Discurso de Uribe en Nueva York y Boston fue muy parroquial aunque le fue bien con los empresarios

Colombia no figuró entre las preocupaciones de la Asamblea General de la ONU. Foto: Efe

Dos discursos prepara y redacta el presidente Uribe personalmente en todo el año: el del 20 de julio ante el Congreso de la República y el que pronuncia a finales de septiembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por eso, concentrado en su pequeña oficina del avión presidencial, Uribe aprovechó el tiempo que se demoró en llegar a Nueva York para darle los últimos toques a un discurso en el que necesariamente tendría que referirse al acuerdo militar con los Estados Unidos y a la difícil situación que vive Colombia con sus vecinos.

Aunque los viajes de Uribe a ese país en los últimos años han tenido como objetivo central el impulso al TLC, esta vez el centro de atención estaría en la presencia militar de Estados Unidos en las bases colombianas y en el conflicto regional entre Colombia, Venezuela y Ecuador. De allí que la intervención de Colombia en la ONU no fuera improvisada sino perfectamente preparada.

Con discreción y sin hacer referencia directa a mandatarios o países que le podrían generar problemas, su discurso terminó siendo lánguido y pronunciado ante un auditorio sin presidentes, y con pocas delegaciones atendiéndolo. La prensa internacional no mencionó una sola vez a Colombia mientras Venezuela y Brasil lograron captar la atención.

La notoriedad del presidente Hugo Chávez no es nueva y se debe a los constantes insultos que profiere en contra de cualquiera que se le atraviese. Obama y Uribe fueron objeto de sus diatribas y obviamente eso le dio la pantalla que quería. Pero los motivos que explican la figuración de 'Lula' son distintos y merecerían ser tomados como ejemplo para los colombianos que, por limitarse a mirarse el ombligo, son incapaces de conectar los temas locales con las preocupaciones mundiales. Los asuntos colombianos no aparecen entre los que ocupan de verdad a la comunidad internacional.

El mandatario brasileño habló de crisis económica pero como el asunto fundamental era el cambio climático, se enfocó en proponer soluciones y decirle al mundo que Brasil estaba listo para contribuir en la sustitución del 'nocivo petróleo' por los biocombustibles en los que ese país es pionero.

La contundencia, claridad y nitidez del mensaje de 'Lula' Da Silva produjo entusiasmo en el auditorio y proyectó a Brasil como una nación en vísperas del desarrollo.

Uribe, mientras tanto, hablaba de la recuperación de la institucionalidad, del Palacio de Justicia y la defensa de los militares, que si bien son temas fundamentales dentro del país, afuera nada importan. Sus menciones sobre el acuerdo con EE.UU., la cooperación internacional y el terrorismo, rayaban en lugares comunes que poco entusiasmo transmitieron. ¿Por qué no habló el presidente en la ONU sobre sus preocupaciones porque la guerra nuclear se trasladara a nuestro vecindario? Lo dijo tarde, después, y en un escenario que no se comparaba con el de la Asamblea General. ¿Por qué, aprovechando el rechazo del mundo a Irán, Colombia no se enfocó en evidenciar las peligrosas relaciones entre Chávez y Ahmadinejad?

El Gobierno sigue confundiendo la prudencia con el silencio sumiso y la mesa redonda con el reclinatorio. En términos de comunicación estratégica, ni el canciller Jaime Bermúdez ni sus consejeros Jorge Mario Eastman o César Mauricio Velásquez han logrado convencer a Uribe de variar su discurso como corresponde. La obsesión del Presidente por atraer la inversión y mejorar la imagen de nuestro país a nivel comercial -en lo que sigue siendo muy exitoso- debería llevarlo a asumir posiciones más creativas y menos parroquiales en lo que tiene que ver con política internacional.

Su liderazgo fue reconocido en cada reunión que sostuvo durante su viaje a Estados Unidos, su carisma le abre puertas y su lucha legítima en contra de la guerrilla y las autodefensas es bien recibida. Incluso, los representantes de la Unión Europea, de las Naciones Unidas y del Gobierno norteamericano con los que se reunió bilateralmente, reconocieron avances en materia de derechos humanos, lo que podría servirle para la aprobación del TLC que en todo caso no ocurrirá antes de que el Congreso de Estados Unidos resuelva su problema de seguridad social y salud pública. Todo ello podría ser más explotado, si Colombia se lo propusiera.

El Presidente que estrecha la mano de los directivos de Microsoft, Avon o Telefónica y el que se reúne con empresarios colombo-americanos, es admirado y exaltado por sus logros internos, no cabe duda.  Sin embargo su mensaje en foros internacionales sigue quedándose corto y Colombia, hay que decirlo, no aparece en la agenda política del mundo.

Por José Manuel Acevedo,
analista.