Mercado de almas

Foto: Joana Toro

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"¡ ES NECESARIO QUE nos prendas bajo el fuego de tu gracia. Es necesario, Dios mío, disfrutar ahora mismo de la presencia tuya, Padre, con una ovación mayor, sublime, poderosa, gloriosa...!", clama el pastor Enrique Gómez en tono dramático desde la tarima del gigantesco templo del Millón de Almas de la Iglesia Bethesda, en la Avenida Ciudad de Cali con carrera 12, en Bogotá.

Son las 4:50 p.m. de un domingo de marzo y mientras el pastor invoca la presencia de Dios, tres jóvenes convulsionan sobre el escenario. "En el nombre de Jesús, manda el fuego Jehová y avívanos con tu poder en esta hora, en este recinto -continúa el predicador-- Dios mío, llénalo de la gloria tuya. Dios del cielo, invádelo del poder del Espíritu Santo. Señor, satúralo, Dios mío, satúralo del Pentecostés de tu gloria".

En el templo hay cerca de 25.000 personas. La mayoría está de pie, los ojos cerrados, las manos en alto. Se oye un murmullo general, tal vez musitan oraciones. Algunos apoyan sus cabezas en las sillas, otros lloran. Todas están como en un estado de éxtasis. Los jóvenes en la tarima siguen convulsionando, el pastor Gómez continúa con las invocaciones: "¡Sí, Padre, derrama esa copa de gloria, derrama esa copa de bendiciones, derrama esa copa de gracia en el nombre de Jesús de Nazaret!".

El espectáculo que presencia CAMBIO no es excepcional. Es sólo una ceremonia, un rito más de los que celebra todos los días este conocido pastor cristiano que pertenece al movimiento Colombia Viva, miembro de la coalición de Gobierno, y que cuenta con medio millón de seguidores que lo consideran "El elegido". Pero Gómez no es el único al que sus fieles consideran "elegido". Como él hay muchos en Colombia y el mundo que han logrado captar millones de adeptos con mensajes y ofertas de salvación.

¿Cómo explicar esa popularidad? Según Peter Berger, teólogo y sociólogo estadounidense, coautor con Thomas Luckmannn del libro La construcción social de realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), en sociedades cada vez más laicas y plurales, y ante la creciente pérdida de relevancia de la religión tradicional y sus pretensiones de verdad absoluta, la gente busca sentidos de vida y de experiencia personal, y  distintas formas de asociación y participación, que es lo que no han encontrado en la iglesia tradicional y que de alguna forma encuentran en estas sectas e iglesias.

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