Con la presentación oficial de su candidatura, avalada por 700.000 firmas recogidas por 4.000 voluntarios en todo el país, el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo se lanzó a la conquista de la Presidencia de la República, apalancado en una propuesta similar a la que lo llevó a la Alcaldía de Medellín: Compromiso Ciudadano por Colombia.
Decencia, dignidad y respeto son las palabras clave del discurso con el que ha recorrido los 32 departamentos del país en 22 meses de una campaña que comenzó en Valledupar el 18 de enero de 2008. Su objetivo es "construir una opción ciudadana para un país en donde la confusión es grande, la corrupción es rampante y la desconfianza en la política crece todos los días". Así lo aseguró este miércoles en el Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá, ante sus seguidores que lo recibieron con aplausos.
Fajardo ha hecho una campaña exitosa. Recoger 700.000 firmas es casi una hazaña, más aún cuando no ha contado con una gran organización política para hacerlo. Otros aspirantes que han buscado un camino semejante lo han tenido que abandonar. En las encuestas, además, registra una posición competitiva, cercana al primer lugar en la eventualidad de que el presidente Uribe no busque la reelección. Todo esto es una proeza para alguien que no es conocido en la esfera nacional, pues en su hoja de vida pública no registra sino una breve carrera política de 10 años en la que ganó contra todo pronóstico la Alcaldía de Medellín en 2003, y una aplaudida gestión -con 95 por ciento de aprobación.
Sin embargo, su apuesta original y sui géneris también genera inquietudes. La principal es si puede derrotar a los candidatos uribistas -como Juan Manuel Santos y Noemí Sanín- que le llevan años de ventaja en recorrido público. Tampoco es evidente que sin un partido -aunque ha construido una base de simpatizantes en casi todos los departamentos- pueda llevar a cabo una campaña para el Congreso y para la Presidencia. Finalmente, el hecho de que ha asumido una actitud neutral entre el uribismo y la oposición, para ofrecer una alternativa a la polarización política, le ha generado la crítica de que no se define y es ambiguo. Una análisis de La Silla Vacía se pregunta si Fajardo llegó a un techo que no podrá superar, o si logrará un nuevo impulso. El candidato y sus escasos asesores no tienen dudas sobre la estrategia a seguir. Si algo corroboró el inusual acto en el centro García Márquez es que en los próximos meses el ex Alcalde seguirá el mismo rumbo de los últimos meses: jovial e informal y ajeno a la puja entre uribistas y anti-uribistas. "Fajardo no genera resistencias precisamente porque su discurso no alimenta la polarización -le dijo a CAMBIO Luis Eladio Pérez, ex congresista secuestrado por las Farc y quien será la cabeza de la lista para el Senado-. Puede ser el presidente de transición que Colombia necesita".
Después del lanzamiento está previsto un segundo acto: el anuncio de un grupo de candidatos al Congreso. Más que políticos habrá dirigentes cívicos, empresarios y académicos que formarán una 'Selección Colombia'. Ya se conocen algunos nombres: el del ex concejal de Bogotá Juan Carlos Flórez; el empresario Alejandro de Lima; el escritor David Sánchez Juliao; el politólogo Fernando Giraldo y el ex ministro Germán Bula Escobar.
Con el trabajo que ha hecho hasta el momento, Fajardo ya se ganó un espacio que hace unos meses parecía muy competido y del cual ahora es dueño absoluto: el de las candidaturas independientes. Noemí Sanín y Martha Lucía Ramírez prefirieron inscribirse en la consulta interna del Partido Conservador. Los ex alcaldes de Bogotá -Antanas Mockus, 'Lucho' Garzón y Enrique Peñalosa- decidieron jugarse por otras alternativas, como el Congreso y la Alcaldía de Bogotá. En parte, Fajardo se quedó con ese territorio porque se adelantó en la compleja empresa de recolectar firmas, y también porque tuvo más acogida que los demás. El rótulo de 'independiente' es atractivo: en las encuestas Invamer-Gallup un 71 por ciento de los colombianos considera que no tiene partido, y los candidatos que ganan credibilidad en esta posición adquieren autoridad para denunciar la corrupción de la política tradicional y para enarbolar la bandera de cambio.
Por el centro
El otro espacio que Sergio Fajardo quiere ganar es el del centro del espectro. La mayoría de los votantes no está allí, sino que ha escogido entre Álvaro Uribe y la oposición. Sin embargo, la pugnacidad de la campaña y la falta de entendimiento entre el Gobierno y la oposición y el Presidente y la Corte Suprema, puede llegar a valorizar las actitudes conciliadoras y con capacidad de convocatoria. El centro, además, tiene connotaciones de equidistancia entre la izquierda y la derecha, que es una buena tribuna electoral.
En la búsqueda del centro Fajardo se encontrará con otros candidatos. En primer lugar los 'tres tenores' (los ex alcaldes de Bogotá). Y en segundo, los candidatos de oposición: tanto Rafael Pardo del Partido Liberal, como Gustavo Petro del Polo Democrático, provienen de los sectores moderados -centristas- de sus respectivas fuerzas. El ex Alcalde tendrá que competir con ellos, pero también encontrará una posibilidad de convergencia. Por parte de Fajardo, no hay intenciones de unificar su candidatura y es muy firme la decisión de ir hasta la primera vuelta. Pero podría hacer una alianza para la segunda, y aunque se podría ir tanto con el aspirante uribista como con el de la oposición, su crítica a la reelección lo acercará a la segunda opción.
El ex Alcalde de Medellín tiene, en síntesis, un amplio abanico de posibilidades y se puede pronosticar que le dará color y brillo a la campaña. Falta ver si sus críticas a la clase política tradicional le restan apoyo regional, en donde el voto partidista y cautivo todavía es muy fuerte, y en caso de que haya reelección tendría que posponer sus aspiraciones. Lo cual no parece un problema: tal como le ocurrió cuando comenzó su trabajo político en Medellín, volvería a insistir dentro de cuatro años. A sus 53, todavía le queda mucho tiempo de trasegar político. Y futuro tiene.