Marzo 11 de 2009

'Mi espíritu ha sido siempre de manos libres', Héctor Osuna

"Dicen que Álvaro Uribe ha sido buen presidente, pero creo que ha abusado del poder. Puede ser bueno, pero abusivo".

Nació en Medellín en 1936 en una familia de artistas; fue seminarista de la Compañía de Jesús de los 15 a los 21 años, pero acabó estudiando Derecho  en la Universidad del Rosario. El 7 de marzo de 1959, con solo 23 años, publicó su primera caricatura en El Siglo. Su objetivo fue el general Gustavo Rojas Pinilla, que en ese momento era juzgado en el Congreso. Reacio a expresarse por medios distintos a sus Rasgos y Rasguños y a su columna en El Espectador, que firma con el seudónimo de 'Lorenzo Madrigal', el maestro Héctor Osuna analiza el acontecer nacional con su mordaz estilo y cuenta por qué nunca ha firmado un contrato de trabajo.

CAMBIO. ¿Qué significa llegar a 50 años de 'Rasgos y Rasguños'?

H.O. Significa una gran ociosidad. Y para ser estrictos, Rasgos y Rasguños apenas va a cumplir 50 años dentro de nueve meses, pues antes de llegar a El Espectador estuve nueve meses en El Siglo. La que está cumpliendo 50 años es mi primera caricatura.

¿La caricatura es el medio por excelencia para la crítica del poder?

La caricatura está hecha para criticar el poder. No tanto para criticar a los criminales, que de suyo son rechazados por la opinión pública, sino para hacerles observaciones más o menos fuertes a quienes detentan el poder legítimamente y a veces en forma ilegítima.

¿Cómo define la caricatura? 

La caricatura tiene un foco único, es como un flechazo, un dardo respecto al cual no hay que explicarse, ni disculparse. Allá fue a dar y allá está.

El ex presidente Belisario Betancur dijo que su pluma es como "un bisturí de sarcasmo que se incrusta en la sociedad opulenta". ¿Le parece acertada esa descripción?

Sí, es bien curioso. Él dice que la crítica se ha ejercido más que todo a la sociedad opulenta, en tanto detentadora del poder político, y la verdad es que con mi caricatura no le hago crítica a la 'pobrecía' ni a gente que está en situaciones lamentables. El dibujo mordaz se hace para mortificar y, en cierta forma,  'aconductar' a los gobiernos.

¿Es peligroso meterse con los poderosos?

Supongo que en ocasiones sí, pero en mi larga trayectoria no he corrido mayores riesgos, no sé exactamente por qué razón. Pocos casos he tenido de zozobra, excepto una bomba que pusieron en mi carro hace unos años, nunca supe de parte de quién.

¿Cuál ha sido el presidente más difícil de caricaturizar?

Ese es un problema técnico de los caricaturistas que, generalmente, quisiéramos que el presidente fuera una persona muy dibujable y no siempre es así. El más fácil para mí fue Guillermo León Valencia, por su hidalguía, su bigote, su temple. Luego uno muy joven en su momento, Misael Pastrana, con un peinado de argentino muy difícil de explotar. Belisario, por su cabello desordenado y su cara muy redonda no fue nada fácil. En general, la curva no se me ha facilitado, como con la calva de Carlos Lleras que siempre me dio dificultades. No soy capaz de hacer un círculo sin compás. Gaviria y Uribe, por lo jóvenes, son muy difíciles porque no se han acabado de caracterizar. Y tuve buenos logros con Turbay  y con López.

Tras 50 años de analizar el acontecer nacional, ¿quién ha sido para usted el mejor presidente?

Esa sí es la pregunta del millón porque depende de muchas circunstancias. En una época muy emocional que vivió Colombia después de la dictadura de Rojas Pinilla, subió Alberto Lleras, una gran figura, el egregio de la democracia, un hombre civil por excelencia, respetuoso de la Constitución y de las leyes, sin más vanidad que la personal. Por pertenecer al Frente Nacional, su gobierno fue moderado. Por mi amor a la colombianidad y a la historia, creo que Alberto Lleras fue el mejor.

¿Y el peor?

¡Ah caray! Eso es mejor "no meneallo", como dijera el Quijote.

¿Álvaro Uribe ha sido buen presidente?

Eso dicen, pero creo que ha abusado del poder. Puede ser bueno, pero abusivo.

¿Cree, como dicen muchos, que Uribe ha sido un presidente conservador?

No, siempre ha sido liberal, viene de una raigambre de esencia liberal, como el general Rafael Uribe Uribe. Además, siempre fue elegido a nombre del Partido Liberal. Otra cosa es que las conductas que ejerza desde el Gobierno sean típicamente conservadoras. Al fin y al cabo, como dice el refrán: "Para conservadores, los liberales de Rionegro".  Y el Presidente tiene una finca allá.

¿Ve a Uribe buscando otra reelección?

Claro, todo mundo dice que sí. Y si no lo hace no es por falta de votos y opinión sino porque es completamente inconveniente desde el punto de vista interno y constitucional. Además, internacionalmente tiene muy mala imagen. El Presidente quedaría alinderado con los mandatarios que no quieren dejar el poder, como en Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Opositores del Gobierno hablan de dictadura popular...

