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Una economía como la bogotana donde crecen las actividades relativas al conocimiento, necesita proximidad. En palabras del economista Alfred Marshall, "los misterios del oficio dejan de ser misterios ya que están en el ambiente". Altas concentraciones de empresas tienden a 'clusterizarse', a demandar servicios, fortalecer cadenas productivas, generar innovación, intercambio de conocimientos y competitividad. La política de densificación de suelo debe ir acompañada de estrategias económicas.
La densidad también es un instrumento para la convivencia. Como escribió Jane Jacobs, "la densidad crea diversidad". La segregación bogotana es innegable en materia socioeconómica y en las diferentes dotaciones de barrios y localidades. Se necesitan abordajes más creativos que ordenen nuevos barrios, por ejemplo, alrededor de las estaciones de TransMilenio con usos mixtos y edificios altos. Por último, una urbe compacta es más amigable con el medio ambiente: menos gasolina, menos gastos de transporte y menos costos hundidos de urbanización (servicios públicos, vías).
Sin embargo, la dicotomía entre una ciudad dispersa y una compacta no es extrema. La densificación es vista como los rascacielos de Manhattan, mientras que la dispersión es sinónimo de suburbios esclavos del automóvil. Densidad no significa alto sino mejor organizado. Existen tanto modelos de densidad sin edificios altos como otros de dispersión con altura.
La necesaria coordinación regional entre la capital y Cundinamarca pasa por acuerdos en la administración de estos modelos de desarrollo. Aunque sea más difícil y demorado que definir la inversión del tren, al final producirá la arquitectura institucional y la agenda regional de transporte, servicios y desarrollo económico que la región más dinámica del país necesita.
Por Francisco Miranda Hamburger,
editor de Opinión de El Tiempo.