La alta deserción, baja producción científica y calidad deficiente caracterizan a la región.
EL DIAGNÓSTICO SOBRE la educación en Latinoamérica es preocupante. La producción científica crece pero no en todos los países, la cobertura ha aumentado pero falta calidad, las tasas de deserción y analfabetismo son muy altas, y la emigración calificada o fuga de cerebros sigue siendo un dolor de cabeza. Este fue el balance que surgió de la Conferencia Regional de Educación Superior, Cres, realizada en Cartagena la semana pasada y a la que asistieron cerca de 3.500 delegados y representantes universitarios de 33 países.
En el encuentro, el mayor efectuado en la región, quedó claro que en los últimos 10 años la educación superior latinoamericana ha avanzado pero que está muy lejos de los niveles que registran los países desarrollados. En materia de cobertura y calidad -principales variables educativas-, América Latina no solo sigue muy por debajo de Estados Unidos y Europa, sino que ahora presenta niveles más bajos que los países emergentes de Asia. Mientras en América Latina el 32% de los jóvenes entre los 18 y 24 años están en las aulas, en Asia la cifra supera el 50% y en los países nórdicos el 80%.
Por otra parte, los desequilibrios son evidentes. Pese a que hoy se registran más de 18 millones de matriculados en educación superior -80 por ciento más que hace 10 años- hay más de 37 millones de analfabetas. Esto quiere decir que por cada estudiante universitario hay dos personas que no saben leer ni escribir. "Es una vergüenza, la brecha es muy grande -dice Ana Lúcia Gazzola, directora del Instituto de la Unesco para la Educación Superior en América Latina-.
Necesitamos disminuir el analfabetismo porque es increíble que todavía tengamos cifras de un siglo atrás".
Si los índices de analfabetismo son alarmantes, las de deserción no son menos preocupantes: de 100 estudiantes que ingresan a los centros de educación superior, solo 40 terminan con un título. Es decir, 60 abandonan la carrera. "La mayoría lo hace por falta de recursos -explica el analista educativo Mariano Marquínez-. Es urgente aplicar nuevas tecnologías y promover incentivos, como los descuentos o las becas, para que la gente no abandone las aulas, pues a mayor educación mayor desarrollo y mayores ingresos. Y eso no se está consiguiendo".
Cerrar la brecha
La emigración calificada es otro de los factores que ensombrece el panorama educativo latinoamericano. La gente preparada, cuya formación implica altas inversiones, termina en los países industrializados que pagan mejores salarios. Según los expertos, la millonaria inversión hecha en cada estudiante nunca se recupera. "Hay que implementar políticas de estímulo para que los egresados no se conviertan en cerebros fugados hacia naciones desarrolladas -insiste Gazzola-. Necesitamos romper este esquema porque, de lo contrario, no sirve lo que hagamos".
Al analizar la situación por países, se destaca que es cada vez mayor la brecha entre los que han estado a la cabeza y los rezagados, y que en los últimos 10 años los únicos que han roto esta tendencia son Venezuela y Bolivia que, en materia de cobertura, son los que más han crecido en la región después de Cuba. Según el más reciente estudio del Instituto de Estudios Superiores de América Latina, el 61,4 por ciento de los bolivianos y el 50,6 por ciento de los venezolanos entre 18 y 24 años cursan estudios superiores, mientras en Colombia la cifra llega al 20,6 por ciento.
Otro dato relevante tiene que ver con el desequilibrio en la distribución de los centros de educación superior: de los 8.910 registrados en los 34 países, cerca del 70 por ciento se concentran en Brasil, México y Perú. Y mientras en Colombia hay 289, en Guatemala hay 10 y solo uno en la isla de Santa Lucía, para citar algunos ejemplos.
De los 18 millones de estudiantes universitarios, más de 10 millones están en Brasil, México y Argentina, que además concentran el 56 por ciento de los programas de doctorados. "Tenemos oferta pero está agrupada en unos pocos países, el desequilibrio en la región es la constante -afirma Gazzola-. La mayoría carece de un desarrollo educativo que le permita competir".
El cuadro no es muy alentador, pero los expertos consideran que es posible rectificar el rumbo en la próxima década porque, al fin y al cabo, las principales variables presentan tendencias positivas. Para lograr este propósito dicen que es fundamental el compromiso de los gobiernos a invertir por los menos un 1 por ciento del PIB en investigación científica e innovación, cifra que, en promedio, hoy no llega al 0,5 por ciento.
Advierten, además, que es necesario que los países dejen de verse en forma aislada, como individualidades, y empiecen a pensar como grupo. "En Latinoamérica no hemos alcanzado una sinergia entre los gobiernos, las instituciones y la empresa privada, que permita mejorar la calidad educativa universitaria -señala Axel Didriksson, secretario de Educación de Ciudad de México-. Por falta de voluntad política estamos en estas condiciones".
Por su parte, la ministra de Educación colombiana, Cecilia María Vélez, señala que aunque los países son distintos y tienen políticas diferentes hay que trabajar unidos. "En educación e investigación debemos ser un bloque -puntualiza la Ministra-. Es la única forma de salir adelante".
CÓMO ESTÁ COLOMBIA
El país no presenta un cuadro diferente al resto de los países de la región, pero tiene a su favor el hecho de que ya tiene consolidado el sistema de educación superior y el mejor banco de datos de Latinoamérica, lo que le permite saber cuáles son las fortalezas y cómo atacar los puntos débiles.
En cuanto al número de instituciones de educación superior, en los últimos 10 años ha aumentado y hoy tiene 289, y en materia de cobertura está dentro del promedio regional: 31,8 por ciento. La poca investigación -menos de 0,6 del PIB- y la falta de programas de doctorado son el talón de Aquiles. Mientras Brasil ofrece el 35,5 por ciento de los programas de doctorado, Argentina el 12,9 por ciento y Chile el 10 por ciento, Colombia no llega al 1 por ciento.
El país ocupa el poco honroso tercer lugar en el número de analfabetas en la región: más de 2,2 millones.