Gabo columnista

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La cuestión debió surtir el efecto deseado porque el muchacho no volvió a cometer ninguna de las faltas de que se le acusaba. Su aplicación en aritmética, como se deduce fácilmente de las cifras que ha aprendido a concebir, ha sido verdaderamente excepcional. ¿Tan  sólo?, después de una larga y paciente espera, cumplida la dura prueba de los trescientos sesenta y cinco días rutinarios, se ha sentido lo suficientemente acreditado como para dar ese escalofriante berrencazo: ¡trescientos mil triciclos!

¿Pero es que hay en los almacenes del país semejante cantidad de triciclos? Sus padres dicen estar en condiciones de adquirir uno y hasta dos. Pero no encuentran a qué recursos de prestidigitación acudir para hacerse a los doscientos noventa y nueve mil novecientos noventa y ocho triciclos restantes. "¡Si siquiera hubiera dejado de lavarse la boca un día!", ha dicho la madre. "¡Si siquiera me hubiera sido formulada una queja en la escuela!", ha dicho el padre. Pero el niño, seguro de su invulnerabilidad, ha calculado y madurado la cifra casi con premeditada alevosía. Tiene derecho a esperar los trescientos mil triciclos. Y sus padres lo saben.

 

 

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