Conocido por tener un rejoneo vistoso y espectacular, el español de Jaén vuelve a la Plaza La Santamaría esta temporada taurina después de su actuación en Medellín, Manizales y Cali.
¿Cuál ha sido la corrida más memorable?
La tarde de mi confirmación como torero en Nimes, al lado de mi padrino Diego Ventura.
¿Algún rejoneador que lo haya inspirado?
Pues tengo varios: Javier Buendía, mi maestro, y Andy Cartagena.
¿A qué edad se unió a la fiesta brava?
13 años. Aunque desde muy pequeñito monto caballo.
¿Tiene algún amuleto?
Siempre. Tengo muchos amuletos, como el trofeo de correa del abuelo en Jaén, mi pueblo. Todos han sido regalos.
¿Reza antes de una corrida?
Pues, a mi manera.
¿Cuántas orejas le han dado? ¿Lleva la cuenta o ya la perdió?
Como mínimo una por corrida. Ya perdí la cuenta.
¿Qué siente al ver salir al ruedo un toro de 500 kilos?
Digo, 'ajá qué bonito'. No le temo pero les tengo mucho respeto.
¿Por qué le gusta hacer tantas musarañas y peripecias?
Al público hay que darle lo que quiere ver. El rejoneo es más vistoso y más alegre; ya sabes: cabriolas, saltos, cornetas. A los niños les encanta.
¿Cuál es el caballo que más recuerda?
'Tango'. Pero él era más persona que caballo. Tenía corazón.
¿Una plaza inolvidable?
Madrid.
¿Cómo dar un estoconazo perfecto?
Con ganas y suerte.
¿Torear con música o en silencio?
Aunque me gusta el silencio, con el pasodoble marca uno a los caballos, y como que bailan mejor.
¿Qué expectativa tiene este año en La Santamaría?
La misma del año pasado. Es una plaza exigente.
¿Para ser rejoneador qué se debe ser primero: jinete o torero?
Jinete pero enseguida torero.
¿Qué prefiere: caballos cruzados o purasangre?
Cruzados, porque con suerte te encuentras uno que tenga corazón.
¿Cornadas y porrazos?
Una en el muslo derecho, de un centímetro hace diez años, una oreja desgarrada en Madrid cuando 'Lupito' y yo caímos al ruedo. Porrazos un montón, pero más por accidentes automovilísticos que por los toros.
¿Qué le diría a los antitaurinos?
Que respeten, simplemente.