Se vende

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Hay también quienes expresan preocupaciones porque el dinero recibido por los vendedores no permanezca en Colombia o se dedique a financiar consumos suntuarios y no nuevas inversiones. "Inconvenientes económicos no le veo, excepto si los vendedores se llevan toda la plata, con lo que el país perdería recursos", agrega Hommes. "Pero en cierta medida indica que hasta ahí llegaron los empresarios que venden y que no van a ser muchas las multinacionales colombianas que florezcan", concluye.

Tampoco es posible olvidar que quien coloca un dinero, aspira a recuperarlo. Según el Banco de la República los dividendos repatriados por los inversionistas extranjeros pasaron de 655 millones de dólares en 2000 a 2.433 millones en 2004 y a 3.565 millones en 2005, una suma superior a las remesas enviadas al país por los emigrantes colombianos ese mismo año.

El gran desafío, sin embargo, es lograr que la compra de empresas colombianas por parte de extranjeros vaya mucho más allá de un simple cambio de accionistas con diferente pasaporte. "De lo que se trata es de que quienes lleguen utilicen las compañías que adquieren como una plataforma para crecer y ampliar su capacidad, generando así empleo y riqueza", sostiene Mauricio Botero de Corredores Asociados. "La inversión extranjera es como los clientes de los restaurantes a quienes no les gustan los sitios vacíos, sino los que tienen gente. Por eso hay que confiar en que vengan nuevas empresas a establecer operaciones aquí, ojalá comenzando de cero", señala María Elvira Pombo, presidente de Proexport.

Esa, en último término, es la mayor utilidad que puede dejar el creciente apetito por los activos colombianos entre los inversionistas de afuera. Como ocurre en estos casos, todavía es demasiado temprano para hacer un balance de sumas y restas, pero lo que queda en claro por ahora es que la composición de la propiedad en Colombia está experimentando un profundo cambio que da origen a nuevas oportunidades.

En la medida en que los índices de seguridad mejoren más y la economía y el entorno político garanticen cierta estabilidad, las posibilidades de que esas inversiones le ayuden al país a crecer más rápido son muy grandes. Pero como lo demuestran casos como el de Venezuela, o el de la misma Colombia a finales de la década pasada, un cambio abrupto o una crisis profunda pueden ocasionar que una nación pase de niña bonita del vecindario, a mujer ignorada o, incluso peor, despreciada. Por eso aunque el país parezca estar en venta, lo cierto es que su éxito futuro sigue dependiendo, como siempre, única y exclusivamente de los colombianos. 

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