Las trabas de la oposición y el desconcierto en la bancada del Gobierno tienen embolatada la reelección para 2010.
Nadie se habría imaginado un pulso tan parejo, entre la coalición uribista y la oposición, sobre el tema de la reelección. Uribe tiene vocación de poder, la opinión pública lo apoya en más de un 70 por ciento, y la oposición es minoritaria en el Congreso. El escenario indicaba que la aplanadora uribista sacaría adelante, con facilidad y sin demora, la ley que -respaldada por cerca de cinco millones de firmas- convocaría un referendo para cambiar la Constitución y permitir una nueva reelección. Pero la aplanadora se varó.
El bloqueo se debe a varios factores. Uno de ellos es que el presidente Uribe no ha asumido el costo de expresar en forma pública su posición frente al tema. Se ha ido por mensajes vagos: que deja el tema en manos del Congreso, que nadie se debe perpetuar en el poder pero sí sus políticas, que solo una hecatombe justificaría un tercer periodo... y hasta ha usado expresiones en latín. Seguramente, para no quitarle peso al antipático argumento de que la reelección no responde a una motivación personal sino a un clamor popular.
Pero la falta de claridad ha paralizado al Congreso. Quienes quisieran votar la ley que permitiría el referendo, se abstienen porque falta línea desde lo alto. Y los opositores, que también los hay en el uribismo, se cogen de allí para no meterle el acelerador al proceso. Nadie se opone de frente "para no despertar la ira del príncipe", según dice el representante Navas Talero, pero se escudan en la ambigüedad para dilatar el proceso. Esta semana, en la Comisión Primera de la Cámara, esta táctica fue evidente con el apretado tire y afloje entre las bancadas del Gobierno y de la oposición.
Hasta este miércoles, la partida la iban ganando los enemigos de la reelección, que tenían 17 votos de su lado: ocho liberales, dos del Polo, uno de David Luna y uno de Telésforo Pedraza, más los cinco de Cambio Radical que, para el efecto, funcionan como la verdadera talanquera para que Uribe no se vuelva a postular dentro de dos años. Con 17 votos, a los opositores solo les restaba inhabilitar a uno de la bancada gobiernista para desequilibrar las cosas. Primero intentaron dejar fuera de la votación a Thyrone Carvajal, del Partido de la U, porque su esposa es notaria, pero la coalición de Gobierno no le aceptó el impedimento.
Luego aparecería otro obstáculo: la recusación contra Orlando Guerra, vocero del Partido Conservador y quien, al parecer, tiene a varios de sus familiares en cargos que ha proveído el Gobierno. El problema para el Ejecutivo es que si uno solo de los representantes que apoyan una segunda reelección consecutiva se sale de la coalición o queda inhabilitado, el referendo podría quedar enterrado en forma definitiva.
La situación, en blanco y negro, es la siguiente: la coalición gobiernista tiene mayoría para pasar el referendo con fecha de 2014 pero no para 2010. Los votos de los siete conservadores, seis de La U, dos de Alas Equipo Colombia, uno de Colombia Democrática, uno de Apertura Liberal y uno de Convergencia Ciudadana, habrían sido suficientes para pasar la iniciativa pero Édgar Gómez Román, de Convergencia Ciudadana, no asistió a la sesión del miércoles por excusa médica. Con ese empate de 17 a favor y 17 en contra, el referendo podría asfixiarse.
Algunos congresistas, además, conocedores del valor de su voto, han jugado a que el Gobierno los halague con favores. Se sabe que cuando hay una votación en el Congreso que le interesa mucho al Ejecutivo, se alborotan los apetitos burocráticos de los legisladores, pero en esta ocasión el fantasma de Yidis Medina y Teodolindo Avendaño -que recibieron prebendas hace cuatro años para votar a favor de la primera reelección- tiene a todo el mundo quieto y temeroso. Esa es otra causa del bloqueo de la aplanadora.
Todo indica, en síntesis, que el Gobierno -más por temor que por convicción- no está jugado a fondo en aceitar sus maquinarias en el Congreso, hasta el punto de que se han abierto fisuras en el uribismo. El promotor del referendo, Luis Guillermo Giraldo, se ha quedado solo y cada vez es más abierta su confrontación con el ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, por su falta de compromiso para ayudar a convencer a los congresistas para que aprueben el proyecto.
Con las cuentas tan apretadas, la suerte del referendo está más bloqueada que definida. Cualquier cosa puede pasar todavía. Un escenario posible es su aprobación en la Comisión Primera, pero para el 2014, para que luego la plenaria -donde la aplanadora es más eficiente- cambie el texto y vuelva a introducir la fecha de 2010. La oposición del Partido Liberal y del Polo, ante esta expectativa, se la ha jugado por dilatar, dilatar y dilatar.
Y lo cierto es que el tiempo se agota. La presente legislatura se acaba en tres semanas, que es un período en el cual es prácticamente imposible que una aplanadora trabada supere los tres debates que le faltan al proyecto. Y los últimos años de los cuatrienios, según la tradición, suelen ser los más difíciles para todas las aplanadoras.