Unidos por tratarse de 'un país serio, con una Justicia que cumple lo que firma y cierra los procesos'. Uno de los temas que causa más escozor tiene que ver con el centro de reclusión, que según lo prometido no tendría rejas y acabó siendo un lugar inexpugnable y con pocas comodidades.