Junio 24 de 2009

El Presidente se puso la camiseta

Se le agotó la estrategia de pasar de agache frente al referendo, y para intentar salvarlo tendrá que asumir un enorme riesgo político.

El jueves 18 de junio, el representante Roy Barreras le pidió una cita extraordinaria al presidente Uribe. Quería  hablarle sobre el proyecto de referendo, cuya suerte depende de la conciliación entre la Cámara y el Senado. Barreras le manifestó que estaba muy pesimista frente a la suerte de la iniciativa, sobre todo por lo que llamó "actitud dilatoria" del presidente de la Cámara, Germán Varón. "Con ese señor en la presidencia -le  dijo Barreras a Uribe-, es imposible sacar adelante la conciliación".

Al final de la reunión en el despacho presidencial, el representante le dijo al Presidente que quería compartir sus inquietudes con otros miembros del uribismo. Durante el fin de semana, Barreras fue informado desde Palacio que sus deseos serían cumplidos y que el Presidente aceptaba recibir a varios de sus aliados políticos para conocer su opinión sobre el tema.

La cita fue el martes 23 de junio a las 7:30 a.m. en la Casa de Nariño. Al llegar a Palacio, Barreras  se encontró con el ex senador Rodrigo Rivera y el presidente del Partido de la U, Luis Carlos Restrepo, que también habían sido convocados al encuentro. A eso de las 8:45 llegaron el precandidato conservador Andrés Felipe Arias y el ex ministro Juan Lozano, y un poco más tarde Bernardo Moreno y el asesor Jorge Mario Eastman.

El principal tema de la reunión, que se prolongó hasta las 10:15, fue el fortalecimiento de los partidos de la coalición con miras a sacar adelante el referendo. "Fundamentalmente nos enfocamos en lo que tiene que ver con el Partido de la U y el Partido Conservador", le dijo a CAMBIO uno de los asistentes al encuentro. Y con respecto a otros partidos de la coalición, como Cambio Radical, hubo consenso en el sentido de que Germán Vargas es "un contradictor del Gobierno y va a terminar en las filas del Partido Liberal", y que la tarea con los congresistas de esa colectividad era convencerlos para que ingresaran a las toldas de la U.

Póquer uribista

El referendo y el fortalecimiento de los partidos uribistas no fue el único tema de la reunión. Uno de los asistentes puso sobre la mesa el de los candidatos y el mecanismo para seleccionar a uno de ellos en caso de que naufrague el referendo. Cinco fueron los nombres mencionados: Juan Manuel Santos y Rodrigo Rivera de La U, y Andrés Felipe Arias, Carlos Holguín y Noemí Sanín -sugerido por el Presidente- del Partido Conservador. Tras descartar la posibilidad de hacer una encuesta para escoger al candidato de la coalición oficialista, llegaron a la conclusión de que el mecanismo mejor era una consulta interpartidista.

Los asistentes coinciden en afirmar que el Presidente mantuvo siempre una actitud prudente y que se limitó a hacer preguntas sobre cada uno de los temas tratados y que antes de dar por terminada la reunión, los convocó nuevamente para las 12:00 del medio día.

A esa reunión asistió Fabio Valencia quien, a diferencia de Barreras, se mostró más optimista con la suerte del referendo y sostuvo que confiaba en su labor de persuasión a los congresistas, atemorizados porque la Corte Suprema les abra  investigación por haber votado a favor del referendo.

Todos estuvieron de acuerdo en que las decisiones de la Corte, que calificaron como "políticas", han logrado intimidar a buen número de congresistas de la coalición. El ex senador Rivera fue particularmente crítico del comportamiento de algunos de ellos. "La agresividad de los enemigos del referendo y la pasividad de los amigos tiene a punto de naufragar la iniciativa -dijo-. Lo que está en juego es la suerte de la seguridad democrática".

Pero la exposición del Ministro y su optimismo sobre la suerte del referendo, que aspira tener aprobado en la primera semana de agosto, cambiaron el estado de ánimo hasta el punto de que, al cierre de la reunión, todos se comprometieron a jugarse a fondo para sacarlo adelante. "El referendo es la expresión de la mayoría y nuestro compromiso es que ese deseo se cumpla", afirmó Barreras como conclusión.

Jugado a fondo

La cumbre deja en claro que al presidente Uribe se le está agotando la estrategia de aparecer como desinteresado del proyecto y que se trata de una iniciativa popular que no puede desconocerse. Son tan graves y difíciles los obstáculos que enfrenta el referendo, que solo la intervención directa de Uribe permite mantener la esperanza de que saldrá avante. Pero el precio es alto, pues su presencia alimenta la crítica de los opositores que lo acusan de utilizar el poder en beneficio propio. "La Presidencia se convirtió en una sede política", dijo el senador liberal Juan Fernando Cristo y pidió al Procurador que abra una investigación por participación indebida en política.

Conocidos los detalles del encuentro de la Casa de Nariño, pierde peso la hipótesis de que Uribe no tiene que ver con la iniciativa. Hasta ahora, su silencio y la apelación a un discurso contradictorio y ambiguo -"lo que importa es la continuidad de las políticas", "tengo tribulaciones en el alma", etc.- había permitido mantener la caña. Los críticos de la reelección solo habían podido señalar, como pruebas de su interés en su reelección, la convocatoria a sesiones extras del Congreso en diciembre para salvar el proyecto, y la venganza burocrática contra Cambio Radical por no haberlo apoyado.

Pero el referendo hace agua y en la etapa de trámite parlamentario quedó claro el desgano de las bancadas de la coalición frente a la iniciativa. El temor a la Corte, el desacuerdo con la segunda reelección, y las simpatías por otros aspirantes de la U y del conservatismo, desactivaron las mayorías uribistas. Y ocurrió lo de siempre: el Presidente tuvo que intervenir para imponer disciplina. No lo hizo en una reunión amplia -los riesgos de filtración son enormes-, sino en una con el círculo más proclive a la reelección.

Las posibilidades de aprobación del referendo, sin embargo, van en caída libre. Por eso en la cumbre de Palacio tuvieron que pensar en el Plan B: elección de un candidato único en octubre. Pero en el horizonte hay aún más obstáculos que serán insalvables si Uribe no se juega más a fondo. Si la iniciativa supera los últimos pasos por el Congreso y la Corte Constitucional, el mayor de todos será obtener el volumen de participación exigido -más de 7,2 millones de votos-,  muy poco probable si, como en el referendo de 2003, Uribe no vuelve a salir a hacer campaña. Y eso significa entrar en los terrenos movedizos que el Presidente siempre quiso evitar con su silencio.

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