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Lo dicen citando los coqueteos que el magistrado tuvo con el mundo de la política. En el 2006 se lanzó como candidato al Senado por el partido Cambio Radical, era el número 30 en la lista preferente y sacó un poco más de mil votos. Su amistad con Germán Vargas Lleras venía desde que trabajó con la periodista María Isabel Rueda cuando fue representante a la Cámara por ese partido. Luego vino la cercanía con el gobierno de Andrés Pastrana, que inició cuando el entonces canciller, Guillermo Fernández de Soto, lo escogió para ser uno de los negociadores de Colombia en la suscripción del tratado de Roma que creó la Corte Penal Internacional.
Justamente fue en esa época en la que Augusto Ibáñez se trasladó a Nueva York y conoció a todas las delegaciones de los países que suscribirían el tratado. Escribió luego un extenso libro sobre los alcances de la CPI, y construyó contactos al más alto nivel que hoy le han permitido internacionalizar el trabajo de la Corte Suprema para, por ejemplo, pedir al relator de Naciones Unidas el acompañamiento que garantice el correcto desarrollo de los procesos del Alto Tribunal que están siendo cuestionados por el Gobierno. Ibáñez está convencido de que si en Colombia la Justicia es intimidada, será necesario apelar a las instancias externas.
Retos en el horizonte
No es de poca monta el desafío que tiene por delante, ni tampoco lo que representa esta novedad para un tribunal que poco o nada había tenido de exposición internacional. En eso radica la importancia de su presencia en la presidencia de la más alta magistratura de la Justicia y se evidencia, por ejemplo, en una de sus más recientes sentencias, en la que condicionó la extradición de uno de los más importantes narcotraficantes y jefes paramilitares del país, en la que sentó jurisprudencia al decir que solo si reconocía la totalidad de sus delitos y reparaba a las víctimas podría ir ante la Justicia de los Estados Unidos.
Así lo hecho saber ante el presidente Álvaro Uribe con quien ha tenido varios encuentros en los últimos meses. Austero, pacífico y bromista, se toma muy en serio el panorama de futuro que se está jugando Colombia para transitar hacia una Justicia que permita la reconciliación. Ibáñez, de cualquier manera, mantendrá un perfil público alto en los próximos meses porque su estilo, sus convicciones y el 'choque de trenes' no le permitirían nada distinto.