La inversión en investigación y desarrollo ha sido baja en Colombia, pero eso parece estar cambiando.
La más reciente clasificación, prendió las alarmas. Según el reporte Global sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación, Colombia ocupa el puesto 64 entre 122 países, desmejorando respecto al año pasado cuando ocupaba el 62 entre 115. Tal medición se basa en un indicador llamado Network Readiness Index, que contempla 67 variables con las que se miden los negocios en general, la regulación e infraestructura, la preparación de las personas, las empresas y el Gobierno para sacarle provecho a los nuevos avances y el uso que el país le da a las tecnologías de punta disponibles.
En algunos campos parece haber avances. "El país ha empezado a recoger los resultados de las investigaciones de los centros y universidades que contratan empresarios e industriales para contribuir al incremento productivo", asevera el director de Colciencias, Juan Francisco Miranda. "Estamos atrasados, porque en Colombia nos demoramos en formar doctores que se dedicaran a la investigación y que después desplegaran proyectos que generaran impactos y fueran utilizados en beneficio del desarrollo nacional. Hasta la década de los 80 se inició la formación doctoral, entonces solamente ahora podemos recoger los frutos de esas semillas", anota Miranda.
Colciencias apoya proyectos en las universidades y centros de investigación, los cuales han trascendido las fronteras y gozan de un reconocimiento internacional en áreas como el café, la caña de azúcar, las enfermedades infecciosas, el plástico y el caucho. Ese esfuerzo, sin embargo, va a tener un mayor impulso a partir de 2008, cuando el presupuesto de la entidad debería duplicarse hasta llegar a los 160.000 millones de pesos, según los compromisos anunciados por el Gobierno.
Ejemplos de lo hecho con el sector privado y su aplicación práctica, abundan. Es el caso de la Universidad de Antioquia que ha respaldado a la industria automotriz en el tema de la corrosión de vehículos, por ejemplo.
En materia de estímulos tributarios hay que destacar la Ley de Ciencia y Tecnología, que permite que las empresas que invierten recursos en investigación y desarrollo, obtengan un aliciente que consiste en un 25% de deducción en impuestos. "Muchas empresas -comenta Miranda- han avanzado en el proceso de obtener conocimiento y usarlo en su beneficio, lo que les ha permitido alcanzar competitividad".
Aparte de lo anterior, los conocedores sostienen que el país está embarcado en un acelerado proceso de renovación tecnológica, como lo comprueba no sólo la dinámica de la economía, sino también el ritmo de las importaciones de bienes de capital. Según el Dane, las importaciones en el primer bimestre del año crecieron 32% frente a igual período del año anterior con un aumento importante en bienes de capital como calderas y máquinas (49%).
En el Plan de Desarrollo que está siendo considerado por el Congreso, los temas de ciencia y tecnología, competitividad, innovación y desarrollo empresarial tienen un espacio importante. Ahora queda por esperar que los buenos propósitos oficiales, sumados a la renovada vitalidad del sector privado, se traduzcan en resultados concretos.