La figura del presidente Uribe, la fotografía de Juan Manuel Santos y otra del fallecido senador de Antioquia Luis Guillermo Vélez, cuelgan de las paredes del salón de recibo de la sede del Partido de la U en el centro de Bogotá.
Su presencia allí armoniza el pálido color de las oficinas, pero sobre todo atestigua un homenaje a los fundadores del experimento político más exitoso de los últimos años en el país. En contraste con los partidos tradicionales que tienen más de cien años, La U con menos de cuatro, está hoy en el Gobierno y cuenta con las mayorías del parlamento.
Las tres imágenes que dan la bienvenida al visitante ejercen el papel de símbolos esenciales de la joven y poderosa colectividad. Uno es el inspirador, otro quién lo puso en marcha y el restante, el que jalonó a la clase política que lo conforma. Y adentro, en la silla de la presidencia, Luis Carlos Restrepo, un psiquiatra, escritor, ex militante del diálogo por la paz y ex comisionado que en un fin de semana se convirtió en político y hoy ostenta la máxima jefatura de este partido.
Ya quisiera cualquier político llegar a dirigir un partido de un día para otro, sin haber sido elegido antes en las urnas, ni haber gastado millones en una campaña, y sin haber fogueado su discurso ante sus opositores. Eso le pasó a Restrepo. Y se le ve cómodo en su papel: en su actitud no se asoman complejos y menos aun remordimientos. Se sabe seguido y criticado, pero no se le nota amainado ni asustado. Restrepo ha sacado las uñas que ya se le notaban en su cargo anterior, pero que se alargaron en plena efervescencia electoral.
La transformación de este hombre no tiene vuelta atrás y sus aspiraciones son de largo alcance en el tiempo. Algunos uribistas de primera línea se atreven a decir que algún día será candidato presidencial. Tiene tanto convencimiento de su papel, que sus antiguos colaboradores han notado que el nuevo Restrepo es como un pez que encontró el agua que necesitaba para nadar plácidamente; "será el mejor político del uribismo" sentencian.
Restrepo le aplica a todo un análisis psiquiátrico y por eso para asumir este nuevo escenario decidió no repetir conductas de su vida palaciega en la Presidencia.
El propio presidente de La U abre la puerta para recibir a los visitantes, y con voz condescendiente responde las llamadas que entran a sus teléfonos. Los números que antes eran reservados, como el de su casa, ahora los tienen todas las personas que se los solicitan. Ya no se le ve la actitud sigilosa de la reserva que le exigía su anterior cargo, ni siquiera conserva el esquema de seguridad anterior. El Restrepo de antes se quedó en la Casa de Nariño. "Cuando yo doy vuelta a la página, la doy del todo" comenta. La transformación de funcionario a político es tan profunda que hasta modificó algunos de sus hábitos alimenticios. El usual pollo asado que solía pedir a domicilio para sus almuerzos solitarios en la Presidencia no se volvió a ver.
Restrepo está en plan de conquista, es uno de esos políticos que no le niegan risa a nadie pese a que pocos de sus colegas profesionales y curtidos en la materia auguran que la dicha no le durará más que unos pocos meses.
Pero los días como jefe político los asume desprevenidamente. Son las 11 de la mañana de un viernes cualquiera. A su despacho llega una congresista de Bogotá, y también un ejecutivo que a todas luces quiere entrar en el juego de las elecciones en el Partido de la U. El discurso de recibimiento de Restrepo es contundente. "El partido tiene que ganar en Bogotá, ese es uno de los objetivos centrales de estas elecciones". Poco a poco de desenvuelve una charla en la que se mencionan nombres de políticos tradicionales de la capital, de concejales y sus problemas en la bancada, se hacen diagnósticos y se identifican problemas de la actividad proselitista y, al final, como siempre, se cuadran reuniones y se piden recursos. Los visitantes se van y Restrepo comenta que para él, la experiencia al frente del partido le ha comprobado que "La política es el arte de convertir intereses particulares en propósitos colectivos".
Con el cuero curtido
Y en eso está. Convirtiendo los intereses del presidente Uribe y su proyecto político en un interés general. Su objetivo es salvar el partido, organizarlo para su superviviencia, fortalecerlo para aumentar su mayoría, y sobre todo, echar a andar las jugadas políticas que tiene en mente el Presidente. Y lo ha ido cumpliendo con métodos poco ortodoxos. El manejo del referendo es el mejor ejemplo de su empeño.
Desde que asumió como presidente el 28 de marzo pasado, se lanzó sin titubeos a salvar la suerte del referendo reeleccionista. "La reelección es una realidad política que se debe convertir en una realidad jurídica", dijo, y con poco esfuerzo alineó a la bancada a aprobarlo en la Comisión Primera de Senado. Luego se encargó del tema de la depuración del censo electoral y de modificar la postura del Gobierno frente al referendo que busca la cadena perpetua a los violadores de niños (que podría votarse el mismo día del referendo para la reelección y ayudar a alcanzar el umbral), y se metió en la grande al recusar al presidente de la cámara Germán Varón en un intento de blindar cualquier riesgo para la iniciativa. Asunto que hasta ahora le ha salido mal, pero que demuestra que Restrepo tiene el pellejo ya curtido y no le asustan los acertijos.
En su misión debe llevar al partido a conformar una bancada de la 'excelencia' como se lo encomendó en las escalinatas de la Casa de Nariño el Presidente el día que lo despidió; no desfallecerá. Aún falta ver cómo lima sus asperezas internas y cómo armoniza su lugar con el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, que está retomando su lugar en el partido. Pero lo cierto es que será candidato al Senado y en las urnas se le medirá el aceite que los políticos sí respetan, el de los votos, y entonces podrá responderle a sus críticos con una afirmación que hoy repite sin que muchos le crean y que le sale con voz enérgica y con vena hinchada: "Yo sí soy político."
Por María A. Villamizar,
periodista.