Hay dictaduras que acuden al pueblo y tienen respaldo especialmente por medio de plebiscitos y referendos. Esa ha sido una corruptela de la política que ha dañado la democracia. La democracia debería ser un juego con reglas preestablecidas y oportunidades similares. No debiera estar  al capricho de la opinión porque este es un Estado social de derecho y no un Estado de opinión, como sostiene el presidente Uribe.

Pero en el Gobierno dicen que el 80 por ciento de los colombianos quiere que el Presidente se quede...

Las encuestas son artilugios que consagran resultados que no corresponden. Creo que esas cifras son controladas, pero si fuera cierto ese 80 por ciento, no todo vale. La verdadera revolución democrática fue el sufragio universal, no la encuesta universal.

¿Qué concepto le merecen los candidatos uribistas a la Presidencia, incluido Álvaro Uribe?

No puedo creer que solamente Álvaro Uribe esté para el momento de Colombia. No creo en el mesianismo ni en el providencialismo de un personaje, por ilustre que sea. Democracia es alternabilidad. El problema de personas como Juan Manuel Santos es que ya perdieron el favoritismo presidencial. Si acaso Santos estuvo en primer lugar, hoy estará en segundo o tercero. También veo que a este chico Andrés Felipe Arias lo han lanzado, como la paloma del arca, a ver qué tienta, a ver qué halla y  qué cuenta del diluvio universal. Todo da a entender que en este momento tiene el respaldo del Presidente.

¿Y si el Presidente dice que va?

No se sabe si el Presidente va a seguir o no. Si no va, por las dificultades del referendo y por la opinión internacional, no la nacional que quisiera nombrarlo a perpetuidad, entonces surge la posibilidad de que tenga una persona que le guarde el puesto.

¿Cómo quién?

Entre los que pueden guardarle con fidelidad el puesto hasta el 2014, y que le entregarían el poder otra vez, podrían estar Arias, Noemí Sanín, Martha Lucía Ramírez... No así Juan Manuel Santos ni Germán Vargas Lleras porque en caso de que cualquiera de  ellos fuera presidente, tendría también el derecho a la reelección inmediata, y no creo que ninguno de los dos vaya a sujetarse a un ex presidente que estará descansando en El Ubérrimo. Los otros, que son de menor talla, quedarán felices de haber pasado por el poder y haberle demostrado mucha fidelidad a su jefe epónimo.

¿Y cómo ve a la oposición?

La izquierda, como siempre, estará dividida y llegará a su votación límite. Puedo equivocarme pero hay candidatos de los cuales puede asegurarse que no alcanzan la votación popular mayoritaria, especialmente la de la clase media, que es la que define. Esos candidatos serían Gustavo Petro, Piedad Córdoba y el propio Carlos Gaviria. Una persona de término medio pero también muy difícil de que conquiste masas es Rafael Pardo. Es un hombre muy eminente pero parece de otra época, de la época en la que eran nombrables pero no elegibles.

¿Y 'Lucho' Garzón?

De los de izquierda y de oposición es el que creo que tiene más posibilidades de arrastre, lo veo como un hombre más popular, no importa si tiene o no el respaldo de los partidos de oposición.

¿Y Sergio Fajardo, que paso a paso, calladito, figura en las encuestas?

No lo entiendo, esos son los milagros de encuestadoras como Yanhaas. ¿Cómo así que Andrés Felipe Arias y Sergio Fajardo aparecen encabezando las encuestas? Fajardo tiene imagen pero no tiene partido ni definiciones de alguna naturaleza, por el momento. Aunque en un país que ya no es político sino apolítico, puede tener arrastre y convertirse en un fenómeno. 

¿Volviendo a su oficio, de los nuevos caricaturistas a quién destaca?

Por el nivel de aceptación que tiene y la resonancia de su trabajo, que no es solo caricatura, a Vladimir Flórez.

¿Hasta cuándo piensa seguir con sus 'Rasgos y Rasguños'?

No lo sé. Como nunca he firmado un contrato, porque el contrato amarra y mi espíritu ha sido siempre de manos libres, entonces viene un poco mi historia miserabilista: a pesar de tantos años de trabajo tengo que seguir trabajando. No soy pensionado, no soy rico, no tuve herencias... Lo que tengo lo he conquistado con mis manos y con mis ojos, y con la observación del país nacional. No estoy pensando en el retiro pero con esta celebración me la están poniendo difícil porque me llevan la cuenta y  queda uno como en preaviso.

¿Qué significó pasar de El Espectador de los Cano al de Julio M. Santo Domingo?

En un momento me resistí a que un poder económico fuera dueño del periódico en el que colaboraba. Me retiré, pasé a Semana, pero ahí también había un poder económico. Llegó un momento en que se fue como cerrando el círculo: había combatido mucho a El Tiempo, no me acomodé en Semana, había dejado El Espectador pero quería seguir trabajando. Entonces tuve la invitación pública de Carlos Lleras de La Fuente insinuándome que regresara a mi casa, y también fui motivado por Fidel Cano, de mis entrañables raíces.  Con el tiempo pude comprobar que los Santo Domingo jamás interfieren en mi trabajo. Un caricaturista trabaja en una tribuna que le ofrecen y critica muchas cosas, lo único que no puede hacer es irse contra la propia tribuna.

¿Por qué si es caricaturista, una columna como la de 'Lorenzo Madrigal'?

Es una forma de expresión alternativa, más completa, más pausada y con más salvedades, una expresión adicional que me brindó Guillermo Cano.

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