Partido Liberal adelantará la elección del candidato presidencial

Ilustración: Randy Mora

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El panorama no podía ser más adverso. Las encuestas indican que ante cualquier candidato uribista -sobre todo si el Presidente se lanza a una nueva reelección- los rojos no tienen gallo para pelear. En materia de filiación partidista apenas un 15 por ciento de los colombianos se considera liberal. El partido ni siquiera monopoliza la oposición, porque ese terreno se lo disputa el Polo Democrático. Y en la agenda pública el presidente Uribe, con su juego ambiguo sobre su posible candidatura, copa el escenario y acapara la atención de los medios. El adelanto de la consulta es una estrategia que busca cambiar las tendencias. Sus promotores consideran que las campañas y debates entre los precandidatos le disputarán a Uribe el protagonismo mediático y la iniciativa política. Y una vez elegido el candidato, habrá un vocero de alto perfil que iniciará la campaña para las elecciones de 2010 con capacidad de promover ideas y no dejar a Uribe solo en la tarima.

Estas reflexiones serán analizadas en una reunión convocada por el jefe de la colectividad, César Gaviria, a la que asistirán los 55 congresistas, más los presidentes de los 33 directorios departamentales y los seis directores de las secretarías sociales. De allí debe salir la fecha de la consulta que, en principio, sería el 7 de junio.

En el partidor hay varios aspirantes. Algunos con hojas de vida que denotan amplia experiencia en los asuntos públicos, como Rafael Pardo, Alfonso Gómez Méndez y Cecilia López. Todo indica que se sumarán también  el ex procurador Edgardo Maya, el ex gobernador de Antioquia Aníbal Gaviria y el senador Juan Fernando Cristo. El ex constituyente Iván Marulanda ya inscribió su nombre, y la senadora Piedad Córdoba está en la mente de todos aunque ella, en principio, ha anunciado que se dedicará a trabajar por una salida al conflicto armado.

Los distintos aspirantes tienen propuestas diferentes sobre la manera como se debe llevar a cabo la elección y sobre la estrategia de mediano plazo. Un punto fundamental es la posibilidad de que el candidato oficial, una vez elegido, quede facultado para buscar alianzas con otros aspirantes no uribistas o incluso para participar en una consulta entre varios partidos para escoger a un solo candidato de la oposición. Pero se han planteado varias opciones: el ex fiscal Gómez Méndez considera que la segunda vuelta brinda el espacio y el momento para consolidar las alianzas, mientras otros pre candidatos -como Rafael Pardo- estiman que se pueden hacer antes. Por su parte, Iván Marulanda dice que las alianzas desvirtúan la ideología liberal.

Otro punto decisivo será la fijación de la fecha. El 7 de junio está determinado por la Registraduría para las consultas internas de los partidos, pero algunos sectores liberales la consideran prematura. Argumentan que no hay tiempo para hacer un debate serio -posición en la que convergen los aspirantes recién llegados: Edgardo Maya y Aníbal Gaviria- y que sería más estratégico esperar a saber si Uribe buscará o no la reelección.

El jefe único, Gaviria, trata de asegurar maniobrabilidad con la afirmación de que el criterio de la Registraduría no es un inamovible y que se podría evaluar una opción posterior. Como garante y conductor del proceso, al ex Presidente le interesa que ingresen aspirantes que muevan las bases rojas, sobre todo en regiones donde el sentimiento uribista está muy arraigado, como en Antioquia y la Costa Caribe. El reto de Gaviria es que su partido fije unas reglas de juego claras que dejen tranquilos a todos los candidatos, incluso con el bloqueo de quienes no representan la política de oposición.

Pero más allá de la decisión sobre las alianzas y sobre la fecha, es un hecho que la escogencia del candidato se adelantará. Con reelección o sin ella, los liberales están convencidos de que tienen un papel que jugar en la campaña. Y consideran que las nuevas tendencias de mercadotecnia han convertido en más rentables las campañas largas. Obama se lanzó dos años antes de las elecciones en Estados Unidos. La indefinición prolongada, en cambio, profundiza las pugnas y divisiones. En años anteriores, cuando las consultas se han hecho en marzo del año electoral, el breve lapso que queda hasta mayo no ha sido suficiente para consolidar la unidad y cerrar las heridas abiertas en el debate interno.

Pero la estrategia tiene riesgos. Una campaña larga puede desgastar al candidato y debilitar el factor sorpresa que, en vísperas electorales, suele favorecer al voto de opinión. Si los rojos tienen un aspirante oficial en junio, y al final del año las encuestas siguen favoreciendo a Uribe, surgirá el conocido argumento de que el candidato "no pegó" y las consecuentes demandas para que se retire.

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