Germán Vargas lanzó un salvavidas a la reforma política y entró en la arena de las precandidaturas

Germán Vargas dejó el Senado de la República 14 años después de su primera elección. Foto: Felipe Caicedo / Cambio

LA RENUNCIA DE GERMÁN VARGAS Lleras a su curul en el Senado ha sido objeto de varias interpretaciones: desde que fue irresponsable haber dejado 'colgadas de la brocha' a más de 200.000 mil personas que votaron por él, hasta que fue una hábil jugada política para desmarcarse del Gobierno e iniciar su campaña presidencial.

No obstante, algunos consideran que dejar el Congreso no deja de ser un sacrificio para Vargas Lleras, pues pasa de tener un espacio seguro y un papel fundamental como aliado del Gobierno, a las arenas movedizas de una candidatura que podría enfrentarlo, entre otros, a Álvaro Uribe, cuyos índices de popularidad no tienen antecedentes.

Pese a las distintas versiones sobre su dimisión, en su carta de renuncia ante la presidencia del Senado el 30 de mayo, Vargas Lleras dijo que su única motivación era la aprobación de la reforma política, que incluye la llamada "silla vacía" o pérdida de la curul por vínculos con organizaciones ilegales. Pero esta decisión para salvar una reforma política que agoniza, entre otras razones porque el Gobierno no ha ocultado su intención de hundirla, lo aparta del Ejecutivo y lo alinea con el Polo y el Partido Liberal que quieren la reforma con silla vacía.

Por eso, varios colegas  afirman que está pensando más como candidato que como congresista. "Vargas Lleras renuncia al Senado para aspirar a la Presidencia, así de claro", dice el senador del Polo Jaime Dussán. Así lo de salvar la reforma política sería solo un pretexto para bajarse del bus del Congreso -hoy más cuestionado que nunca por la parapolítica- y subirse al de la candidatura presidencial en el que otros pasajeros, como Juan Manuel Santos y Rafael Pardo, comienzan a acomodarse incluso mejor que él.

El Ministro de Defensa le ha sacado ventaja, pues ha capitalizado los buenos resultados en la lucha contra las Farc y algunos lo ven entre posibles herederos de Uribe, disputándole lugar de privilegio al Senador. Y en cuanto a Pardo Rueda, también ex ministro de Defensa, el hecho de que haya anunciado en entrevista con El Espectador que su nombre hará parte de la lista de aspirantes por el Partido Liberal, pone a Vargas Lleras en la incómoda posición de tener que buscar el respaldo del liberalismo. Pardo ha dicho que se someterá a las reglas internas del Partido y que espera que quienes tengan las mismas aspiraciones hagan lo mismo.

Pero quienes ven a Vargas Lleras más como candidato que como senador son los miembros de su partido, entre ellos el senador Rodrigo Lara y el representante Germán Varón Cotrino. "Vemos con tristeza su partida del Senado, pero vemos con alegría que vuelva al país como candidato presidencial de 2010", afirmó Lara, quien reemplazó en forma provisional a Vargas Lleras en la Comisión Primera del Senado, luego de que éste pidiera una licencia para estudiar en Madrid.

Otros congresistas, entre ellos el presidente del Partido de La U, Carlos García, creen que detrás de la salida de Vargas hay más intereses personales que motivaciones altruistas. "Quiere eludir la defensa del Gobierno precisamente en momentos en que la oposición arremete con más fuerza contra el Presidente".

Así las cosas, la renuncia del prestigioso senador Germán Vargas Lleras parece una jugada política a tres bandas: le manda un salvavidas a una agonizante reforma política, se aparta del Congreso en su peor momento por el escándalo de la parapolítica, del cual no ha escapado Cambio Radical, y además se pone en el partidor de candidatos para 2010, donde es casi seguro que deberá medir fuerzas con Uribe, con quien mantiene relaciones cordiales pero distantes y a quien respaldó en su primera reelección.

La jugada, sin embargo, entraña grandes riesgos, pues retar a un presidente con enorme respaldo popular es considerado poco menos que un suicidio político y Vargas Lleras no tiene, precisamente, vocación suicida. Todo lo contrario, hasta el momento sus apuestas, aunque arriesgadas, han sido exitosas. El problema es que a Uribe le pasa lo mismo. 

Anuncios Google