CUANDO EL RELOJ marca las 12:30 a.m., le bajan el volumen a una canción de The Police y se apagan las luces en Paradiso, el local de moda en la rumba bogotana. Dos reflectores alumbran a un par de señores ubicados en el segundo piso, muy bien puestos, a un lado de la tarima. Por cinco minutos, aquel público que con anterioridad había vociferado un tropipop y luego una canción británica ochentera, ahora hace silencio y con atención escucha el aria de una ópera ejecutada por dos tenores que pronto, en pro de la exhuberancia de la noche, se fusiona con la electrónica para terminar en una canción de house. Histeria.
Al mismo tiempo, en otra nueva discoteca capitalina, Vinacure, en el viejo Chapinero, un lobo feroz disfrazado de abuelita se abre espacio en la mitad de la pista de baile para que entren insectos gigantes manejados por titiriteros. El espacio es completamente circense, hay espejos gigantes, aparecen personajes enmascarados y brincan los malabaristas. El show, corto y puntual, termina con el furor de la masa y vuelve la rumba con todos los fierros. Frenesí.
Está claro, la fiesta discotequera en Bogotá y Medellín ahora tiene una carga más sensorial y el espectáculo hace parte de ella. "El padre de este tipo de fiestas, por lo menos en Colombia, es Andrés Jaramillo, en su Andrés Carne de Res -dice Carolina Pastrana, directora del portal Vive-In, página experta en rumba-. Él lleva varios años involucrando las artes escénicas a la fiesta. Ahora, aparte de las comparsas que circulan el lugar, se regalan disfraces, sombreros, se maquilla a la gente y se cuenta con el servicio personalizado de un cartero que entrega, mesa a mesa, cartas de amor que se envían los comensales".
Una nueva fiesta que está de moda. Una pachanga que ya hizo escuela en Medellín, en lugares como Mangos, Palmaia y Vinacure (ésta última en la población de Caldas). Una rumba que ya fue adaptada por las dos nuevas discotecas de moda de la ciudad: Paradiso, con impresionante juego de luces, una gigantesca bola disco que en la mitad de la noche desciende con lluvia de papelitos, en la que el show central salta de la ópera a los mariachis, y de allí a los malabaristas y las bailarinas. Luego está Vinacure, donde quedaba el teatro Libertador, más underground que Paradiso, en la que los meseros están disfrazados y un grupo de teatreros hace presentaciones que van desde la reproducción de la escena del Alien cantando en la película El quinto elemento, hasta el show de Moulin Rouge, con un travesti que imita a Roxanne en la película.
En estos lugares todo el tiempo hay interacción entre los personajes y el público. Es la nueva tendencia que hasta ahora asoma su nariz y promete más sorpresas. María Antonia García, habitual consumidora de la rumba bogotana, explica: "habrá que ver con qué frecuencia querremos asistir a un circo, por más colorido y espectacular que sea. La clave de su éxito radicará en su capacidad camaleónica y en el rechazo a homogenizarse con todos los otros sitios de los que todavía se diferencia".
RUMBA CON DRAGS
Cada vez es más frecuente que en la rumba capitalina aparezcan drag queens que irrumpen en medio de la fiesta. Cavú, en la calle 90 con 15, todos los miércoles tiene un mano a mano de música para planchar entre las famosas La Lupe y Gayshira. En Theatron hay reinado anual de drags. Vinacure y Ferchos también gozan de estas visitas sorpresa.
25.000 pesos es el precio del cover, no consumible, en Vinacure y Paradiso, las dos discotecas de moda en Bogotá.