Marzo 4 de 2009

Ciudades densas: ¿mejores ciudades?

Ante el avance de la agenda regional, un análisis de las ventajas de una Bogotá densa frente a una metrópolis dispersa.

En las últimas semanas la iniciativa conjunta de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Gobernación de Cundinamarca para la construcción de un tren de cercanías que conecte la capital con los municipios vecinos, ha sido objeto de intensas discusiones. Las polémicas giran en torno a argumentos fiscales -quién paga la cuenta-, técnicos -el metro o el TransMilenio son mejores inversiones- y políticos -la iniciativa del Alcalde de Bogotá terminaría en segundo plano.

Pero más allá de esos sanos y fundamentados debates, detrás de un megaproyecto como este se esconde la apuesta a un modelo específico de ciudad y de región. El tren constituirá la cuota inicial de una dispersión de actividades productivas, centros de vivienda y de logística desde Bogotá hacia los municipios de Cundinamarca. Son evidentes las razones que llevan al gobernador González a impulsar una ambiciosa agenda de infraestructura con una bien orientada dosis de futuro y visión de mediano y largo plazo. Pero ante los avances de una agenda regional de varios puntos, cabe preguntarse si la visión de una Bogotá desconcentrada, rodeada de polos industriales y de pueblos-dormitorio, es la deseada para el futuro.

Aunque muchos hablan de que la globalización "aplanó" el mundo, lo cierto es que nunca había estado tan puntiagudo y lleno de ricas 'montañas' y 'valles' pobres. Las 'montañas' y 'valles' están dadas por la riqueza y la población -o la falta de ambas- generadas por las altas concentraciones de empresas, personas y servicios. Las aglomeraciones urbanas, vistas hasta hace poco como centros de miseria, congestión, caos y crimen, son reconocidas como ejes fundamentales del crecimiento económico. De hecho, el más reciente Informe de Desarrollo Mundial está dedicado a la nueva geografía económica: el desarrollo se fomenta desde mayores densidades urbanas, menores distancias y menos divisiones entre los mercados.

Densidad y geografía

Si contar con una forma urbana densa y compacta es prerrequisito para el dinamismo, ¿en qué está Bogotá? La capital ha sido históricamente una ciudad densa. Sin embargo, en las últimas décadas experimentó simultáneamente una  densificación en sectores financieros y en barrios ricos, suburbanización en municipios cercanos y periurbanización con los barrios de invasión.

A pesar de estos procesos aún hay suelo en Bogotá para desarrollar. Según la Misión de Hábitat de 2007, la ciudad está "lejos de una escasez de suelo" y se calcula en al menos 5.000 hectáreas el área disponible. Con desarrollos de unas 80 viviendas por hectárea, estaríamos hablando de más de 1,3 millones de personas. A esto se le pueden añadir millones de metros cuadrados de oficinas que reposan

inútiles en el centro capitalino. Asimismo, modificaciones a las regulaciones de altura en zonas de la ciudad abrirían la posibilidad de miles de metros cuadrados para vivienda, oficinas y otros usos. Todo lo contrario a los que afirman que la capital está saturada y que, al no tener para dónde más crecer, debe promover proyectos de conurbación en municipios sabaneros. Un tren de cercanías sería clave para una forma urbana dispersa  así diseñada.

Las políticas que impulsa la administración Moreno conducen a una mayor densificación urbana. Su plan de desarrollo 'Bogotá Positiva' cuenta con los proyectos de 50 hectáreas del Plan Zonal del Centro, 600 hectáreas en el sur, cuatro planes parciales de la Operación Nuevo Usme, planes de renovación urbana y los instrumentos de gestión en el Plan Norte. Además, como lo afirma el Informe de Desarrollo Humano de Bogotá, "son una excelente oportunidad para disminuir la segregación socioeconómica, mejorar la equidad tributaria, consolidar las centralidades populares y fortalecer las finanzas distritales".

El alcalde Moreno tiene un momento único para sentar la implementación del futuro urbanístico de la capital: los planes diseñados, la autoridad política, el portafolio de instrumentos legales de gestión del suelo y el aparato institucional para sacarlos adelante.

¡Es la economía, Alcalde!

El uso del suelo no es la única razón para promover la densificación. Una política de desarrollo económico urbano también la requiere. El perfil del PIB de la ciudad se especializa cada vez más en los servicios: financieros, inmobiliarios, administración pública y comunicaciones. La capital sigue consolidándose como un centro educativo que concentra 65.000 graduados anuales en más de 2.000 programas profesionales y técnicos, así como un nodo logístico. Y son precisamente los servicios, más que las manufacturas, las actividades que más se benefician de las aglomeraciones de firmas y de personas en las ciudades.

Una economía como la bogotana donde crecen las actividades relativas al conocimiento, necesita proximidad. En palabras del economista Alfred Marshall, "los misterios del oficio dejan de ser misterios ya que están en el ambiente". Altas concentraciones de empresas tienden a 'clusterizarse', a demandar servicios, fortalecer cadenas productivas, generar innovación, intercambio de conocimientos y competitividad. La política de densificación de suelo debe ir acompañada de estrategias económicas.

La densidad también es un instrumento para la convivencia. Como escribió Jane Jacobs, "la densidad crea diversidad". La segregación bogotana es innegable en materia socioeconómica y en las diferentes dotaciones de barrios y localidades. Se necesitan abordajes más creativos que ordenen nuevos barrios, por ejemplo, alrededor de las estaciones de TransMilenio con usos mixtos y edificios altos. Por último, una urbe compacta es más amigable con el medio ambiente: menos gasolina, menos gastos de transporte y menos costos hundidos de urbanización (servicios públicos, vías).

Sin embargo, la dicotomía entre una ciudad dispersa y una compacta no es extrema. La densificación es vista como  los rascacielos de Manhattan, mientras que la dispersión es sinónimo de suburbios esclavos del automóvil. Densidad no significa alto sino mejor organizado. Existen tanto modelos de densidad sin edificios altos como otros de dispersión con altura.

La necesaria coordinación regional entre la capital y Cundinamarca pasa por acuerdos en la administración de estos modelos de desarrollo. Aunque sea más difícil y demorado que definir la inversión del tren, al final producirá la arquitectura institucional y la agenda regional de transporte, servicios y desarrollo económico que la región más dinámica del país necesita.

Por Francisco Miranda Hamburger,
editor de Opinión de El Tiempo.   

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