Todo el mundo se mete en los terrenos del canciller Jaime Bermúdez

Ilustración: Randy Mora

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Los Santos, Francisco y Juan Manuel, tienen acorralado al canciller Jaime Bermúdez, quien en menos de dos semanas ha tenido que desmentir al Ministro de Defensa, y a su primo el Vicepresidente. Los temas no han sido de poca monta: las declaraciones del Mindefensa sobre la legitimidad de las acciones del Ejército en territorios extranjeros cuando se trata de perseguir terroristas, afectaron las relaciones con Ecuador y Venezuela, y la propuesta del 'Vice' de replantear las relaciones bilaterales y terminar el Plan Colombia, las relaciones con Estados Unidos.

Bermúdez reaccionó en ambas ocasiones para calmar las aguas. Al fin y al cabo estaban en juego las relaciones más importantes para el país, y las salidas de los dos Santos fueron inoportunas. El malestar que le causó la declaración del ministro Santos al presidente Hugo Chávez eclipsó el buen ambiente que había dejado la reciente cumbre que el mandatario venezolano sostuvo con Uribe en Cartagena. Y la sorprendente propuesta del Vicepresidente sobre el Plan Colombia salió al aire cuando acababa de llevarse a cabo un esperado encuentro entre el canciller Bermúdez y la secretaria de Estado Hillary Clinton, que fue considerado un primer intento para abrir las puertas de la administración Obama.

Las desautorizaciones de Bermúdez a los primos Santos también buscan marcar territorios. En teoría, la Cancillería debe ser la única voz del Gobierno en la materia y debe coordinar y centralizar su manejo, y es la entidad que, por excelencia, acompaña al Presidente, quien como jefe del Estado concentra la responsabilidad del manejo de la política exterior. En las normas y en la tradición, la multiplicación de interlocutores con la comunidad internacional debilita la capacidad de negociación del país.

Por eso a los dos Santos les llovieron todo tipo de críticas y recibieron jalones de oreja públicos del propio Presidente de la República. En relación con el caso más reciente, el de la propuesta del Vicepresidente de acabar el Plan Colombia, El Colombiano de Medellín editorializó: "Vicepresidente. Su misión no es hablar y hablar", y El Tiempo opinó: "No sobra pedir que sea solo una la voz sobre asuntos tan delicados de política exterior".

La ex Ministra de Relaciones Exteriores María Emma Mejía considera que con lo que está pasando la Cancillería pierde capacidad para liderar la política exterior. "Al Canciller solo le queda reaccionar para salvar lo que ha logrado después de un gran esfuerzo -dijo-. Se está convirtiendo en un apaga-incendios".

Así las cosas, el punto clave tiene que ver con las posibilidades de centralizar el manejo de los asuntos externos para planear una estrategia favorable a los intereses nacionales. A principios de 2007, la entonces canciller María Consuelo Araújo, quien tenía como una de sus prioridades organizar el Ministerio y poner orden en la casa, propició la Directiva Presidencial 001 que establecía la vocería única del Canciller en los temas de  política exterior. "Eso se está quedando en el papel", afirma Mejía.

Del dicho al hecho

Si bien en las críticas a los altos funcionarios han surgido ejemplos como el de Itamaraty, la famosa y muy profesional cancillería brasileña, también es cierto que la monopolización absoluta de la política internacional no siempre es factible. "Lo que pasa aquí pasa en todas partes  -asegura la profesora Sandra Borda, de la Universidad de los Andes, autora de una tesis doctoral sobre comunicación y política exterior-. Es irreal que no haya interlocutores diversos ante países como Estados Unidos, con el que hay temas tan diversos y variados".

Borda considera que es necesario redefinir el papel de la Cancillería. Y la verdad es que en un mundo globalizado, donde muchos asuntos nacionales tienen una dimensión internacional, es imposible que un ministerio conozca y tramite todos los vínculos con el exterior. En los últimos años han proliferado oficinas que se encargan de lo externo dentro del propio Gobierno Nacional y también en las gobernaciones y alcaldías. "Hoy en día hasta la oposición y los congresistas van al exterior a buscar apoyo para sus proyectos", dice Patti Londoño, experta que trabaja en la Vicepresidencia.

De hecho, hay discusiones que involucran a otros países y sobre los cuales la Cancillería no tiene conocimiento ni información. La semana pasada se llevó a cabo la cumbre de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) y la delegación colombiana la presidió el ministro del Interior, Fabio Valencia, quien es el que maneja esos temas. Y en el reciente examen que hizo el Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre la situación colombiana, fue el vicepresidente Santos quien viajó en nombre del país. Sin  ir muy lejos, al encuentro de Unasur en Santiago de Chile, donde fue creado el Consejo de Defensa, los países enviaron a sus ministros de Defensa y no a sus cancilleres. "La Cancillería, si acaso, puede ser el portavoz único pero ya no la que decide todo", sostiene Borda.

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