Réquiem por un sueño

Estos niños duran en promedio nueve años en los hogares de protección. Foto: Andrea Moreno / Cambio

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"ME ABANDONARON cuando era niña y en menos de un año, cuando sea mayor de edad, me volverán a dejar, tendré que irme de aquí", dice Julia, de 17 años, y quien desde hace siete vive en uno de los hogares de protección de una de las ocho  instituciones que, con la autorización del Instituto de Bienestar Familiar, ICBF, realizan procesos de adopcion en Colombia.

Cuenta que llora mucho, pero que lo hace a escondidas para que no se den cuenta de su sufrimiento. "Siempre quise una familia que me quisiera, que me apoyara, pero ya perdí las esperanzas, y a pesar de que aquí me han apoyado muchísimo, hoy me siento sola, muy sola...", dice Julia.

Camilo, de 13 años, y quien lleva seis en un centro de protección, se pregunta una y otra vez: "¿Por qué una familia no me adopta? ¿Qué tengo de malo? ¿A quién le he hecho daño?". Se hace estas preguntas con sobradas razones: hace cuatro años, una familia extranjera adoptó a su hermano; hace dos, su hermana también fue adoptada y el año pasado su mejor amigo encontró un hogar.  Pero él, el mayor, sigue ahí, esperando a que alguien, algún día, quiera darle una  familia. "No pierdo las esperanzas -dice-.

Sé que pronto tendré un papá que me contará cuentos antes de dormir, como pasa en las películas".

Cada noche, antes de acostarse, Juan Carlos, de 14 años, se encomienda a Dios y le pide en silencio que algún día no muy lejano alguna persona abra su corazón y decida adoptarlo. "Aunque es muy difícil que eso pase porque tengo 14 años, no pierdo los ánimos -asegura-. Por eso en cada oración pido siempre una familia".

Ángela, de 13 años, abriga la misma ilusión y por eso todas las mañanas se levanta temprano, mira al cielo y pide con toda su alma que se vuelva realidad su sueño. "Sé que es difícil encontrar un papá o una mamá que me llamen hija -señala-. Pero una vez alguien me dijo que había que desear con mucha fuerza lo que uno quería para que se cumpla, y eso es lo que hago todos los días". Angie Carolina, de 9 años y a quien le gusta pintar y cantar música romántica, dice: "Mi sueño es poder compartir con una familia todo el amor que tengo y que ellos hagan lo mismo conmigo".

Ellos forman parte del grupo de 7.500 niños mayores de ocho años que viven en centros de protección oficial y que nadie ha querido adoptar. El ICBF los llama niños de difícil adopción. De ellos, el 46% corresponde a grupos de hermanos y el 54% tiene algún problema físico o mental. Son niños que, en promedio, duran nueve años en esos hogares sin que nadie se interese por su suerte.  "Hace año y medio teníamos 4.000 y por eso parece que el número hubiera aumentado, pero es que no se llevaba un control de los menores de difícil adopción -dice Elvira Forero, directora del ICBF-. Hemos avanzado en el tema y hoy sabemos cuántos hay y dónde están".

Es casi un milagro que una familia pida en adopción a uno de estos 7.500 menores que sueñan con un hogar. "Es difícil que ellos tengan ya un entorno familiar pero de todas formas nosotros no bajamos la guardia porque sabemos lo importante que es para un ser humano tener una familia", agrega Forero. Mientras tanto, 3.000 familias extranjeras y 300 colombianas esperan meses y hasta años para que, después de un riguroso proceso de selección, les den en adopción un bebé o un pequeño que no haya pasado la barrera de los ocho años.

Prejuicios

Según la experiencia de los centros de protección, las principales razones por las cuales los niños mayores de ocho años no son "atractivos" se derivan de creencias sin fundamento: que tienen dificultades para adaptarse, que presentan desórdenes psicológicos, que tienen mañas y están dañados por la vida, y que es difícil vivir con ellos.

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