Obispos hacen oposición al Presidente más creyente en años

Reunidos en Bogotá durante toda la semana, cerca de 100 obispos analizan el acontecer nacional, no solo en temas de evangelización sino sociales y políticos. Foto: Milton Díaz / Cambio

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¿La Iglesia en contra del presidente Uribe? La simple afirmación resulta sorprendente. Ningún mandatario había mostrado actitudes de creyente con tanta devoción. Los colombianos lo han visto rezar, arrodillarse en una iglesia y dar muestras permanentes de fe. Su famoso discurso de que los jóvenes deben aplazar 'el gustico' ha tenido más impacto que cualquier sermón desde un púlpito, y su obsesión de penalizar la dosis personal de drogas parece dictada desde El Vaticano.

Uribe ha sido el presidente de mayor sintonía con los preceptos y dogmas de la Iglesia católica, hasta el punto de que ha recibido críticas porque parece olvidar que Colombia es un Estado laico. Por eso resultan tan llamativas las declaraciones de los obispos reunidos esta semana en Bogotá, en contravía de la línea política del actual mandatario. El arzobispo de Bogotá, cardenal Pedro Rubiano Sáenz -el mismo de la metáfora del elefante en el Proceso 8.000 durante el gobierno de Ernesto Samper- se fue lanza en ristre contra la reelección. "Sería inconveniente tenerlo en un tercer periodo presidencial consecutivo", dijo.

Los jerarcas de la Iglesia también propusieron un encuentro 'cara a cara' con las Farc, una verdadera herejía para el credo uribista. Mientras el Presidente aceptaba el retorno de la senadora Piedad Córdoba como mediadora, con condiciones poco realistas como que las liberaciones de todos los secuestrados sean en un mismo tiempo, la Iglesia planteaba: "Que nos pidan de una forma más seria nuestra colaboración". La frase tiene doble carga de profundidad: por un lado, propone una estrategia distinta a la del Gobierno -el diálogo- y por otro, expresa una queja por la función limitada que le ha fijado el Ejecutivo.

¿Se han distanciado el Gobierno y la Iglesia? El cardenal Rubiano minimiza el tono y dice que "las relaciones son cordiales pero independientes y por eso le hablamos (al Presidente) con franqueza, sin olvidar nuestra misión evangelizadora y de responsabilidad social". Y anticipándose a un nuevo debate, monseñor Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja, sostiene: "Nadie nos puede decir que no nos podemos meter en política, porque lo hacemos en el día a día, con el cuidado de no entrometernos en asuntos partidistas".

El constitucionalista Juan Manuel Charry considera que, a pesar de todo, las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia pasan por un buen momento: "Aunque tiene menor protagonismo público, creo que la Iglesia católica, y sobre todo el Opus Dei, tiene una gran influencia en el entorno íntimo del Presidente, quien cuenta con un ministro que vive en una comunidad religiosa y un secretario de Prensa que es confeso miembro del Opus".

Independientemente de la cordialidad de las relaciones, es evidente que  el protagonismo de la Iglesia ha disminuido y  que su participación en política es menos visible. "El Presidente es muy celoso en temas de paz y no le gusta que nadie se meta porque cree más en la mano dura que en el diálogo", le dijo a CAMBIO un obispo que pidió reserva de su nombre.

Y en cuanto a su ascendencia en la sociedad, monseñor Víctor Julio López, obispo de Girardot, dice que les preocupa haber perdido influencia. "Eso nos motiva a hacer análisis sobre nuestro papel -afirma-. En pocos años, pasamos en las encuestas de ser la institución más respetada a ocupar el sexto o séptimo lugar".  Un fenómeno que monseñor Fabián Marulanda explica por la progresiva desacralización que se ha dado en el mundo. "Hoy la gente no reconoce ídolos ni se doblega ante las personas por ser quienes son -dice-, incluidos los obispos". Asegura que la Iglesia es consciente de las dificultades y advierte que no va a renunciar al propósito de que Colombia sea un país más equitativo donde la vida recupere su condición de valor supremo.

Sería exagerado concluir que la Iglesia y el Gobierno están en conflicto. La posición de los obispos contra la reelección no es nueva y se suma a la que en el mismo sentido han expresado importantes dirigentes empresariales y políticos. Y en cuanto a las diferencias en el tratamiento a la guerrilla también son de vieja data y resulta lógica que la actitud pro diálogo de la Iglesia choque con el discurso de mano dura de la seguridad democrática de Uribe.

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