El ministro de Hacienda habla sobre la marcha de la economía y las dificultades que ha encontrado, particularmente en el tema cambiario.
Lleva apenas unas pocas semanas en el Ministerio y la realidad se encargó de demostrarle que en materia económica las lunas de miel duran poco. Temas como el rebrote inflacionario ocurrido en el primer trimestre o la descolgada del dólar a niveles impensables hace un corto tiempo, han ocupado la atención del ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga. A lo anterior hay que agregar una agenda legislativa compleja que incluye la reforma constitucional al régimen de transferencias y que sorteó un nuevo escollo el miércoles pasado. En medio del corre-corre típico de su cartera, el funcionario le concedió a CAMBIO una entrevista.
CAMBIO: ¿Cómo va la economía?
Óscar Iván Zuluaga: La economía va muy bien. El crecimiento sigue siendo sólido y sostenido, pues se prevé que para este año no sea inferior al 5%. Además, los flujos de inversión siguen fuertes, la dinámica de inversión es favorable y el consumo sigue aumentando. Yo creo que la economía colombiana va en el camino y la dirección correctas.
Si buena parte de las cifras son positivas, ¿por qué a veces se detecta tanto ruido en el devenir de la noticia diaria o semanal?
Porque hay dificultades. Nosotros veníamos de tener un crecimiento económico con control de inflación, sin presión en tasas de interés, y con un mercado cambiario más tranquilo. ¿Hoy qué tenemos? Crecimiento económico, pero han aparecido expectativas de inflación más altas, ya que el comportamiento del primer trimestre fue muy difícil, creando problemas de tasas de interés, y un proceso de apreciación del peso mucho más acelerado. Todo esto genera las dificultades del día a día.
¿Cómo ve al sector empresarial colombiano?
Bien. Hay mayores utilidades, la rentabilidad sobre los activos ha aumentado y hay más inversión como lo comprueban las importaciones de bienes de capital. El presidente Uribe siempre ha dicho que lo que tenemos que garantizar es que haya un flujo de inversión creciente porque eso es lo que ha sustentando nuestro crecimiento económico. Es cierto que en el camino pueden ocurrir dificultades como las que estamos viendo, pero es ahí en donde debe haber una muy buena coordinación entre el Gobierno y el Banco de la República para un buen manejo de los instrumentos de política.
Las cifras del año pasado de inversión fueron muy buenas. ¿Qué se necesita para mantenerlas?
Yo creo que la base de esto ha sido la confianza en el país: hay credibilidad en el Gobierno, hay credibilidad en la política. Colombia tiene la tradición de ser un país serio que cumple sus compromisos y eso se refuerza con una política que es exitosa. Hay confianza, hay optimismo, hay respuesta y el sector privado lo ha evidenciado con el crecimiento sin antecedentes de la inversión.
¿Cómo influye el dólar barato en esta ecuación?
El dólar barato tiene una cara, y es que hoy los inversionistas del país ven a Colombia como un país para comprar activos, lo cual hace que haya un flujo muy importante de inversión extranjera que crea unas condiciones que no se pueden ignorar, con las consecuencias conocidas. Si uno mira los flujos del primer trimestre del año, encuentra que la gran entrada de recursos está centrada en la inversión extranjera, que es creciente y que obedece a una realidad, ya sea de personas o entidades con deseos de asumir posiciones propias en activos nacionales.
¿Ha habido movimientos especulativos?
Hay que diferenciar lo que son inversiones de portafolio de fondos de capital extranjeros previamente registrados y otras que pueden ser inversiones de muy corto plazo que pueden llegar, estar una semana, hacer una utilidad y salir. Lo que en principio muestran las cifras del primer trimestre es que no ha habido esa presencia. No obstante, ese es un tema que hay que monitorear, en el que estamos trabajando permanentemente a pesar de dificultad para identificar esos flujos en el mercado cambiario.
¿Qué le dicen los empresarios sobre la tasa de cambio?
