(Página 1 de 2)
Una vez termine la Semana Santa, el presidente Álvaro Uribe empacará maletas para ir a Venezuela y devolver así la visita que a comienzos del año le hizo el presidente Hugo Chávez en Cartagena. Con este viaje, Uribe sumará ocho en los primeros meses de este año, lo que comparado, por ejemplo, con los tres que hizo en el primer trimestre de 2003, marca un contraste evidente. Si en los años iniciales de su primer mandato le dio prioridad a la agenda interna sobre la internacional con el argumento de que no quería descuidar los asuntos domésticos, ahora la situación es diferente.
La decisión de Uribe está relacionada con un programa diseñado hace año y medio en forma conjunta entre la Casa de Nariño, el Palacio de San Carlos y el Ministerio de Comercio Exterior, con el fin de mostrar a Colombia como un país seguro y confiable desde el punto de vista jurídico para los interesados en invertir en la región. "La apretada agenda internacional que ahora tiene el Presidente obedece a la necesidad de llevar el mensaje de lo que es Colombia, bien sea a Estados Unidos, Europa o Latinoamérica -le dijo a CAMBIO César Mauricio Velásquez, secretario de Prensa de la Presidencia-. El contenido de esos viajes, que en promedio duran dos días, es básicamente económico y comercial y pretende consolidar negocios".
En medio de la crisis global y de la desaceleración económica interna, el mandatario tiene la convicción de que Colombia es un territorio atractivo para el sector privado. Por eso, en la pasada Asamblea del BID en Medellín, dijo en tono jocoso: "La plata que no han invertido por allá en esas 'pirámides' de Estados Unidos, tráiganla a Colombia que acá lo que hay es seguridad para la inversión".
Tras meses de insistir neciamente en el blindaje de la economía nacional, el equipo gubernamental tiene hoy claro que el país no ha sido inmune al vendaval de la crisis internacional y que sus secuelas -reducción de las exportaciones y de la llegada de divisas- empiezan a sentirse, a lo que se suma el descenso de la producción interna. Por eso el Presidente no quiere ahorrar esfuerzos para consolidar alianzas estratégicas y buscar oportunidades de convencer de negocios a otras naciones. "Para este propósito, el mejor vendedor que tiene el país es el Presidente", sostiene el secretario Velásquez. Por eso, en muchas de sus giras el Presidente viaja acompañado por dirigentes gremiales que no le pierden el paso.
Si bien el tema económico es el que hoy ocupa la mayor atención del Gobierno, el discurso contra la guerrilla no ha bajado de tono. Uribe aprovecha cuanta ocasión se le presenta para insistir en que gracias a la política de seguridad democrática y el combate sin tregua contra las Farc, el país recuperó la que él mismo llama "confianza inversionista". Y aunque en ello puede haber algo de cierto, la verdad es que, como aseguran reconocidos especialistas, lo sucedido estuvo relacionado tanto con la coyuntura de bonanza económica internacional, como con los éxitos contra la guerrilla.
Vendedor a domicilio
Pero como llegó el momento de las vacas flacas aquí y en el exterior, Uribe decidió cambiar de énfasis en la estrategia. Parte de su discurso radica en que el país tiene ventajas que lo dejan en una mejor posición que sus vecinos a la hora de recibir capitales foráneos y que las importantes entradas del 2008, cercanas a los 10.000 millones de dólares, reflejan un cambio objetivo en las condiciones nacionales. En otras palabras, Uribe considera que a pesar de todas las dificultades que tiene el país, su gobierno ha avanzado bastante en poner la casa en orden y ahora su prioridad radica en que los invitados se sientan a gusto y tengan la certeza de que Colombia respeta y consiente la empresa privada y la inversión foránea.
De manera complementaria, lo ocurrido también está relacionado con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, sobre todo por el celo que produce en el nuevo gobierno estadounidense el tema de los derechos humanos y su negativa a remitir el TLC al Congreso para que este lo ratifique. Con el arribo de los demócratas al poder en los Estados Unidos, el presidente Uribe dejó de ser el niño mimado de ese gobierno en la región y por eso el mandatario colombiano intenta diversificar sus contactos en otras latitudes.
Sin embargo, para algunos sectores de oposición en el Congreso, como el Partido Liberal, si bien es cierto que el Presidente ha intensificado sus visitas al exterior, sostienen que lo hace más por necesidad que por convicción. "El Presidente estaba confiado en que con ser aliado incondicional de George Bush le bastaba -le dijo a CAMBIO la senadora Cecilia López- , pero el cambio de gobierno en Estados Unidos y la crisis económica que afecta a todo el mundo, lo puso a recomponer la bilateralidad de sus relaciones".