El destape del Presidente ante sus aliados parece ser tardío, y puede que esta vez se quede con el pecado y sin el referendo.
Nadie le puede negar al presidente Álvaro Uribe una enorme creatividad para inventar fórmulas ambiguas sobre su decisión de buscar una nueva reelección. La de buscar la continuidad de la seguridad democrática pero no su perpetuidad en el poder, por ejemplo, la de promover candidaturas entre sus seguidores más cercanos, y la más reciente: la de las encrucijadas de su alma. Con esas expresiones ha podido, a la vez, dejar abiertas las puertas de un tercer periodo y eludir la responsabilidad de torcerle el cuello a la Constitución en su favor.
Pero todo indica que se acabó el tiempo en el que la vaguedad era posible. A juzgar por los testimonios de los congresistas que el martes pasado asistieron a la Casa de Nariño con el Presidente, la instrucción precisa de palacio es definir cuanto antes -y a favor- la suerte del referendo. Uribe, según alguna de esas versiones, también dijo que si hay referendo, será candidato. Varias interpretaciones coincidieron en que con estas reuniones -única forma de salvar el moribundo referendo- el mandatario se quitó la hoja de parra. Mientras para El Nuevo Siglo el "Presidente ordena acelerar el referendo", El Tiempo fue más lejos: "Uribe Sí quiere el referendo".
Sin excepción, los cerca de 50 senadores y representantes del Partido de la U que se reunieron con el mandatario coincidieron en que nunca Uribe había sido tan explícito en su interés por la aprobación del referendo. Un afán en el que no está solo, pues coincide con la ofensiva que se ha desatado desde distintos flancos para presionar al Congreso a que destrabe el proceso de conciliación entre los textos que aprobaron el Senado y la Cámara, los cuales difieren sobre la fecha en la que Uribe podría ser candidato: 2010 o 2014.
Y como los 50 miembros de la comisión de conciliación -25 por cada cámara- no han votado un texto unificado por el temor que le tienen a la Corte Suprema de Justicia, que adelanta una investigación preliminar contra los 86 representantes que votaron en diciembre el referendo, dirigentes uribistas como Rodrigo Rivera y José Obdulio Gaviria están adelantando una campaña para que, independientemente de las decisiones del alto tribunal, el proyecto de ley sea aprobado cuanto antes.
En una carta que les envió la semana pasada a cada uno de los 102 senadores y 166 representantes, Rivera dice: "Usted tiene una enorme responsabilidad y el desafío de actuar con absoluta libertad, teniendo en cuenta la voluntad popular, al momento de votar la ley. El pueblo, que quiere ser escuchado, estará atento para premiar o reprochar en las elecciones de 2010 a nuestros representantes en el legislativo".
Para complementar la presión que hay sobre el legislativo, Luis Carlos Restrepo, director del Partido de la U, aseguró que el Presidente les dijo en la reunión "que independientemente de que el Congreso diga sí o no, lo que no sería aceptable es que rehuya a su responsabilidad y simplemente no tome una decisión por temor". Según Marcela Prieto, directora del Instituto de Ciencia Política, "es claro que el Gobierno y otros sectores están presionando a los congresistas de La U y de todos los partidos de la coalición para que saquen de una buena vez el referendo".
Las trabas
Consciente del temor que tienen sus aliados en el Congreso de votar el referendo por las decisiones que pueda tomar la Corte Suprema, el presidente encomendó al ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, la difícil labor de conseguir los votos que saquen avante la iniciativa. Valencia Cossio corre contra el reloj: él mismo fijó el plazo del 18 de agosto como fecha límite para que el referendo sea aprobado y pase a revisión de la Corte Constitucional.
En la reunión que sostuvo este miércoles en la mañana con todos los directores y voceros de los partidos de la coalición gubernamental, el Ministro recordó lo que el propio Uribe les había dicho horas antes: "Aquí lo que hay que tomar son decisiones políticas". Sin embargo, antes que la suerte de Uribe, los congresistas están pensando en su pellejo "porque en esa pelea que tiene el Presidente con la Corte Suprema, los que podemos salir damnificados somos nosotros si votamos el referendo", le dijo a CAMBIO un representante de La U que es asiduo visitante de la Casa de Nariño.
Que la oposición se oponga al referendo vaya y venga, pero que los propios uribistas jueguen a dos bandas llama más la atención. "A Palacio van todos a rasgarse las vestiduras y a decir que están con Uribe, pero cuando llegan al Congreso no aparecen en la reunión de conciliadores porque ya tienen otro interés", le dijo a CAMBIO un senador uribista que sostiene que así el Gobierno consiga los 26 votos que necesita en la Comisión de Conciliación, "en la plenaria de la Cámara no veo que se alcance la mayoría requerida para aprobar el referendo".
Excepto por la manifestación más clara del Presidente, que sigue haciendo en privado y solo frente a sus aliados, lo cierto es que el panorama del referendo sigue nublado y tiene el tiempo en contra. Los signos vitales permiten decir que está vivo, formalmente no está muerto, y falta ver si la bendición presidencial hace el milagro de salvarlo.
Pero han pasado varias semanas y han surgido muchos enredos: cuando comenzó el proceso de recolección de firmas los promotores calculaban que más o menos para esta fecha se podría llevar a cabo la consulta electoral. El cronograma que resta -conciliación, plenarias en cada cámara, revisión de la Corte Constitucional, organización de la consulta por parte de la Registraduría- es tan largo como complejo. Si todo sale bien, el referendo prácticamente se haría en vísperas de las elecciones. Lo cual genera inquietudes sobre la marcha del debate electoral y los efectos institucionales, y también convierte a los aspirantes -incluso del uribismo- en jefes de debate del No a la reelección.
La capacidad de maniobra del Presidente es significativa, sin duda, y todo indica que decidió jugarse a fondo. Pero puede ser muy tarde y no se debe descartar que esta vez se quede con el pecado y sin el género. Las tribulaciones del alma le duraron mucho.