Cecilia López Montaño y Héctor Elí Rojas, del Partido Liberal; Martha Lucía Ramírez como independiente, y Gustavo Petro, disidente del Polo Democrático, tienen un denominador común: son senadores y aspiran a llegar a la Casa de Nariño.
Desde esa doble condición de senadores y candidatos asisten a foros, dictan conferencias, son entrevistados por los medios y recorren el país explicando sus propuestas y reclutando gente.
Pero el hecho de que miembros activos del Congreso tengan simultáneamente aspiraciones presidenciales genera inquietudes y molestias entre sus colegas.
Por ejemplo, el senador Camilo Sánchez se quejó ante el jefe del Partido liberal, César Gaviria, y le dijo: "Los que aspiran a la Presidencia siendo senadores lo que buscan es reencaucharse y si les va mal volver al Congreso, como hizo Cecilia López en la campaña pasada".
La molestia es compartida por numerosos congresistas de todos los partidos. No solo creen que una campaña presidencial necesita dedicación de tiempo completo, como la que están desarrollando Sergio Fajardo, Alfonso Gómez Méndez, Rafael Pardo y Germán Vargas Lleras -renunció hace más de un año-, sino que aseguran que los senadores-candidatos gozan de ventajas y privilegios que no tienen sus contendores: oficina en el Congreso, asistentes que trabajan es su Unidad Legislativa y ponen al servicio de sus campañas, y un sueldo cercano a 22 millones de pesos mensuales.
Sostienen, para rematar, que los que no se desprenden de sus curules están reconociendo en el fondo que no tienen posibilidades de ganar, y que si bien no existe impedimento legal o constitucional para desempeñar la doble condición, están aprovechándose para sacar ventajas electorales.
No todos los congresistas les tiran rayo a los colegas candidatos. "No veo nada de malo en que los congresistas sean candidatos presidenciales -dice el representante David Luna-. No creo que deba haber restricciones para la participación en política".
No está de acuerdo con esta apreciación el senador Samuel Arrieta, presidente de Convergencia Ciudadana, quien asegura que nadie puede negar que tienen ventajas comparativas frente a los demás candidatos y que "lo sano hacia el futuro es que quede establecido que el congresista que aspire a la Presidencia de la República debe renunciar a la curul".
Esfuerzo doble
Los senadores-candidatos se defienden con el argumento de que, más que ventajas, sus candidaturas les exigen doble esfuerzo pues tienen que cumplir con sus actividades legislativas y recorrer el país promoviendo sus ideas.
"Nos toca dividir el tiempo para alcanzar a hacer las dos cosas -afirma Gustavo Petro-. En los días de comisión y plenaria no podemos fallar".
Por su parte, Cecilia López le dijo a CAMBIO que está en campaña presidencial y que no renuncia a la curul porque tiene un compromiso con sus electores, pero aseguró que no volverá al Senado. "Me encerré tres meses a hacer mi programa de gobierno porque primero voy por la candidatura liberal en la consulta interna y luego por la Presidencia -aseguró-. No estoy pensando en un plan B".
En cuanto a la utilización de recursos públicos por su condición de congresistas, López y Petro coinciden en que en la campaña a la Presidencia no pueden hacer uso de los elementos que tienen para su servicio. "Nos toca abrir oficina aparte y conseguir colaboradores, no podemos usar ni los teléfonos ni los faxes del Senado porque estaríamos violando la ley", señala López.
Pero es evidente que los senadores-candidatos tienen tribuna asegurada porque pueden hacer debates en el Congreso y además cuentan con la innegable ventaja del fuero parlamentario: decir lo que quieran sin ser juzgados por ello.
En cambio, los otros candidatos tendrían que responder, por ejemplo, por delitos de injuria o calumnia ante juzgados y tribunales. Y en caso de problemas penales, serían investigados por la Corte Suprema, el juez natural dado su fuero.
El debate sobre las ventajas que tienen los congresistas que participan en la contienda presidencial no es nuevo. Se dio en la de 2006, cuando seis senadores entraron en la competencia: los liberales Rafael Pardo, Rodrigo Rivera, Cecilia López y Andrés González, y los polistas Carlos Gaviria y Antonio Navarro.
Cecilia López renunció a mitad de camino por petición del ex presidente César Gaviria y encabezó la lista al Senado, y González y Navarro, tras ver naufragar sus aspiraciones, buscaron las gobernaciones de Cundinamarca y Nariño, respectivamente, y ganaron.
La controversia está sobre el tapete. Mientras los senadores-candidatos mantengan la doble condición, muchos colegas seguirán pensando que algunos de ellos solo buscan pantalla y presencia en los medios para cotizarse y sentar las bases para aspirar a otros cargos de elección popular -alcaldías y gobernaciones-, e incluso a nombramientos en ministerios.
Y temen que si eventualmente alguno quisiera volver al Senado, la campaña servirá para sacar ventaja y quitarles votos en sus regiones.