La reforma del Congreso está en manos de sus propios miembros, pero es como afilar el cuchillo para su propio pescuezo.
LA REFORMA POLÍTICA, que cambiaría el Congreso y establece mecanismos para sanear la parapolítica, sigue avanzando. Contra todos los pronósticos, el martes fue aprobada en la Comisión Primera de la Cámara, como resultado de un acuerdo entre los partidos Cambio Radical, Liberal, Conservador y de La U.
Varias razones explican por qué hasta ahora han avanzado los padres de la patria en adopción de medidas contra sus propias costumbres. La presión de la opinión pública por el escándalo de la parapolítica es la principal. Ante la realidad de un Congreso debilitado, mermado y en cierta forma ilegítimo por cuenta de 27 miembros en la cárcel y 52 en investigación, un proyecto de reforma constitucional aprobado desde la legislatura pasada se convirtió en la esperanza para solucionar la crisis. La idea es acelerar su aprobación para que entre en vigencia a partir del próximo 20 de junio, cuando terminen las sesiones ordinarias. Se salvarían así las legislaturas que faltan antes de 2010, cuando habrá nuevas elecciones.
El instrumento más importante para depurar el Legislativo es el que se ha llamado la "silla vacía". Una sanción que recibirán los partidos o movimientos políticos que tengan miembros condenados por la parapolítica y que los obligará a no reemplazarlos por otros de la misma lista, como ha venido sucediendo. Pero, ¿por qué se le medirían los parlamentarios a una medida tan dura? ¿Serán capaces de llevar el proceso hasta el final?
El mal menor
Algunos consideran que la "silla vacía" es una acción desesperada para bajarle la temperatura al escándalo e incluso hay congresistas que respaldan la iniciativa pero con muchas reservas, pues consideran necesario adoptar medidas más radicales que hagan posible cerrar el vergonzoso capítulo de la parapolítica. "Aunque es urgente tramitar la actual iniciativa, es claro que lo que se requiere es una reforma política estructural que vaya mucho más allá del tema del umbral y de la 'silla vacía', pues lo que está en juego es la propia supervivencia del Congreso y de nuestro sistema democrático", sostiene Nicolás Uribe, representante del partido de La U.
Otros parlamentarios, como el representante del Valle, Santiago Castro, se oponen abiertamente a la iniciativa y consideran que traslada el problema de la parapolítica a las regiones. "Varios departamentos se quedarían sin representación o verían disminuida su presencia de forma significativa -asegura Castro-.
¿Por qué hay que castigar a los departamentos si las responsabilidades penales son individuales? No debería haber 'silla vacía', y los parlamentarios condenados deberían ser reemplazados por quienes les siguen en votación, como está en la actualidad".
La reforma incluye otro tipo de sanciones, como la pérdida de la personería jurídica de los partidos y movimientos que tengan a más del 50 por ciento de sus miembros condenados, pero es evidente que la "silla vacía" es el punto que ha despertado mayor interés. Más, incluso, que el propio umbral -número de votos exigidos para que un partido pueda entrar al Congreso-, que actualmente es del 2 por ciento y que iría aumentando en forma gradual hasta llegar al 5 por ciento. "Aunque hay sectores de la opinión que prefieren medidas más drásticas, la aplicación de la 'silla vacía' sería tan duro castigo para los partidos y movimientos políticos, como para los propios parlamentarios", afirma el liberal Germán Olano del Partido Liberal, ponente del proyecto en la Cámara, y quien cree que hay consenso para sacar adelante la reforma, a la que le faltan tres debates para su aprobación definitiva.
La pregunta, entonces, es qué tantos dientes tiene la fórmula y qué tan efectiva resultará para castigar a los parapolíticos. Aunque amplios sectores de opinión, que ven al Congreso como una de las instituciones más desprestigiadas, preferirían medidas más radicales, entre ellas la revocatoria, lo cierto es que la "silla vacía" soluciona problemas prácticos que se están presentando en la corporación, pues castiga al partido o movimiento al que pertenecen los parlamentarios condenados, que perdería las curules de las personas capturadas.
