La hora de Rafael Pardo

Ilustración: Randy Mora

El anuncio del ex presidente César Gaviria de dejar la jefatura del Partido Liberal, fue sorpresivo y causó desazón. Normalmente estas noticias se filtran y se adelantan, y cuando se formalizan ya está abonado el terreno para que sean asimiladas. Gaviria y Rafael Pardo, además, son aliados de muchos años hasta el punto que el primero de ellos recibió críticas durante la campaña para la consulta interna por favorecer al segundo, por lo que se daba como un hecho que el binomio Director del Partido-Candidato Único se mantendría hasta las elecciones. Una fórmula que le evitaría a Pardo asumir el costo de otorgar avales, definir listas y atender la burocracia del partido, con la tranquilidad de que esos asuntos espinosos serían lidiados por su gestor.

La sorpresa, sin embargo, fue superada rápidamente. Gaviria y Pardo se movieron con prontitud para consolidar el respaldo al candidato, a quien le quedó abonado el camino para que el Congreso Liberal de la próxima semana no solo lo aclame como abanderado a la Presidencia, sino también como nuevo jefe de la colectividad.

Al final, el anuncio de la salida de Gaviria produjo paz en las toldas rojas. Las voces que se oponían a que fuera ratificado como director nacional se quedaron sin discurso y no podrían cuestionar el respaldo a Pardo porque la unificación de las dos posiciones en tiempos de campaña ha sido una tradición liberal. Congresistas como Héctor Helí Rojas, Carlos Arturo Piedrahíta, y Homero Giraldo intentaron convencer al ex Presidente de que siguiera al mando, pero se quedaron sin argumentos cuando en las bancadas parlamentarias de esta semana Gaviria les dejó en claro que su renuncia no tenía vuelta de hoja porque "nadie en el Partido es imprescindible y entre más renovación vean los ciudadanos, mayores serán nuestras posibilidades".

"Como Gaviria nos desautorizó para que continuáramos impulsando su nombre, Rafael Pardo debe asumir la jefatura del Partido", le dijo a CAMBIO el senador Rojas. Y la también senadora y ex precandidata Cecilia López, que ha sido una de las más fuertes críticas de la forma como son tomadas las decisiones partidistas, agregó que "la jefatura de Pardo es un hecho y espero que en sus manos el Partido dé ejemplo de apertura y democracia". Pero como la mayoría de congresistas considera que la figura del ex Presidente es fundamental por ser el liberal de más peso, puso como condición que el ex mandatario asesore al candidato en la elaboración de las listas a Senado y Cámara y en las relaciones institucionales con el presidente Álvaro Uribe.

El reto

Lo anterior no significa que el camino para Rafael Pardo sea fácil. Acumular el poder es una señal positiva en una campaña que aspira a ir de menos a más, pero también implica asumir responsabilidades adicionales. A la de ganar las elecciones en un entorno político uribista, a Pardo se le agrega la no menos fácil tarea de reconstruir al Partido y tratar de aumentar el número de 55 congresistas que tiene en la actualidad. Los problemas no son pocos: síntomas de división entre los sectores gavirista y samperista; un sector que juega con la insubordinación liderado por Piedad Córdoba, y un electorado que no ve a Uribe como contradictor del liberalismo y que, en buena proporción, está dispuesto a votar por La U o por Cambio Radical, ambos emanados del antiguo liberalismo.En algunos sectores existe también la percepción de que la candidatura no arranca. "Tenemos claro que Pardo no ha logrado capacidad de liderazgo ni tiene carisma y eso genera muchas inquietudes en relación con la fortaleza de su campaña", le dijo a CAMBIO un senador que pidió mantener su nombre en reserva.

El desafío es complejo: el candidato apenas supera el 50 por ciento de reconocimiento nacional y recoge un 8 por ciento en intención de voto. La gran pregunta es si logrará construir un impulso para crecer y sumar, y para demostrar que su candidatura es viable y cuenta con reales posibilidades de triunfo. En esa labor, Pardo ya ha consolidado el respaldo de varios de sus más duros contradictores en la consulta interna. Iván Marulanda y Aníbal Gaviria ya le ratificaron su apoyo. El joven ex gobernador de Antioquia, que en la consulta interna quedó segundo con 230 mil votos, descartó, además, encabezar la lista al Senado, como se lo propusieron el ex presidente Gaviria y el candidato Pardo.

El siguiente peldaño será el Congreso Liberal. Allí no solo será ungido Rafael Pardo, sino que se aprobará la licencia para hacer una consulta interpartidaria en marzo, que podría ser otro escalón adicional en la búsqueda de un solo candidato que se enfrente al uribismo.

Todo indica que la mayoría le apunta a un acuerdo con Cambio Radical, de Germán Vargas Lleras, el Polo Democrático y el Partido Verde, de los ex alcaldes Antanas Mockus, 'Lucho' Garzón y Enrique Peñalosa. Y con una base más amplia -bajo la hipótesis de un triunfo en la interpartidaria- los liberales aspiran a llegar a la segunda vuelta, en la que atraerían a nuevas fuerzas no uribistas. El camino es largo y tortuoso, pero ese es el único mapa de ruta posible para un aspirante a quien se le reconocen dimensiones de estadista y académico profundo, más que de manzanillo o candidato carismático.

Pardo y su círculo íntimo están convencidos de que el final de esta competencia no está escrito -como creen y afirman los candidatos del uribismo- y que de la manera como se muevan las fichas estratégicas y se maneje la campaña, realmente dependen las posibilidades de victoria. Y al menos, en teoría, los liberales tienen razón: aún hay tiempo para las apuestas.

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