¿Qué implicaciones puede tener un eventual descenso de exportaciones colombianas a Venezuela? ¿Colombia podría darse el lujo de aislarse, en el mediano plazo, de sus vecinos suramericanos?
El análisis de la Cumbre Suramericana del viernes anterior, ha sido profuso, pero unilateral y superficial. Es iluso comparar este tipo de reuniones con un partido de fútbol, al final del cual nos preguntamos quién ganó y quién perdió. Esta visión simplista impide apreciar los hechos en su justa medida. Lo fundamental es en qué se avanzó y qué quedó pendiente.
Lo claro es que la Unasur salió fortalecida de Bariloche: se encuentra en el centro del gran debate regional; se discutieron en su seno, por los jefes de Estado, los temas álgidos; se pusieron en evidencia las grandes corrientes existentes en Suramérica, y primaron también las posiciones moderadas de Chile, Brasil, Perú e incluso Argentina. Se impidió, por otra parte, la ruptura que se hubiera producido en caso de que alguien intentara hacer aprobar resoluciones por mayoría en lugar del consenso, como se acordó expresamente en el Tratado fundacional. Quedó claro también que el texto consolidado del acuerdo entre Colombia y EE.UU. se conocerá en la reunión del Consejo de Defensa de la Unasur, durante las próximas semanas. Lo fundamental de momento es que los puntos de vista, en ocasiones muy disímiles, se pudieron expresar en el foro subregional que Suramérica tiene previsto para ello.
Es necesario comprender que la esencia de la Unasur no son los temas de la seguridad, si bien la seguridad regional ocupa un lugar importante en sus consideraciones actuales. La esencia está compuesta por la infraestructura, la cooperación energética, los temas económicos y ante todo la concertación política. En el horizonte parece existir un proyecto de integración, pero primero deberá superar dificultades estructurales y diferencias políticas coyunturales. Sin embargo, el tema de seguridad es importante. Vale recordar que el primer acuerdo de lo que en su momento era el sueño europeo, fue el Tratado de cooperación en materia de carbón y acero, que no era un acuerdo económico, sino una manera de evitar futuras guerras franco-alemanas por las posesiones estratégicas -para la época- de su zona limítrofe. Sin dicho Tratado, los demás acuerdos de la construcción de Europa hubieran sido imposibles.
Ahora lo fundamental, hacia el futuro, se basa en tres aspectos centrales: primero, que se reúna el Consejo de Defensa para discutir los temas espinosos, y no solo los fáciles de resolver. Segundo, que las posiciones fundamentalistas no sean las predominantes y se entienda que puede haber percepciones cruzadas de amenaza. Tercero, que se comiencen a implementar medidas de confianza, entre los países de la región, pese a sus diferencias. Fue precisamente en el marco de la guerra fría en el continente europeo, en donde se implementaron más de 100 medidas de confianza entre los países de la OTAN y los del Pacto de Varsovia. Si ellos pudieron hacerlo en tan difíciles circunstancias de reparto mundial, no se ve por qué no pudieran avanzar algunas medidas similares en Suramérica. Ningún presidente va a convencer a sus opositores de que su visión de la economía, la política y la inserción internacional es el mejor modelo existente. Pero lo que pueden trabajar, sin duda, es en el desarrollo de medidas de aproximación y de confianza que eviten el incremento de las tensiones. En este tema, justo es reconocer que los vecinos del Mercosur y Chile llevan una evidente ventaja, y que los países andinos están enfrascados en desconfianzas crecientes.
Pero quedan pendientes varios temas álgidos: ¿Por dónde sacará Venezuela el petróleo que desea vender profusamente a China en el próximo futuro, si se producen rupturas en el relacionamiento con Colombia? ¿Cuál es la estrategia de aproximación política y económica que Colombia necesita trazar con urgencia con China, justamente en medio del atractivo que Perú y Chile ejercen para acceder a las riquezas del interior del continente suramericano?¿En cuánto incrementará Venezuela su peso político en Brasil y Argentina, si se convierte en un comprador privilegiado de los productos de estos dos países, para reemplazar el mercado colombiano? ¿Qué implicaciones puede tener un eventual descenso de exportaciones colombianas a Venezuela? ¿Intentará Chávez presionar por la vía de los empresarios colombianos, frente al proceso electoral que aquí se avecina? ¿Colombia podría darse el lujo de aislarse, en el mediano plazo, de sus vecinos suramericanos? ¿Estarían dispuestos Brasil, Perú y Chile a permitir que otros propicien dicho aislamiento? ¿Cuál es el grado de armazón de alianzas estratégicas de Colombia con Perú, Chile y México, y cuál el grado necesario de cercanía indispensable con Brasil? ¿Entenderemos algún día que la relación con el Asia Pacífico y el Suramericano son dos caras de la misma moneda? ¿Cómo equilibrar este proceso con la cercanía estructural con Estados Unidos?
Pareciera que estos son grandes retos explícitos de la política exterior de los próximos años para Colombia, y buena parte de los mismos tienen que ver con nuestra política hacia Suramérica. En general, son retos sin precedentes. ¿Está Colombia preparada para enfrentarlos?
Por Diego Cardona C.,
analista internacional.