Con la "silla vacía" desaparecería el tristemente célebre carrusel, que permite que los parlamentarios presos sean reemplazados por otros de su misma lista que tuvieron votaciones irrisorias: hay senadores que llegaron al Congreso con apenas 3.800 votos. Al perder curules también pierden influencia política tanto en el Congreso como ante el Ejecutivo, que es quizás el bien más preciado de las organizaciones políticas porque les permite acceder a la torta burocrática y a jugosos contratos.
Pero, además, de ser aprobada, la "silla vacía" también evitaría un tema que hoy se maneja sotto voce en los pasillos del Congreso y en los centros de reclusión de los congresistas, donde muchos se quejan de la presión que estarían ejerciendo sobre los organismos investigadores personas que siguen en el orden de las listas y que tienen la vocación para llegar al Congreso. "No podemos tapar el sol con las manos y tenemos que reconocer que nuestros mayores enemigos están en nuestros propios partidos".
le dijo a CAMBIO un senador detenido. De ahí es que salen los testigos dispuestos a 'colaborar' con la justicia a cambio de hundirnos a nosotros".
Es evidente que opciones distintas a la reforma política, como la propia revocatoria del mandato, tienen mucha más aceptación popular, pero también es justo reconocer que son muchos los congresistas que han decidido darse la pela y sacar adelante la iniciativa como un primer paso para erradicar las prácticas corruptas de la política. La crisis es de tanta magnitud, que el mismo Congreso entiende que no se puede quedar con los brazos cruzados.
Aunque la reforma no es una panacea, podría aplicarse la filosofía de 'Pambelé' según la cual "es mejor ser rico que pobre". Es decir, que es mejor que haya reforma a que no la haya, pues sin reforma la imagen del Congreso quedaría por el piso y perdería influencia.
Por eso no es imposible que los padres de la patria, en un rapto de realismo y lucidez, se den un lapo que, sin duda, les va a doler pero que, a la larga, podría salvarlos y serviría para lavar su imagen bastante deteriorada hoy en día.
¿OTRA CONSTITUYENTE?
La bancada del Polo Democrático Alternativo no respalda la reforma política que establece la "silla vacía" como castigo a los partidos y movimientos con congresistas condenados por parapolítica. Sus dirigentes, encabezados por su presidente Carlos Gaviria, sostienen que ante la gravedad de los hechos lo mejor es convocar una Asamblea Constituyente, iniciativa que ha sido recibida con reservas por varios parlamentarios que consideran que la fórmula ya se aplicó en 1991 sin los resultados positivos que se esperaban.
En efecto, si bien es cierto que hubo una pequeña renovación parlamentaria -cerca del 15 por ciento-, no alcanzó para hacer las transformaciones estructurales que se requerían y, a la postre, volvieron los mismos con las mismas. Los vicios, que habían sido cuestionados en el pasado y que dieron origen a la Constituyente, reaparecieron con otros nombres, como sucedió con los llamados auxilios parlamentarios, que se administran como cupos dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Y en el caso de la prohibición a los parlamentarios para ejercer cargos en el Ejecutivo, sirvió para que sus familiares ocuparan altos cargos.
En todo caso, la Constituyente de 1991 demostró que el Congreso siguió teniendo los mismos vicios y hasta los incrementó. El escándalo del Proceso 8.000 es posterior a la Constituyente, lo mismo que el de la parapolítica. Ambos se dieron después de haber sido revocado el mandato de los parlamentarios.
ADIÓS A LA REVOCATORIA
Si hay una medida que haga feliz a la opinión pública con relación a la suerte del Congreso de la República es la de una posible revocatoria de su mandato, mediante el anticipo de nuevas elecciones.
Pero la iniciativa, que en un momento determinado llegó a ser considerada por algunos parlamentarios, cuenta hoy con muy poco respaldo, entre otras razones porque el tema no fue discutido en la primera vuelta del acto legislativo, lo que podría prestarse para que la Corte Constitucional la declare inexequible, en caso de ser incluida en la reforma que hace tránsito en el Congreso.
Además, la revocatoria tiene serios problemas políticos, pues no garantiza que los que lleguen al Congreso lo hagan sin el respaldo de grupos ilegales, como sucedió con los congresistas que hoy están en las cárceles del país. La revocatoria haría feliz a la galería pero su efectividad estaría por demostrarse. "Comer Congreso es una de las salidas más fáciles a la crisis -sostiene el representante Santiago Castro-. Pero nadie garantiza que sea la mejor".