"Ganar la consulta era lo fácil", le dijo a CAMBIO Gustavo Petro, el candidato presidencial del Polo Democrático, quien desde el momento mismo de su victoria, el domingo pasado en la noche, lanzó una ofensiva de contactos para poner en marcha la estrategia que tenía prevista para los próximos meses: consolidar la unidad del Partido y buscar una coalición de fuerzas que se oponen a la reelección de Álvaro Uribe. Casi nadie creía en su victoria. Carlos Gaviria había liderado todas las encuestas y concentraba el apoyo del 70 por ciento de la base del Partido que, en su última reunión, en el II Congreso Nacional de febrero, había arrollado a los simpatizantes petristas. El ex alcalde de Bogotá, 'Lucho' Garzón, ante un panorama tan sombrío prefirió hacer mutis por el foro y abandonar las toldas polistas, pues consideraba que su permanencia solo serviría para legitimar la inevitable candidatura de Carlos Gaviria.
Petro, en cambio, reunió a su equipo y le dio instrucciones de diseñar "una campaña para ganar". Con un análisis riguroso sobre las fortalezas y debilidades propias y del rival, puso en marcha una campaña heterodoxa, "de la calle", y de la mano de una publicidad con su imagen al estilo de Andy Warhol diseñada por Daniel Winograd. Las actividades proselitistas consolidaron la metamorfosis de Petro, quien se ha movido hacia el centro del espectro ideológico y se convirtió en crítico del radicalismo, el sectarismo y el clientelismo del otro sector del Partido. Días antes de las elecciones, quien hace 10 años era considerado el contacto más cercano de Hugo Chávez en Colombia, cuestionó al mandatario venezolano y repitió varias veces que "sus ataques a Álvaro Uribe son contra todo el pueblo colombiano".
El triunfo de Petro, según sus propias palabras, tuvo tres características principales: primero, la volteada a su favor de las bases polistas del Valle "para cobrarle al Partido el sectarismo con que manejó la elección para la Alcaldía de Cali, cuando le negó el apoyo a Jorge Iván Ospina". Segundo, el apoyo de la Costa donde él tiene sus raíces y donde las víctimas del paramilitarismo se han sentido interpretadas por sus intervenciones en el Senado. Y tercero, un voto castigo a la administración de Samuel Moreno que, para algunos grupos, puede afectar al Polo si mantiene sus bajos índices de popularidad y la imagen de clientelista.
Pero hay otros factores. Por ejemplo, que la campaña de Gaviria no llegó a plena marcha porque sus gestores pensaron que el triunfo estaba seguro. "Hubo exceso de confianza y sobradez", reconoce el senador Jaime Dussán, quien apoyó a Gaviria y el triunfo de Petro le significó dejar la presidencia del Partido. Lo cierto es que grupos de la colectividad se cambiaron a las huestes de Petro -en particular, seis concejales de Bogotá- y el magisterio también se dividió y no acompañó a Gaviria con el entusiasmo con que lo había hecho hace cuatro años.
Lo que viene
Si triunfar en la consulta no fue fácil para Petro, lo que viene tampoco lo será. El contexto general favorece al uribismo y la baja votación en las consultas de los partidos de oposición ratificó esa realidad. Hay apatía en el electorado frente a las alternativas de cambio y, además, la situación interna del Polo presenta una división profunda que es el primer gran reto que enfrenta el nuevo candidato presidencial. Una división profunda frente a la concepción de lo que debe ser y hacer la izquierda: el ala de Petro es moderada, hasta el punto de que es tachada por la otra como de "derecha uribista", concepto que, palabras más palabras menos, ratificaron las Farc en un despacho de Anncol, en el que descalificaron duramente el triunfo del Polo y, de paso, le hicieron un flaco favor a Gaviria y los sectores que representa, los mismos que han sido criticados por sus posiciones ambiguas frente a la guerrilla.
La principal fuente de discordia -la alianza con otros partidos antes de la primera vuelta presidencial- no tiene una solución sencilla. Se ha convertido en un punto de honor y la redacción de la decisión que adoptó el II Congreso Nacional en febrero es ambigua y sirve tanto para apoyar la posición de los petristas -que buscarán la coalición- como la de los que quieren llegar a la primera vuelta con candidato propio. Petro busca consolidar la unión en torno a su nombre y salir a buscar aliados, pero la misión es ardua. "No se puede negar la contradicción entre la correlación de fuerzas que hubo en la consulta entre las dos tendencias, que fue 50-50, y la interna del Partido, que es 70-30 en contra de Petro", dice Dussán. En plata blanca, esto significa que una cosa es haber logrado la candidatura y otra muy distinta quién maneja el Partido, que es una disputa pendiente.
La que viene para Petro será la batalla de su vida. La candidatura oficial le da oportunidad de mostrar su habilidad política, su conocimiento profundo de los grandes temas nacionales y una imagen de renovación que apenas comienza a despertar. Si algo demostró su victoria es que en política caben las sorpresas "Con Petro, el Polo manda el mensaje de un partido con futuro", dice el concejal Carlos Vicente De Roux. ¿Bastará todo esto para que un ex guerrillero triunfe en un país uribizado? Esa es la gran pregunta y la respuesta está exclusivamente en las manos de Gustavo Petro.