2009: El fantasma de la reelección

Foto: AFP

El proceso atormentado e inconcluso para aprobar un referendo que permitiría la segunda reelección de Álvaro Uribe marcó la política en 2009 y la contaminó de confusión. El Presidente fue ambiguo y apeló a frases como la de que tiene "enigmas en el alma", "la decisión depende del pueblo la Corte y Nuestro Señor", y "no quiero que me recuerden por perpetuarme en el poder pero hay que reelegir la seguridad democrática y la confianza inversionista". La enigmática actitud hizo que las cábalas sobre las verdaderas intenciones de Uribe coparan el debate, eclipsaran las demás campañas, y crearan un clima de incertidumbre.

Las formalidades del proceso no ayudaron a hacer claridad. Surgieron denuncias sobre irregularidades en la recolección de firmas y en su financiación, y el Congreso se demoró más de lo esperado, sobre todo en una etapa que normalmente se reduce a un pupitrazo: la aprobación de la conciliación acordada de las versiones diferentes aprobadas por el Senado y la Cámara. En esta ocasión la diferencia tiene que ver, nada menos, con la fecha en la que se podría hacer efectiva la reelección: 2010 o 2014. El año terminó con el proyecto en manos de la Corte Constitucional.

Ante el incierto panorama, los principales aspirantes a la Presidencia reaccionaron de diferentes maneras. Germán Vargas Lleras se apartó de la defensa de la reelección y aproximó a su partido -diezmado por algunas figuras que se quedaron en el uribismo- al Partido Liberal con el que haría una consulta interpartidista para unificar candidaturas. Dos ministros -Juan Manuel Santos, de Defensa, y Andrés Felipe Arias, de Agricultura- dejaron el gabinete con la curiosa posición de respaldar la tercera candidatura de Uribe pero mantener su propia aspiración, en caso de que no haya reelección. Otra figura del Gobierno Noemí Sanín, la embajadora en Londres, renunció para buscar la representación del Partido Conservador, también con la ambivalencia de, sin ser reeleccionista, apoyo a Uribe y aspiración a sucederlo.

Por su parte, los dos principales partidos de oposición, el liberalismo y el Polo Democrático, hicieron en septiembre consultas internas para escoger -en cabeza de Rafael Pardo y Gustavo Petro-  sus candidatos. En las consultas hubo apatía y baja votación, debido a la falta de claridad sobre si habrá reelección o no, hecho que cambiaría totalmente el panorama de ambas candidaturas. "Se gastaron 140.000 millones para escoger al perdedor", dijo en una entrevista Roberto Pombo, director de El Tiempo, para calificar con ironía la jornada.

Finalmente, el cuadro de candidaturas quedó conformado con la del ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, de carácter independiente. Fajardo recorrió el país sin aparatos ni organizaciones políticas, figuró en primer lugar en las encuestas urbanas, y a mediados de diciembre presentó en la Registraduría 710.000 firmas para inscribir su aspiración sin el aval de un partido. Fajardo le apunta a un centro en el que no es "uribista ni antiuribista" y no cree en la polarización.

La incertidumbre sobre la reelección ha polarizado el ambiente político. La mayoría de la población la apoya, según las encuestas, pero los editorialistas y columnistas más reconocidos, la comunidad internacional y varios exponentes clave de la élite empresarial la cuestionan por sus efectos negativos sobre la estabilidad institucional, las garantías de la oposición y la vigencia plena del estado de derecho. Un amplio número de publicaciones internacionales le ha pedido a Uribe que no se lance y que conserve la diferenciación que ha tenido Colombia con respecto a sus vecinos en términos de su fortaleza institucional.

El final del año llega sin definiciones. El Presidente, la Corte y, en definitiva los votantes -si hay referendo- deberán escoger entre dos argumentos: el de la democracia como un régimen que se basa en el sentimiento de las mayorías, o el de la democracia como un sistema de reglas de juego estable y respeto a los derechos de las minorías. La opinión pública espera expectante la llegada de 2010 porque en sus primeras semanas se sabrá cuál será el escenario en el que se llevará a cabo la campaña electoral: si hay reelección Uribe es el gran favorito y, si no la hay, prácticamente todos los candidatos que se hayan lanzado tienen alguna opción de pasar a la segunda vuelta.

Por Gerardo Aristizábal,
editor político

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