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Aprender por las malas
El rosario de desastres naturales que padeció Colombia en las dos últimas décadas del siglo XX sirvió para que las autoridades aprendieran a adelantarse a las tragedias. Gracias a esa lección, el traslado de San Cayetano, Cundinamarca, a 88 kilómetros de Bogotá, fue el primero que tuvo un carácter preventivo.
En 1999, las fuertes lluvias aceleraron el deslizamiento del suelo del municipio. Varias viviendas colapsaron y una ancha grieta atravesó la iglesia y el parque principal. El 13 de mayo, la Gobernación ordenó una evacuación preventiva hacia un albergue temporal. Días después, la población elegiría democráticamente dónde sería el nuevo pueblo.
El lugar seleccionado fue una planicie localizada a 15 kilómetros y a 500 metros más de altitud, donde construyeron 130 viviendas que posteriormente fueron entregadas mediante trueque: los propietarios cedían su casa y recibían la nueva escriturada. La ubicación de cada familia fue determinada por sorteo, sin desconocer que quienes originalmente residían en inmediaciones de la plaza central recibirían una vivienda en un lugar equivalente.
El trasteo de 600 cayetenses al planificado, simétrico, espacioso y adoquinado pueblo nuevo finalizó en 2003. Sin embargo, las nostalgias siguen vigentes. "Extraño el viejo San Cayetano -suspira Lucila Achury, de 64 años-. El clima era caliente; en cambio aquí nos toca comprar sacos. Además el otro tenía más comercio porque estaba más cerca de las veredas; acá no hay nada que hacer".
Dice la socióloga María del Rosario Saavedra que la idealización de la tierra que quedó atrás es, de hecho, una constante en la historia de los reasentamientos.
La tierra prometida
Diversos grupos de estudio se han hecho a la tarea de aprender de las experiencias. Y, como expresa Carlos Alvarado, asesor en riesgos y ordenamiento territorial del Ministerio de Medio Ambiente, "ese conocimiento resulta aún más importante con el cambio climático, que aumentará el riesgo de catástrofes naturales y, por lo tanto, la necesidad de reubicar poblaciones".
Según la arquitecta Ximena García, coordinadora de la Mesa de Diálogos sobre Reasentamiento de Población -creada hace tres años por la Universidad de los Andes-, hoy es claro que las compensaciones económicas no bastan: "Es necesario pensar en la cultura y los aspectos psicosociales de la comunidad, comprometerse a mejorar sus condiciones y no solo preparar a quienes serán reasentados, sino también a quienes los recibirán".
Por supuesto, no existe una fórmula. Cada caso tiene sus propios requerimientos, y así como hay comunidades heterogéneas que no lamentan disgregarse, también hay poblaciones que deben mudarse unidas porque comparten una identidad.
Propiciar la ruptura de la comunidad fue el gran error cometido por Cerrejón en el caso de Tabaco. Justamente por eso, los reasentamientos de los corregimientos afrocolombianos de Roche, Patilla y Chancleta que se llevarán a cabo el próximo año en La Guajira procurarán mantener juntos a sus habitantes. La carbonera se ha comprometido además a promover el paso del bahareque al ladrillo y a acompañar los procesos incluso después de la mudanza.
Pero no todos están conformes. Los negociadores sostienen que los adultos suelen rechazar el cambio porque temen abandonar una condición que, pese a lo precaria, es cómoda. Sentada en el solar de su casa en el remoto Roche, Gidila Fuentes, de 52 años, confiesa: "En esta enramada vivo bien, nadie me molesta, nadie me dice nada. En cambio allá, en el nuevo sitio, a uno lo pueden matar para quitarle lo que tiene... Pero qué se va hacer".
No obstante, las generaciones más recientes lucen mejor preparadas para el trasteo. A cinco kilómetros, en el corregimiento de Patilla, 25 niños y jóvenes hacen un periódico mural para reconstruir la memoria de su pueblo. El propósito es que conserven el sentido de pertenencia cuando estén viviendo en la tierra prometida. "Esto duele -concluye Diana Silva Carrillo, de 19 años, mientras pinta un colorido mural alusivo al reasentamiento de su pueblo-. Perderemos tranquilidad, pero es una oportunidad para ver nuevas cosas. Nos merecemos un futuro mejor".