Hay sectores que han salido golpeados. Tenemos casos como el de los floricultores o los bananeros, que son actividades donde el 50% ó el 60% de sus costos son de mano de obra y enfrentan una serie de rigideces e inflexibilidades. Eso preocupa al Gobierno, razón por la cual ha habido apoyo a través de varios instrumentos como el del crédito. El propósito que tenemos es impulsar procesos de reconversión mayores que les permitan a esos sectores ganar más espacio bajo el escenario de una moneda mucho más fuerte y tratar de minimizar el impacto en términos de empleo.
El Presidente de la Andi habló sobre la presencia de lavado de activos en los ingresos por remesas...
Le he hecho la pregunta varias veces al Banco de República y este sostiene que no hay indicios fuertes que le permitan a uno concluir que a través de las remesas se esté dando una operación de lavado. Pero ante las voces que en las últimas semanas han planteado este tema, me parece que hay que entrar a revisarlo y nuevamente definir si hay procedimientos para evitar posibles filtraciones.
¿Considera usted que el sector privado colombiano es saludable?
Así es y el entusiasmo es evidente. Hay empresas que siendo exportadoras han hecho procesos de reconversión y también están creciendo gracias a la mayor inversión. Pienso que en todo esto tiene que ver que el Gobierno ha reducido las tasas efectivas de tributación y ha hecho esfuerzos importantes para mejorar la competitividad de los sectores. En un plano más general hemos hecho un trabajo muy grande consistente en crear las condiciones para que se reduzcan las tasas de interés y que haya opciones de financiamiento baratas y competitivas para el sector privado.
¿Qué falta?
Creo que nos falta profundizar una tarea y es en el tema de infraestructura. Es necesario hacer mucho más para mejorarle la competitividad al sector privado y eso, obviamente, permitiría que fuera menos vulnerable a procesos de reevaluación, en la medida en que sea posible compensarlos con disminución de costos en otras variables. Esa es la tarea que tenemos que hacer, que nos toca emprender, reconociendo que parte de este proceso de apreciación es porque la economía colombiana va bien.
¿Qué nubarrones ve usted en el horizonte?
Uno siempre piensa que el país debe prepararse para choques externos, o caídas de ciclo. Obviamente un mejoramiento sostenido en el mediano plazo debería significar menor vulnerabilidad. Por lo tanto hay que seguir en la tarea de reducir el déficit fiscal, no solo el del Gobierno Nacional Central sino el consolidado, algo en lo cual hemos avanzado mucho pero en donde todavía tenemos una tarea por hacer. Creo que hoy el país está mejor preparado en materia de deuda pública para enfrentar dificultades de choques externos.
¿Hay otras debilidades?
A uno le preocupa que todavía tenemos que diversificar mucho más las exportaciones y los mercados, que nuestra canasta exportadora sigue muy concentrada en lo que pueda pasar obviamente con Estados Unidos, Venezuela o Ecuador. Esas son razones por las que el país debe ampliar la gama de productos y la de países a los que llega para cada día ser menos vulnerable. Hay que analizar, por ejemplo, las dificultades del banano que debe pagar un arancel alto para ingresar a la Unión Europea, lo cual está significando un sobrecosto para los productores de ese sector que tienen pocas opciones al tener sus ventas concentradas en un área geográfica específica. Por eso insisto en que hay unas estrategias a mediano y largo plazo que el país tiene que enfrentar, las cuales incluyen diversificar su canasta exportadora, ampliar el número de mercados y expandir sustancialmente la base productiva. Todo esto con el claro objetivo de tener resultados mucho más efectivos en términos de disminución de desempleo.
¿Cómo ve al país en cinco años?
Veo a Colombia con un crecimiento económico consolidado, con una posición y un crecimiento muy importante en su coeficiente de apertura, un flujo de comercio exterior mucho más amplio, así como a un sector productivo mucho más preparado para competir, con procesos de reconversión más sólidos. También veo un país con más equidad social, con cobertura universal en educación y salud, con un mejoramiento sustancial en sus condiciones de saneamiento básico en especial al agua potable, y un nivel de pobreza cercano al 35%, lo que significaría un avance muy significativo. Todo lo anterior junto a unas regiones mucho más consolidadas en su estructura financiera y con una mayor capacidad de inversión. Finalmente veo una nación con un avance sustancial en materia de infraestructura.