(Página 2 de 2)
Meticuloso hasta la obsesión en el manejo de recursos, pregunta por todo y sobre todos los detalles. "Prefiero preguntar y no equivocarme -asegura-. Por lo que represento, la gente tiene el triple de expectativa sobre mi administración y no la puedo defraudar". De su círculo más cercano hacen parte cuatro mujeres: Silvia Pinto, su secretaria privada, sobrina del técnico de la Selección Colombia; Claudia García, compañera de sus tres candidaturas, es jefe de Protocolo, Mónica Leal, su jefe de prensa, y su hermana Carmen Alicia, asistente personal. "No la nombré yo, viene de administraciones anteriores -advierte-.
Si no, después titulan: 'Nepotismo en Gobernación de Santander'".
En Horacio Serpa no hay señales de aquel beligerante ministro que fue cancerbero y escudero del presidente Ernesto Samper en los difíciles tiempos del proceso 8.000. "Estoy contento porque me siento útil -dice con una sonrisa que le desacomoda su legendario bigote-. Me siento como pez en el agua como gobernante porque todos son asuntos que he manejado, aunque en la Gobernación son de menor escala". Y agrega con humor: "Yo sí fui profeta en mi tierra. Saqué 492.000 votos y hoy me reciben bien en todas partes, incluso mis contradictores".
Administrador de pobreza
En Pasto, a 1.200 kilómetros de Bucaramanga, Antonio Navarro se enfrenta a un potro difícil de domar. Nariño es un departamento de 64 municipios y 1,6 millones de habitantes, uno de los más pobres del país y con índices de pobreza superiores al 64% y más del 23% de la población en la indigencia, y donde el desempleo afecta a 150.000 personas. "En solo Pasto hay 25.000 desempleados y eso es mucho para una región que no tiene muchos proyectos productivos", dice Navarro. Y para un departamento con un presupuesto general de 135.000 millones de pesos y sólo 18.000 millones para inversión
El lunes 21 de enero, cuando lo visita CAMBIO, empieza su jornada a las 5:30 a.m. En las puertas de la Gobernación lo esperan por lo menos 50 personas. Es el primer día en el que va a atender al público en general, no importa el tema que quieran plantearle. Antes de empezar las audiencias, repasa los temas esenciales y deja en manos de su secretario de Gobierno, Guillermo García, la agenda del Consejo de Gabinete, atiende llamadas de emisoras locales y nacionales que quieren conocer su opinión sobre la liberación de siete personas secuestradas días antes por el Eln. Y es que la presencia de este grupo y de las Farc en el departamento, donde se disputan el control de los cultivos ilícitos con grupos paramilitares emergentes, es uno de los más graves problemas que debe enfrentar.
Como Serpa, también ha enfrentado tres campañas presidenciales y se ha destacado como congresista y en la Alcaldía de su ciudad natal, de donde salió con el 97% de popularidad y en donde se ha convertido en una especie de buzón de quejas, de "mono de la pila". Al final de la tarde, por su despacho han pasado cerca de 250 personas que le han pedido empleo, cupos en las escuelas, ayudas para vivienda...A todos los ha oído con atención, les ha recibido hoja de vida pero sin prometerles nada, ha apuntado en un block de hojas amarillas las peticiones. "Son muchas las necesidades para atender con un presupuesto tan precario", dice este hombre acostumbrado a grandes retos desde cuando decidió dejar las armas y lanzarse a la política y medirse en las urnas: un millón de votos para la Constituyente, 220.000 para el Senado en 2002, 450.000 para la Gobernación...
Ha impuesto en la Gobernación un ritmo de trabajo que parece copiado del presidente Uribe y admite que cuando se metió en la pelea por la Gobernación sabía que desde el cargo tendría que "administrar pobreza" pero que lo hizo porque quería servir a su tierra.
Serpa y Navarro si bien hoy no son protagonistas de la política nacional, quieren hacer la diferencia en lo regional. "En lo único que pienso es en hacer una buena Gobernación, nada más", dice Serpa. Como él, Navarro no tiene otra manera de vivir que la política y se resiste, como Serpa, a la jubilación. No creo que esté terminando aquí mi vida política, no voy para el retiro", asegura. Uno y otro sostienen que les queda mucha tela por cortar.