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Después de muchos años de abandonado el proyecto, el año antepasado García Márquez se enfrentó de nuevo al tema que frecuentemente le volvía a la cabeza, cada vez más claro y más completo. Aquella novela de adolescencia, que era como la matriz de su obra publicada se fue haciendo cada vez más insistente. Un día -refiere él- por la carretera entre Ciudad de México y Acapulco, se dio cuenta de que la tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa. Hizo su plan de trabajo y en 18 meses, a razón de ocho horas diarias, escribió 1.300 cuartillas, revisó lo escrito y dejó en definitiva poco menos de 500 páginas.
Fue una decisión tremenda ya que García Márquez tenía muchos trabajos de otro género, a plazo fijo, y muy poco dinero para encerrarse exclusivamente a escribir la novela. Sin embargo, tenía que escribirla y la escribió, porque le resultaba imposible concentrarse en ninguna otra cosa. Le dijo a Mercedes, su mujer, "tú verás qué haces con la casa". Dice no saber qué hizo pero, cuando terminó de escribir, estaba debiendo más dinero -dice- "del que me puede producir la novela en 10 años de ediciones sucesivas". Y concluye: " Se necesita una enorme irresponsabilidad para ser escritor".
Barranquilla en Macondo
En la parte final de Cien años de soledad, García Márquez incorpora personas reales y hechos sucedidos en Barranquilla al ambiente del Macondo que se está consumiendo ya en oleadas de sopor y de aniquilamiento. Y es así como el librero catalán (don Ramón Vinyes), y Álvaro (Cepeda), y Alfonso (Fuenmayor), y Germán (Vargas) y el mismo Gabriel (García Márquez) conviven con los personajes de la novela y son amigos, los únicos, del último Aureliano Buendía que termina suicidándose para cumplir su trágico destino. Y episodios ocurridos en el otrora famoso burdel de la Negra Eufemia, así como hechos de la vida de esta legendaria matrona son trasladados a Macondo, mezclados con sucesos imaginarios por García Márquez.
Y hay frecuentes reminiscencias de los muchos casos ocurridos en Barranquilla, al comienzo de los años 50, cuando en torno a la mesa de don Ramón Vinyes, gran escritor catalán, en el Café Colombia, se reunían los entonces jóvenes barranquilleros, entre ellos García Márquez, a discutir en voz alta sobre todos los temas imaginables, ante el escándalo que los vocablos usados y los asuntos tratados producían a los demás parroquianos.
Ahora, García Márquez trabaja en El otoño del patriarca, el largo monólogo de un dictador latinoamericano que será posiblemente fusilado al amanecer, a los 123 años de edad. También está escribiendo una serie de cuentos, homogéneos, para publicarlos en un libro que todavía no tiene título. Son cuentos de latinoamericanos en Europa.