DESDE HACE MÁS DE UNA DÉCADA, Diana Briceño tiene como trabajo organizar congresos y seminarios a lo largo y ancho del país. Cartagena, por supuesto, se ha convertido en eje de su trabajo, por lo cual conoce de arriba abajo lo mejor del servicio hotelero de la ciudad. CAMBIO le pidió hacer un recuento de los hoteles boutique, hoy por hoy lo más solicitados por altos ejecutivos.
Quadrifolio
Usted siempre va a encontrar un jugo helado que le dará la bienvenida, no importa si no es huésped del hotel, también le ofrecen una toallita fría y perfumada de cortesía, lo invitan a conocer el hotel, la piscina y el jacuzzi en la terraza. La gerencia de este hotel se ha preocupado por la perfección de los espacios y la calidad del personal, un grupo de gente amable, correcta y colaboradora. Es un lugar que produce paz, invita al descanso. Las habitaciones y los baños son lindísimos, tienen televisor pantalla plana, equipo de sonido, conexión para iPod, en fin, cuentan con toda la tecnología del caso. Le falta una recepción con atención permanente.
Casa Pestagua
Es el más grande de todos, con varias remodelaciones a cuestas y un estilo bastante confuso en su mobiliario. Las zonas sociales son perfectas, cuenta con un spa delicioso, varios patios con fuentes, jardines, una cava para una cena privada inolvidable, salón de billar, bar, piscina y solárium. Tiene un salón para aproximadamente 90 personas, con piso de mármol negro y blanco, original de la época en la que se construyó la casa. Tristemente le falta una buena cocina que responda a su concepto general. La tarifa lo amerita.
Agua
Fuentes y cascadas en los patios internos le dan la frescura perfecta de su nombre, pero tangencialmente opuesta a lo odioso de su servicio. Ha sido imposible reservar una habitación. Agua siempre está en temporada alta, siempre está reservado con dos años de anticipación, no muestra sus habitaciones porque siempre están ocupadas. No pude saborear un jugo porque siempre hay cierto afán para que uno se vaya. Quienes han corrido con la suerte de alojarse dicen que es hermoso, que vale la pena, pero nunca he clasificado a un vaso de la tan anhelada Agua, tal vez porque el hotel se volvió más exclusivo que los huéspedes. Demasiada arrogancia.
La Casa del Arzobispado.
Habitaciones amplias con lo último en televisores extra planos, un buffet de almohadas, baños amplios con techos altísimos, muy bien remodelada, muy bien aprovechada. Tiene un salón de reuniones elegante, piscina y solárium. Es el único hotel que tiene bicicletas de las de antes, con canasto y timbre para salir a recorrer la ciudad. Es común ver al gerente llevando el room service, saludando en la piscina o contestando el teléfono de la recepción. Toda una cultura de servicio. Tiene restaurante las 24 horas, y su pescado frito, patacones y suero son deliciosos. Están haciendo un excelente trabajo.
La Merced
Tiene la mejor vista de todos, está frente al mar, a la muralla y al teatro Heredia. Mejor imposible. Las habitaciones están muy bien distribuidas. Las cabeceras de las camas y los muebles tienen un trabajo artesanal muy bonito. Es cuidadoso y de muy buen gusto. Cuenta con un salón de reuniones que permite dos días de trabajo cómodos, con toda la tecnología a su servicio. Le falta mucho camino en el tema de servicio, de amabilidad y de normas de hotelería de cinco estrellas, sobre todo a la hora del check out, el pago de la cuenta puede llegar a ser tortuoso.