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Mientras en Venezuela y Ecuador los partidos políticos se han debilitado casi hasta el punto de su desaparición, en Colombia se han hecho enormes esfuerzos por salvarlos. El debilitamiento del bipartidismo tradicional, de origen en el siglo XIX, le abrió paso a la proliferación de mini partidos en los noventa y luego, en los últimos años, a la agrupación en un conjunto reducido, de los cuales 4 o 5 son realmente relevantes. Sin embargo, los problemas y escándalos más recientes amenazan con barajar de nuevo, y otra vez permiten la posibilidad de seguir la inconveniente senda de los vecinos: la de un sistema político virtualmente sin partidos.
Después de la Constitución de 1991, Colombia pasó de tener cuatro partidos a 76, que eran los que había hasta hace dos años, cuando entró en funcionamiento el acto legislativo aprobado en 2003 y que introdujo las figuras de lista única, voto preferente, umbral y cifra repartidora.
Hoy el país tiene 16 partidos y movimientos políticos con representación en el Congreso y personería jurídica reconocida por el Consejo Nacional Electoral. No obstante, la mayoría de esos partidos está resquebrajada por la falta de identidad ideológica y las pugnas internas como las que existen en La U, el Polo Democrático o el Partido Conservador.
"¿Cuál es la diferencia entre partidos como La U o Cambio Radical, acaso un elector común puede diferenciarlos?", se pregunta el constitucionalista Juan Manuel Charry, quien considera que a pesar de que el número de partidos ha disminuido notoriamente en los últimos años, los que hay están desdibujados y fracturados por el voto preferente, "qué hace que dentro de cada agrupación persistan los intereses personales de caciques y varones electorales que pelean entre sí por conseguir unos pocos votos que les permitan salir elegidos".
Además, hay que tener en cuenta que en un país con régimen presidencialista el hecho de que Álvaro Uribe haya llegado a la Presidencia en dos ocasiones sin tener un partido político propio ha lesionado a las agrupaciones políticas. "Porque el Presidente se inscribió por el movimiento Primero Colombia y no a nombre de un partido específico -dice Charry-, lo que hace que esté obligado a hacer coalición en el Congreso desde el Gobierno y por medio de prácticas burocráticas".
El presidente Uribe, quien se considera un disidente liberal, les ha dado batacazos a los partidos, como cuando por medio del comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, envió el mensaje de que las agrupaciones de la coalición de gobierno deberían darle paso a nuevas expresiones ciudadanas.
Hoy, el panorama de los partidos uribistas no es nada prometedor. La U, que se creó a imagen y semejanza del Presidente, tanto que se llama así por Uribe, está en una controversia interna de personalidades y sin un mando con peso específico que logre darle unidad. Además, tiene encarcelados a cerca de 10 de sus más importantes dirigentes, incluido su presidente, Carlos García Orjuela, por las investigaciones de la parapolítica.
El Partido Conservador perdió su vocación de poder y está entregado a Uribe desde hace seis años. Esto lo tiene en una puja interna entre el sector del ex ministro Carlos Holguín, autor de esa adhesión, y el ex presidente Andrés Pastrana, que no comparte la entrega total al Gobierno.
Cambio Radical, del ex senador Germán Vargas Lleras, se presenta como un partido político uribista, pero su horizonte es incierto por las pretensiones presidenciales de su máximo jefe, quien es criticado por haber abandonado el barco y salir del país en pleno escándalo de la parapolítica, que ha cobrado las cabezas de más de 10 de sus congresistas.
Y partidos como Colombia Democrática -fundado por el propio Presidente y su primo Mario Uribe-, Convergencia Ciudadana y Alas Equipo Colombia, están a punto de desaparecer por sustracción de materia, también por efecto de la parapolítica.
Pero en la oposición las cosas no son mejores. El Polo Democrático, que se supone no debería cometer los mismos errores de los políticos tradicionales, está fracturado entre un sector radical liderado por Carlos Gaviria y Jorge Robledo, y uno moderado o pragmático del cual hacen parte 'Lucho Garzón', Gustavo Petro y Antonio Navarro.
Quizá el Partido Liberal es el menos golpeado porque cuenta en el ex presidente César Gaviria con un líder sólido al que respalda la mayoría de la bancada, pero que no deja de tener problemas internos con dirigentes como Alfonso Gómez Méndez, Piedad Córdoba e Iván Marulanda, que no comparten la forma como el ex mandatario dirige la colectividad y que sostienen que el liberalismo ha perdido su dimensión social.