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Y en lo que tiene que ver con sus familiares y allegados en el departamento que lo vio nacer, Edgardo Maya insistió en que se ha abstenido de intervenir cuando las incompatibilidades son evidentes o ha respetado la independencia de los funcionarios a su cargo. "Mi defensa no es retórica. A esta Procuraduría la defienden los hechos y sus resultados saltan a la vista", dice.
Pero más allá de la validez de sus explicaciones, muchos consideran que la avalancha de hechos y sindicaciones han puesto al Procurador General de la Nación a la defensiva. Justa o injustamente, Maya Villazón proviene de una región asolada por la violencia y la corrupción, en la cual un buen número de sus familiares tiene cargos de postín. Por tal motivo es probable que sus actuaciones no sean medidas con la misma vara con la que sería medido un funcionario de otra región o perteneciente a otra familia.
Así las cosas, aunque es del Cesar, a Edgardo Maya se le aplica el precepto de la mujer del César: que no solo tiene que ser, sino parecer. Y a decir verdad, así el Procurador lo sea, hoy en día no lo parece. De tal manera que no resulta exagerado afirmar que más allá de lo realizado, el verdadero balance de la gestión del jefe del Ministerio Público empieza a escribirse con hechos y no con declaraciones, en los casi 21 meses que le quedan en un cargo que, como pocos, trae honores pero también exige muchas responsabilidades.