Desde 1970, con Evaristo Sourdís, el Caribe no había vuelto a apostarle a la Presidencia.
El lanzamiento de la candidatura presidencial del ex procurador Edgardo Maya Villazón le agregó al debate electoral un elemento que hasta la fecha había brillado por su ausencia: el regional. En la entrevista que el ex jefe del Ministerio Público le concedió a María Isabel Rueda para El Tiempo vaticinó que en 2010 "el debate electoral tendrá como eje principal el protagonismo de un costeño".
El ex Procurador sostiene que la Costa no solo debe reivindicarse políticamente con el país sino que "tiene que dejar de ser únicamente el sitio de refugio y entretenimiento vacacional de los últimos 50 años". Y lanza un guante para que lo recojan los "cachacos", que son todos aquellos que no han nacido en el litoral caribe: "En el interior del país hay más gente que le ha hecho mucho más mal a la Nación que en la Costa Atlántica".
Pero el vallenato Maya Villazón no es el único aspirante que considera que el elemento regional podría darle réditos electorales. Recientemente el ex canciller cartagenero Fernando Araújo también mostró su interés de convertirse en el candidato conservador por la región Caribe. Eso sí, su aspiración está condicionada a si el presidente Álvaro Uribe decide lanzarse para un tercer período inmediato.
Un copartidario de Araújo -el ex gobernador del Atlántico Carlos Rodado Noriega, hoy embajador en Madrid- también ha hecho saber su deseo de ser candidato presidencial por el Partido Conservador, mientras que una copartidaria de Maya -la ex ministra y actual senadora Cecilia López- ha expresado su intención de repetir aspiración presidencial por el liberalismo. Ambos son destacados dirigentes políticos costeños. El primero fue elegido en su momento como el mejor gobernador del país y López fue designada por sus colegas como la mejor congresista de 2008.
¿Quién es quién?
Una vez conformado el ramillete de candidaturas costeñas, la pregunta que surge es ¿qué posibilidades reales de éxito tienen? Históricamente el país no ha sido tierra abonada para candidaturas regionales. Muy pocos aspirantes serios han tomado como bandera la reivindicación regional o el abierto desafío a las directrices bogotanas. El último de ellos fue Evaristo Sourdís, nacido en Sabanalarga, Atlántico, quien en 1970 se enfrentó al general Gustavo Rojas Pinilla de la Anapo y al conservador Misael Pastrana Borrero, ganador en una controvertida elección. La candidatura disidente de Sourdís -que era conservador- obtuvo algo más de 330.000 votos, cuyo mérito está en que fueron opuestos al acuerdo bipartidista del Frente Nacional.
Una candidatura costeña necesariamente parte con el lastre de la caricatura que los "cachacos" han hecho del hombre caribe, como rumbero y buena vida a lo que se suma la de corrupto, que le han endilgado a los miembros de la clase política de esa región. Un estereotipo falso, pero alimentado en los últimos años por el alto número de políticos de la Costa vinculados al escándalo de la parapolítica.
Lo cierto es que la baraja que calienta motores para participar en el próximo debate contiene verdaderos pesos pesados. Edgardo Maya, para nombrar al más reciente que saltó al ruedo, acaba de dejar la Procuraduría General en medio de amplios elogios sobre su gestión. Carlos Rodado Noriega tiene todos los quilates para aspirar a la Presidencia por el Partido Conservador, o por una coalición que incluya a otros partidos minoritarios como opción de poder. Rodado reúne dos especialidades que son clave en la coyuntura mundial y nacional: es economista y especialista en energía, precisamente los dos temas que se interrelacionan en la actual crisis global y de los que depende en buena medida el desarrollo del país.
Cecilia López Montaño, por su parte, es una alternativa femenina y costeña, que respalda en su conocimiento del sector agrícola y desde las disciplinas económicas con sentido social su aspiración presidencial para la cual tiene, además, el posicionamiento de ser militante fiel y consentida del Partido Liberal.
Desde la orilla conservadora, y desde la cercanía con el uribismo y con Uribe, el ex canciller cartagenero Fernando Araújo es también una alternativa para que la región Caribe, conquiste la Presidencia. El ex canciller es el fiel de una compleja balanza que podría vincular a dos grandes corrientes del espectro político nacional, hoy aparentemente distanciadas: el pastranismo y el uribismo. Araújo no despierta resistencias en el uribismo, y de hecho cuenta con la simpatía del Presidente, al tiempo que es hombre cercano de Andrés Pastrana, de quien fue su ministro de Desarrollo. En la opinión pública está muy presente el coraje con el que logró fugarse del secuestro y la solidaridad que generaron los duros años de cautiverio.
El anecdotario político nacional dice que el partido más poderoso del Congreso de la República es el de los costeños, y que sus integrantes -independientemente del partido al que pertenecen- constituyen la bancada más disciplinada: en asuntos regionales siempre votan unidos. La Costa pone cerca de 2'500.000 votos, cifra que sería el punto de partida de quien se lance como representante de esa región para la Presidencia. Sin embargo, con esa cifra se ayuda a elegir a un presidente, pero no basta para elegirlo. De ahí que cualquier candidato del Caribe debe tener conocimiento y apoyos en el interior, para lo cual su discurso y su programa no pueden exagerar el tono regional.
La idea que salta inmediatamente es la de complementar el poder costeño con un candidato a la Vicepresidencia proveniente del interior. Una llave tan exitosa electoralmente como la que en su momento formaron el bogotano Andrés Pastrana y el barranquillero Gustavo Bell. Solo que en esta ocasión se buscaría invertir la fórmula para que el costeño la lidere: la aspiración regional ha crecido, hay ambiente de revancha contra el interior por una supuesta inquina contra los costeños en la parapolítica, y hay una baraja de auténticos presidenciales. ¿Será que les llegó la hora?