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La estrella de Germán Vargas Lleras se ha opacado en los últimos meses. Sus relaciones con el presidente Uribe son cada vez más distantes; algunos congresistas de su partido, Cambio Radical, están más cerca del uribismo que de su propio jefe, y con el liberalismo, su antigua casa, la situación no es miel sobre hojuelas y por eso la posibilidad de una participación suya en la consulta popular roja ya no parece viable. Además, sus meses de ausencia del país el año pasado -un sabático académico en España- fueron aprovechados por dos de sus eventuales contendores del uribismo -el ex ministro Andrés Felipe Arias y el ministro de Defensa Juan Manuel Santos- que ahora lo aventajan en las encuestas.
El ex senador había crecido en los últimos años gracias a una fórmula exitosa: la posición dura contra las Farc y su cercanía con Uribe. Pero eso ha cambiado, pues ya no tiene el monopolio de la mano firme porque los precandidatos uribistas acogen el discurso de la seguridad democrática, y tampoco cuenta con el apoyo de Uribe que parece más inclinado por 'Uribito' su pupilo. Con la proliferación de candidaturas uribistas, retirado del Senado y ante la perspectiva -así sea ambigua- de otra reelección inmediata, Vargas Lleras se ha quedado sin espacios.
Las últimas noticias no han sido buenas para Cambio Radical, que se ha visto debilitado por las deserciones de la senadora Nancy Patricia Gutiérrez y del representante Roy Barreras, que prefieren una segunda reelección de Uribe a una primera candidatura de Vargas Lleras. Y no dejó muy buen sabor la renuncia de Juan Lozano al Ministerio de Medio Ambiente esta semana. Lozano es cuota de Cambio Radical y se enfrenta a un difícil dilema entre Uribe y Vargas Lleras en la eventualidad de una tercera candidatura del Presidente.
Lozano ha sido parco en sus declaraciones pero dejó la sensación de que si hay reelección acompañaría al Presidente. Si el ahora ex ministro contempla ir al Senado, le convendría la imagen de seguidor leal de Uribe. "No podría hacer parte de una lista que se oponga al Presidente o a su gobierno, porque he sido funcionario de este Gobierno -dijo Lozano tras una reunión con el Presidente para acordar los términos de su retiro del gabinete-. Acordamos que me iré a liderar un proyecto tendiente a lograr un buen Congreso y a defender las banderas del Presidente".
Entre Vargas Lleras y Uribe hay una especie de guerra fría declarada. No se ofenden ni se contradicen, pero han dejado de hablar y cada uno siente que el otro actúa en su contra. Por ejemplo, en diciembre pasado, Cambio Radical votó en contra del referendo que permitiría la reelección de Uribe, y la Casa de Nariño respondió con un recorte de la cuota burocrática del Partido en el Gobierno. El senador Rodrigo Lara, vocero de Cambio Radical, responsabilizó al Ministro del Interior de actuar contra el Partido y lo acusó de hacer politiquería.
En resumen, el panorama no está despejado ni para la candidatura presidencial de Vargas Lleras, ni para Cambio Radical. En la última encuesta Invamer-Gallup la imagen del ex senador está por debajo de la de Juan Manuel Santos, y en una eventual consulta interpartidista entre los uribistas quedaría en el tercer lugar, después de Arias y Santos.
Camino a seguir
Pero Vargas Lleras tiene una estrategia para librar la larga batalla que apenas comienza, y no está, de ninguna manera, cruzado de brazos. En lo corrido del año ha cumplido una apretada agenda de giras que lo ha llevado a recorrer una centena de municipios en 14 departamentos, giras en las que, además de hacer contactos con las fuerzas regionales, ha puesto en marcha una campaña para controlar el posible daño que le causarían otros deslizamientos hacia al uribismo.
Es un hecho que las filas de Vargas Lleras han sufrido bajas, pero lo es que han logrado sumar aliados estratégicos con amplia base electoral. En Cundinamarca, por ejemplo, el abandono de Nancy Patricia Gutiérrez fue suplido por la presencia de la ex gobernadora y ex senadora Leonor Serrano de Camargo.