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A casi cuatro semanas de haber empezado el curso, el trío de afganos parece estar habituado a las inclemencias del clima y al rigor del entrenamiento, pero lo que han vivido hasta ahora es un jardín de rosas en comparación con lo que les espera. El primer mes ha sido de acoplamiento físico y de instrucción académica, pero a partir del tercer mes el programa exige una resistencia a toda prueba. "El curso toma 17 semanas pero la exigencia va en aumento y los últimos dos meses son los más difíciles, tanto que el promedio normal de deserción en esa etapa supera el 40% -explica el teniente Talero-. Vamos a ver cómo se comportan los comandos afganos cuando llegue ese momento".
Y es que para entonces la nostalgia por la patria y la familia también habrá hecho mella. En las carátulas de los cuadernos de instrucción, Nouroz, Najib y Naqib han escrito en idioma pashto poemas sobre la falta que les hace su tierra y también lo han hecho en los cuadernos de sus colegas colombianos. A veces se sienten perdidos en las clases por las dificultades de comunicación, pues aunque cuentan con un intérprete, éste sólo traduce de inglés al pashto, lo que hace necesario un traductor de español a inglés. La lejanía es un obstáculo que, tarde o temprano, cobrará sus dividendos pero al trío de afganos aun se les nota un cierto entusiasmo.
Terminado el recorrido de los cinco kilómetros al trote con el morral a la espalda, Nouroz y sus compatriotas echan el último pique hacia la meta gritando a todo pulmón. Pero a Nouroz las fuerzas le flaquean desde hace días y muchos de sus compañeros colombianos temen que se retire pronto. "Ese tipo tiene coraje pero no va a aguantar -dicen-. Tiene voluntad pero no tiene idea de lo que le espera".
Quién sabe. Por el momento, después del trote de reconocimiento, la unidad afgana es invitada a pasar adelante en el patio de banderas, donde la tropa está de nuevo en formación, para recibir el aplauso del grupo por su denodado esfuerzo. Al fin y al cabo, basta pensar en cinco policías colombianos de paso por el remoto Afganistán, para imaginar lo que deben sentir Nouroz, Najib y Naqid en las selvas de El Espinal, bajo el sol canicular del trópico y con cinco meses de entrenamiento por delante para coronar la graduación y regresar a casa victoriosos. Sólo por semejante experiencia, bien merecen el aplauso.
No es una garantía
Aunque la presencia de los tres oficiales afganos en Colombia es apenas un proyecto piloto, lo cierto es que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anda empeñado en repetir el modelo del Plan Colombia en Afganistán. La primera señal fue haber nombrado al embajador en Colombia, William Wood, como su nuevo representante diplomático en Kabul. La segunda, las palabras del Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Peter Pace, en su visita a Bogotá a mediados de enero, en el sentido de que la lucha contra las drogas librada en Colombia podría servir de ejemplo al gobierno afgano para organizar su propia batalla contra el flagelo.