LA LEGISLATURA que se inicia el domingo 20 de julio no será rutinaria. Los escándalos de parapolítica, 'Yidispolítica' y 'Farcpolítica' alcanzan a casi un 25 por ciento de los miembros del Poder Legislativo, treinta están en la cárcel y su desprestigio en la opinión pública alcanzó uno de los puntos más bajos en mucho tiempo: 46 por ciento de imagen negativa, según la última encuesta de Invamer-Gallup, y 42 de favorabilidad. Se ha vuelto un lugar común calificar al Congreso como un 'ilegítimo'.
Y, sin embargo, tiene en sus manos una agenda trascendental desde el punto de vista institucional, político y económico. Un amplio grupo de proyectos de ley que incluyen una profunda reforma política, la aprobación o rechazo de tres referendos -incluido el de la segunda reelección del presidente Uribe- y la rezagada serie de iniciativas para racionalizar la economía, que se vuelven más importantes ante los síntomas de desaceleración del PIB y de recesión internacional. El desequilibrio entre la debilidad del Congreso y el peso de sus obligaciones hace que esta nueva legislatura empiece con grandes expectativas en el mundo político.
La gran pregunta es si el Senado y la Cámara se empeñarán a fondo en su propia reforma. Los antecedentes no invitan al optimismo. En especial, el del lánguido entierro de tercera que sufrió a finales del periodo anterior la iniciativa que contemplaba la 'silla vacía' (pérdida de curul de los congresistas detenidos por la Justicia). Sin embargo, las Cámaras no podrán desconocer la presión que existe de parte de la opinión pública a favor de una reforma política de fondo, y el Gobierno a su vez aportará el texto elaborado por el pomposo Grupo de Notables que conforma la Comisión de Ajuste Institucional. Aunque la misión es casi imposible, y chocarán varios proyectos provenientes de la oposición liberal y del Polo Democrático, la hipótesis de una auto reforma que implica auto castigo es, también, una oportunidad histórica de reivindicación. Y, de paso, sería un ingreso con pie derecho del nuevo ministro de la Política, Fabio Valencia Cossio, gran conocedor de la naturaleza, métodos y sensibilidades, del Poder Legislativo. Pero la mayor 'papa caliente' que llegará a la próxima legislatura será la iniciativa ciudadana para realizar un referendo que modifique la Constitución y permita una nueva candidatura de Álvaro Uribe para el periodo 2010-2014. La Registraduría, que recibirá del Partido de La U las firmas -mínimo 1.400.000 requeridas- para hacer esa solicitud, a su vez tendrá que someter la idea a las Cámaras. Y estas se tendrán que pronunciar con un SÍ o NO en una sola vuelta, hacia finales de agosto, según el cálculo de los promotores de la reelección.
La experiencia indica que este tema, por su complejidad y trascendencia, puede paralizar al Legislativo. Según el ex senador Rafael Pardo, "Mientras el Presidente no diga si quiere o no otra reelección, el Congreso no va a tener tranquilidad para ocuparse de otros temas, por importantes que sean".Lo mismo opina el senador Gustavo Petro, quien sostiene que el único tema que de verdad le interesa al Gobierno es el de la segunda reelección. Y habría que ver si el presidente Uribe insiste en la consulta sobre la repetición de las elecciones de 2006, que no ha desechado formalmente. Y se agrega el referendo que está liderando la concejal de Bogotá Gilma Jiménez, para establecer la pena perpetua a los violadores de menores. En los próximos meses, en el Capitolio, habrá congestión de referendos.
La reelección atravesará su prueba más difícil en la Comisión Primera del Senado, a pesar de las mayorías que tiene el Gobierno. Allí, de sus 19 miembros, cuatro son liberales y dos del Polo, que están en contra de una nueva reelección, lo mismo que la uribista Gina Parody. Con siete votos en contra, la suerte del proyecto estaría en manos de Cambio Radical, partido que orienta el ex senador Germán Vargas Lleras, que tiene tres miembros: Javier Cáceres, posible presidente de la Comisión; Elsa Gladys Cifuentes y el ex fiscal Alfonso Valdivieso, que asumirá la curul de Rubén Darío Quintero.
El panorama, en fin, está muy congestionado. Y habrá otras propuestas importantes como la Ley de Víctimas, que ya surtió dos debates en la Legislatura anterior, la polémica reforma a la Justicia y la espinosa reforma tributaria territorial. Todo un bautizo de fuego para el nuevo mininterior, Fabio Valencia, quien ahora, como miembro del Gabinete deberá retomar las mismas palabras que pronunció cuando asumió la presidencia del Congreso en 1998: o el Congreso cambia o lo cambian.