DESDE ENERO, en los mentideros políticos se daba como un hecho la salida del ministro del Interior y de Justicia, Carlos Holguín Sardi. Los rumores no eran infundados porque a mediados del mes, concretamente el miércoles 16, el presidente Uribe, por medio del canciller Fernando Araújo, le ofreció la Embajada en España.
Sin embargo, y a pesar de que se daba como un hecho que el Ministro vallecuacano sería reemplazado por el antioqueño Fabio Valencia Cossio, consejero presidencial para la competitividad, Holguín le pidió al Presidente que lo dejara hasta junio y declinó el nombramiento en Madrid.
El plazo que pidió está a punto de cumplirse y por eso el relevo ministerial ha vuelto a ser la comidilla política. Las condiciones para el cambio están dadas. Holguín ya no tiene más cuerda en su cartera y su gestión ha sido muy criticada. "Holguín se porta más como jefe de partido que como ministro, porque lo único a lo que se dedica es a cuidarles los puestos a los conservadores", asegura el senador de La U, Armando Benedetti. La crítica se repite a pesar de que como dice el senador del Polo Gustavo Petro, "es un buen escudero del Presidente porque no lo traiciona y no hace cosas a sus espaldas".
El veterano dirigente conservador que aspira a figurar en la baraja de los candidatos azules para la campaña de 2010 pocas veces es afortunado en las declaraciones que da, y ha casado peleas con la oposición y con la Corte Suprema de Justicia, los blancos preferidos de los ataques de Uribe. Tampoco tuvo pudor alguno al reconocer que al Gobierno no le interesaba la reforma política que estaba discutiendo el Congreso y que se oponía a la figura de la silla vacía con el solo llamamiento a indagatoria porque el Ejecutivo perdería las mayorías y por consiguiente la gobernabilidad. Esta afirmación dio piso para que tanto la investigadora Claudia López como el precandidato presidencial Rafael Pardo dijeran que el Gobierno estaba reconociendo que las mayorías uribistas en el Congreso dependen de las curules del narcoparamilitarismo.
El tiempo de Holguín está agotado y algunas señales que él mismo ha dado así lo indican: pidió a sus más cercanos colaboradores hacer el balance de los dos años de su gestión.
Vueltas y revueltas
Entre los posibles reemplazos de Holguín suenan los ministro Óscar Iván Zuluaga y Andrés Felipe Arias, y el consejero Valencia Cossio, pero en el Congreso dan por descontado que el relevo será el consejero presidencial que deberá desempeñarse en una coyuntura muy especial, pues en el segundo semestre comenzará el trámite del referendo que habilitaría a Uribe para buscar su segunda reelección. "Valencia Cossio es un hombre fuerte del Partido, es un conciliador por excelencia, tiene gran conocimiento del quehacer político y del funcionamiento del Congreso -le dijo a CAMBIO un veterano senador conservador-. Sería muy buen ministro si el Presidente lo designa".
De caracterizado contradictor de Uribe en los años 90 cuando este llegó a la Gobernación de Antioquia, Valencia pasó en 2002 a trabajar con el gobierno de Uribe desde la Embajada en Italia, cargo en el que fue confirmado, y a partir de marzo de 2005 trabaja con el Presidente bajo el mismo techo, como su consejero en materia de competitividad. Vueltas y revueltas que da la vida.
Pero antes de llegar a esta 'luna de miel', Valencia fue protagonista de varios enfrentamientos con su actual jefe. Un episodio que amigos de uno y otro recuerdan fue en el 94 en el centro de cómputo de la Registraduría de Medellín. Sospechaban que podía haber trampa en el escrutinio de los votos para la Gobernación y de no ser por la oportuna intervención del entonces director de la Policía de Medellín Luis Ernesto Gilibert, Uribe le habría pegado un puñetazo en la cara a Valencia. Finalmente, el triunfo fue para Uribe con un margen de 500 votos sobre el candidato conservador Alfonso Núñez Lapeira.
En el 96, secundado por la senadora liberal Piedad Córdoba, Valencia le hizo un debate al entonces Gobernador por las Convivir, que habían desbordado la norma legal y eran utilizadas como fachada por grupos paramilitares. Y en el 98, volvieron a estar enfrentados en las elecciones presidenciales: Uribe del lado de Horacio Serpa y Valencia Cossio del de Andrés Pastrana. Al triunfo de Pastrana contribuyó Valencia, como gran elector de Antioquia que era, con cerca de un millón de votos, y él fue también el artífice de la Gran Alianza por el Cambio, la coalición mayoritaria que lo llevó a la presidencia del Congreso y que le sirvió de soporte al gobierno de Pastrana.
Como miembro de la Comisión Negociadora del Gobierno en el proceso de paz con la guerrilla de las Farc en el Caguán, Valencia dio muestras de su talante conciliador. Con su carácter de paisa dicharachero, se fue ganando la confianza de los negociadores de las Farc hasta el punto de que a principios de 2001,cuando fue nombrado embajador en Italia, la cúpula de ese grupo alzado en armas le armó una fiesta de despedida.
Si Holguín se va en junio, que fue el plazo que le pidió al Presidente, podría llegarle la hora a Valencia Cossio. Todo depende, sin embargo, del Presidente. Pero la coyuntura parece favorable al consejero presidencial, que tiene más habilidades para conciliar que el actual ministro y que podría recomponer la coalición de Gobierno y contribuir a tender puentes con la Corte Suprema, rotos por declaraciones del Presidente que la ha acusado de sesgo ideológico y que pidió a los magistrados mayor objetividad en sus fallos y no "abrirles las puertas a las tentaciones de la inestabilidad institucional", y por Holguín, que habló de la "sevicia" de algunas decisiones contra congresistas vinculados a la parapolítica. Si de lo que se trata es de reducir tensiones innecesarias y de limar asperezas, nadie mejor que Valencia Cossio para el cargo.