EL PASADO 9 DE JUNIO el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, sorprendió a la opinión pública con un largo texto que fue reproducido por el periódico El Tiempo. En él no anunciaba ninguna captura, ni hacía un balance de orden público. Hablaba de televisión, en particular, de El cartel, del Canal Caracol que se lanzó al aire por esos días, basada en el libro El cartel de los sapos.
Cuidándose mucho de que los lectores no confundieran sus opiniones con un intento de censura, el General hizo explícita su inquietud por la forma ligera como la serie había empezado a narrar, amparada en la ficción, la historia de la lucha de carteles que se desató tras la muerte de Pablo Escobar. Una guerra que incluyó traición, venganza, delaciones, asesinatos, intimidación y una buena cuota de corrupción en las filas de las autoridades que los perseguían. En particular, al oficial le preocupó que la serie faltara a la verdad al insinuar que la muerte de Escobar había sido obra del cartel de Cali y que, en general, tratara a los policías de bufones de los capos.
En palabras de Naranjo, "las primeras imágenes de la adaptación del seriado lo que realmente han hecho es confundirnos con verdades a medias, ridiculizar al Estado y sus instituciones y, muy particularmente, transformar en villanos a héroes que enfrentaron el poder asesino y corruptor del narcotráfico". El General terminó con un llamado "para que se proteja la verdad, se preserve la verdad, se proyecte la verdad y no se creen condiciones de confusión entre el mito y la realidad, entre la verdad y la ficción". El texto desató una polémica -en la que terciaron críticos de televisión y analistas de medios- alrededor de la legitimidad de tratar un tema tan espinoso con la libertad que la ficción permite, debate que recogió esa misma noche el periodista Néstor Morales en su programa radial Hora 20. El propio general Naranjo, la columnista María Jimena Duzán, el escritor Andrés Hoyos, director de la revista El Malpensante, y Camilo Durán, asesor del Canal Caracol, se enfrascaron en una discusión de una hora sobre los límites entre la ficción y la realidad y sobre el riesgo de convertir en héroes a bandidos.
¿Por qué tanto alboroto? En primer lugar, molestaba que el autor del libro en el que se basaba la serie, Andrés López López, fuera un narcotraficante. En segundo lugar, a pesar de que los productores cambiaron los nombres de los personajes y advirtieron que todo aquello no era más que ficción ("cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia"), muchos de los protagonistas eran reconocibles. De hecho, la revista Semana publicó un artículo en el que identificó a cada actor con el personaje que representaba en la vida real. Esto, según Naranjo, podía llegar a convencer al público de que la historia era real.
Al final del debate no hubo ni vencedores ni vencidos. Al General se le terminó reconociendo su derecho a defender la institución para la cual trabaja, y al Canal Caracol su derecho a producir series de ficción basado en las fuentes que considere útiles.
Lo curioso del asunto es que Naranjo terminó criticando lo que es prácticamente la esencia de la televisión, al menos de la colombiana: la caricaturización de la realidad. Sin ir más lejos, ese fue el secreto del éxito 'Yo soy Betty, la fea', sin que ninguna mujer haya intentado advertir que así no son todas las feas del país. Y 'El cartel' no es la excepción.
En cuanto a la imagen de la Policía, si bien es cierto que la serie se ha tomado amplias libertades en los libretos (el mismo López ha incluido y alterado cosas que no aparecen en el libro), quienes redactan las historias oficiales no suelen ser más fanáticos de la verdad. Y Colombia sí que tiene ejemplos de ello. Basta recordar el informe del Ejército sobre la toma del Palacio de Justicia, solo por nombrar un caso del que se ha vuelto a hablar recientemente.
Mientras tanto y, como era de esperarse, la controversia no ha hecho sino favorecer la sintonía del programa, que ha marcado entre 42 y 46 puntos de sintonía desde su estreno, casi el doble de la competencia.
Con todo, este no será el único debate que gire en torno a las adaptaciones de la historia del narcotráfico a la televisión o al cine. Falta todavía que se estrene la película Matar a Pablo Escobar, basada en el libro homónimo de Mark Bowden, y protagonizada por Javier Bardem; más las versiones que surjan en adelante sobre los hermanos Rodríguez Orejuela o el fenómeno del paramilitarismo. El tema, sin duda, continuará siendo sensible, pero no por ello limitado a las versiones oficiales.
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