Prueba de fuego

El encuentro entre Uribe y Moncayo fue tenso. Foto: Reynel Ruiz / prensa Senado

EL PASADO JUEVES, el profesor Gustavo Moncayo logró su primer objetivo: culminar una caminata entre Sandoná, su pueblo natal, y la capital de la República. El segundo, la liberación de su hijo, el cabo Pablo Emilio Moncayo y los demás secuestrados en poder de las Farc, es más difícil de conseguir. Eso lo sabía y lo confirmó en su encuentro con el Presidente, quien insistió en la posición de siempre: no al despeje para un acuerdo. 

Moncayo fue despertando a lo largo de su marcha de más de 1.000 kilómetros una solidaridad sin precedentes y el apoyo de la gente que lo fue elevando a la categoría de héroe nacional por su enorme sacrificio en pro de una causa humanitaria. Durante los 46 días de su pacífica protesta repitió que su intención no era presionar a nadie, pero a medida que se acercaba a Bogotá su talante humilde fue cambiando, lo mismo que el tono de sus declaraciones. Quizá por el cansancio y la emoción de tanta solidaridad se le fueron las luces y en su encuentro del jueves con el Presidente, que tuvo el gesto de ir hasta la carpa que había montado en la Plaza de Bolívar, acabó señalando a Uribe de vengativo y hasta le pidió entregar su patrimonio a los pobres.

El Presidente conservó la calma y luego le puso el pecho a una multitud que lo abucheaba. Fue entonces cuando Moncayo recogió velas, se acercó al atril del Presidente y recuperó el cauce cuando dijo: ''Aquí no estamos diciendo abajo a nadie, vamos a hacer lo posible para que esto tenga un feliz término. Que viva la libertad y viva la paz...''.

Fenómenos sociales como el que produjo Moncayo mueven muchos intereses y no escapan a las presiones políticas. Y aunque su causa es por esencia política, debe mantener la cabeza fría para no  desviarse de su propósito inicial. Moncayo fue recibido como héroe en los 38 municipios que recorrió hasta Bogotá y millares de personas en Colombia y el mundo se han solidarizado con su causa. Si pierde de vista que los responsables del secuestro son las Farc, corre el riesgo de echar al traste la admiración y el respeto que ha logrado.

"El caminante de la paz", como ya es conocido, debe tener claro que un paso mal dado en un país polarizado en el que mientras la mitad lo apoya en el tema del acuerdo humanitario y la otra mitad comparte la tesis presidencial de cero despeje y rescate militar, puede convertirlo en idiota útil y hacerlo sucumbir a tentaciones políticas. 

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