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Esa tendencia ha sido respondida por algunas empresas colombianas que de manera creciente también compran activos en el exterior, logrando en ciertos casos consolidarse como jugadores regionales importantes (ver recuadro).
También están los casos de las compañías nacionales que compran a otras, alentadas por el clima de competencia. De hecho, las dos negociaciones más importantes de 2006 en el país fueron la venta de Bancafé y de Ecogás que acabaron siendo adquiridas por Davivienda y la Empresa de Energía de Bogotá, respectivamente. "El crecimiento de la inversión extranjera en Colombia comprueba que las decisiones de inversión por parte de los locales se están tomando y de una manera muy dinámica", sostiene Luis Carlos Villegas, Presidente de la Andi.
Nuevos vientos
La nueva realidad de una nación en la cual se han multiplicado los inversionistas extranjeros no ha sido asimilada del todo por los colombianos. Tanto en la calle como en los programas de radio no faltan expresiones como la de "ya nada es nuestro". Y aunque es cierto que cerca de 60 empresas de primera línea han estrenado dueño foráneo en los últimos años, también lo es que esa es una tendencia mundial que forma parte de un mundo globalizado. Transacciones importantes como las que ocurren en el país, también tienen lugar en Perú o México, aunque en Venezuela o Bolivia soplen hoy en día vientos muy diferentes.
Como ocurre en estos casos, las nuevas circunstancias tienen elementos buenos y malos. Por una parte, es evidente que el tamaño de los cheques que han sido girados por la compra de ciertas compañías ha enriquecido a sus accionistas mucho más de lo que estos pensaban, lo cual le ha ayudado a la demanda interna. Además, la llegada de multinacionales con rígidos códigos de conducta y bolsillos profundos tiende a elevar los estándares éticos, técnicos y administrativos en algunos casos, beneficiando al consumidor con productos de mejor calidad. "También es muy positivo porque cambia el balance político, pues los inversionistas extranjeros son más respetuosos del Gobierno y el debido proceso que los colombianos, lloran menos y tratan de no intervenir abiertamente en las elecciones", señala el ex ministro Rudolf Hommes.
La otra cara de la moneda es que la mayor internacionalización del país aumenta su dependencia y su vulnerabilidad. Un ejemplo típico fue el de la semana pasada cuando la bolsa colombiana sufrió un traspié importante por cuenta de la descolgada de las acciones en China que contagió a todos los mercados de valores del planeta.