En enero de este año, se fugó de las Farc junto con Juan Samudio, un empresario que estaba bajo su custodia. Ahora decidió contar cómo vivió 18 años entre ese grupo insurgente en el libro Confesiones de una guerrillera, que acaba de salir al mercado.
¿Por qué cree usted que deben leer su libro?
Porque allí hay muchas cosas que la gente aún no conoce de las Farc.
¿Como cuáles?
Hay que leer el libro.
¿Lo escribió por negocio?
No, lo hice para que la gente conociera de verdad a las Farc.
Hay quienes dicen que los victimarios reciben más beneficios que las víctimas. ¿Usted qué piensa?
Que hay que encontrar un equilibrio. Sin embargo, esa respuesta la debe dar el Presidente.
¿La sedujo la idea de la recompensa para escaparse con un secuestrado?
No, lo hice porque me nacía.
¿Y por qué no se fugó antes?
Porque esperaba que las Farc me dieran la libertad.
No era algo iluso...
Pues si ellos me llevaron a sus filas, lo lógico era que me liberaran.
¿Qué fue lo más difícil de estar en la guerrilla?
Aparentar felicidad.
¿Cuál fue el peor castigo que recibió?
Estar lejos de mis hijos.
¿Qué tan aburridos están sus ex compañeros de la selva?
Después del Plan Patriota, más de uno se queja.
¿Qué tan debilitadas están las Farc?
Pues han muerto muchos comandantes, pero todavía se mantienen.
¿Son sinceras sus intenciones con el Acuerdo Humanitario?
Es pura política. Hacen esos anuncios para aparecer en los medios.
¿De qué se arrepiente?
De haber perdido mucho tiempo en la guerra.
¿A qué le teme?
A las Farc.
Lo mejor de estar en libertad...
No tener que rendirle cuentas a nadie.