Gancho de izquierda

El presidente Uribe dijo en Miami que Colombia goza de paz paramilitar porque su Gobierno desmontó el paramilitarismo.

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Habían acabado de pasar las nueve y media de la noche del pasado jueves 19, cuando los canales de la televisión colombiana hicieron un alto en su programación para pasar el Himno Nacional. Segundos después, apareció en las pantallas el presidente Álvaro Uribe quien después de ofrecer disculpas a la audiencia dio inicio, no a una alocución como las tradicionales, sino a una entrevista en directo con periodistas de radio y televisión, y dos corresponsales de agencias internacionales -Reuters y AP-. "Me llamaron esta tarde a decirme que desde la oficina del ex vicepresidente Al Gore de Estados Unidos, habían informado que él no asistiría al foro porque no podía compartir con el presidente de Colombia después de los debates en contra de la familia Uribe Vélez y contra el Presidente", dijo. Se refería a un foro organizado por la revista Poder en Miami sobre temas ambientales al cual estaban invitadas un buen número de personalidades.

La noticia cayó como un baldado de agua fría. Fue la gota que derramó la copa y lo que explicaba por qué horas antes, durante una rueda de prensa, el mandatario prácticamente le quitó la palabra a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, de visita en Bogotá, y se fue lanza en ristre contra sus contradictores, a quienes  acusó de ser "políticos que quieren el triunfo guerrillero".

A Uribe le temblaba la voz y lucía descompuesto cuando anunció que emprendería una ofensiva en Colombia y el mundo para responder a las acusaciones. El Presidente estaba tenso. Y molesto. La noticia que el organizador del foro, Isaac Lee, le había comunicado por teléfono a eso de las 4:30 p.m., era una mala señal y, en cierta forma, le confirmaba que las preocupaciones de la Embajadora en Washington, Carolina Barco, que había hecho varias llamadas a Palacio el día anterior, no eran infundadas.

Cargado pa'tigre

Pero el malestar venía desde antes, pues el ambiente en la Casa de Nariño estaba enrarecido desde el miércoles en la mañana. No era para menos. El debate adelantado la noche anterior en el Congreso por el senador opositor Gustavo Petro había dejado un mal sabor.

No obstante que estaba anunciado, la defensa del Gobierno se había quedado corta para hacer frente a las denuncias de Petro. Mientras que los escuderos del Palacio de Nariño llevaron docenas de fólderes con papeles pues pensaron que el ataque iba a concentrarse contra la bancada uribista de origen antioqueño por sus supuestos vínculos con la parapolítica, el representante del Polo Democrático cambió de flanco. Hábilmente, usó en forma selectiva documentos clasificados y reportes de Inteligencia, investigaciones de la Fiscalía y hasta informes en poder de autoridades de Estados Unidos, para tratar de demostrar que algunas Convivir, impulsadas por Uribe cuando fue gobernador de Antioquia (1995-1997), terminaron en manos de paramilitares, y que el hermano del Presidente, Santiago Uribe, tenía o había tenido relaciones con narcotraficantes y paramilitares.

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